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				<journal-title>Hispania. Revista Espa&#xf1;ola de Historia</journal-title>
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					<subject>Rese&#xf1;as</subject>
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						<surname>Rodr&#xed;guez-Flores Parra</surname>
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		<p>Lo primero que uno observa antes de abrir un libro es sin duda el t&#xed;tulo. Y empieza bien. Todo se encierra en dos palabras: &#x201c;Vertebrar&#x201d; y &#x201c;Espa&#xf1;a&#x201d;. Construir un modelo de convivencia despu&#xe9;s de cuatro d&#xe9;cadas de dictadura, con lo que conlleva de consolidaci&#xf3;n previa de numerosos valores de estatismo, pasividad y cr&#xed;tica antidemocr&#xe1;tica no fue tarea f&#xe1;cil. Porque toda propuesta conlleva su grado de incertidumbre. Todo cambio nos dirige hacia un futuro incierto que nadie puede asegurar. Pero as&#xed; era aquella sociedad espa&#xf1;ola de los setenta en donde la inmensa mayor&#xed;a consideraba que el cambio hacia la democracia era necesario. Otra cosa era hacia qu&#xe9; tipo de democracia.</p>
		<p>Y una de las piezas angulares de una futura convivencia era sin duda el modelo territorial de Estado. M&#xe1;s all&#xe1; del permanente dilema para la oposici&#xf3;n a la dictadura sobre si la nueva democracia deber&#xed;a basarse en un edificio republicano o en una estructura mon&#xe1;rquica, lo cierto es que el tema territorial era clave. Clave porque buena parte de las presiones en contra de la dictadura se establec&#xed;an desde par&#xe1;metros identitarios n&#xed;tidos que hund&#xed;an sus ra&#xed;ces en los a&#xf1;os de la II Rep&#xfa;blica si no desde antes. Hallar una salida, una resoluci&#xf3;n de cu&#xe1;l ser&#xed;a el futuro de esta situaci&#xf3;n de previsto conflicto fue complicado, un camino no exento de claros y oscuros. En su mayor parte estos fueron solventados en aras de una gobernanza equilibrada orient&#xe1;ndose hacia un practicismo de Estado, m&#xe1;s que sobre los discursos y relatos de la lucha contra la dictadura. Los protagonistas en este terreno no solo fueron interiores, sino tambi&#xe9;n, y en gran medida, fuertes presiones externas para conducir este proceso hacia la democracia en uno de los grandes pa&#xed;ses de la Comunidad Europea. Era una pieza clave en la geoestrategia militar mundial, en un contexto econ&#xf3;mico, social y pol&#xed;tico complicado.</p>
		<p>Hay que acordarse de que el punto de partida enfocaba a una sociedad educada bajo el lema de &#x201c;Una, grande y libre&#x201d;. Fuera de las dos &#xfa;ltimas palabras, la primera era &#x201c;Una&#x201d;. La p&#xe9;rdida de una considerada unidad de Espa&#xf1;a se consideraba por buena parte de la sociedad y medios de comunicaci&#xf3;n como anatema, y suficiente motivo de rebeli&#xf3;n para todo el conservadurismo espa&#xf1;ol. Pero tambi&#xe9;n se opon&#xed;an a ello buena parte del progresismo, ya que en esta materia la transversalidad es norma y no excepci&#xf3;n.</p>
		<p>Rodr&#xed;guez-Flores intenta ir m&#xe1;s all&#xe1; de los lugares cl&#xe1;sicos y manidos en las constantes explicaciones sobre el tema, e insiste en aquellos otros territorios y realidades que nos aportan los perfiles necesarios para completar de manera adecuada el cuadro global como el gallego, el andaluz o el valenciano. Todos ellos fuera del debate m&#xe1;s frecuente sobre este tema, pero igualmente importantes para definir cu&#xe1;les fueron los l&#xed;mites de esta &#x201c;vertebraci&#xf3;n&#x201d; territorial.</p>
		<p>El camino que se relata es enorme: desde Suresnes a la LOAPA. Solo ocho a&#xf1;os. Incluso dir&#xed;amos que cinco si descontamos ese tr&#xe1;nsito entre 1974 y 1977. Lo cierto es que Suresnes en 1977 quedaba muy, muy lejos. Ese derecho de autodeterminaci&#xf3;n pregonado en los primeros momentos de la llegada al poder del partido de Felipe Gonz&#xe1;lez ven&#xed;a a cubrir y recoger espacios que hab&#xed;an sido captados tanto por buena parte de las organizaciones socialdem&#xf3;cratas como de los sectores comunistas. El &#x201c;problema de las nacionalidades&#x201d; era un elemento clave que provocaba fisuras dentro de la unidad contra la dictadura, aunque nunca hubo mayor acuerdo en este aspecto como en estos primeros a&#xf1;os. Incluso dentro del propio socialismo, ya que ese dibujo de &#x201c;dos almas&#x201d; del socialismo sancionado por Santos Juli&#xe1; en sus escritos estuvieron siempre presentes respecto a este tema. Sin embargo, en estos primeros debates sobre la posici&#xf3;n &#x201c;federal&#x201d;, la realidad es que no hab&#xed;a grandes corrientes formadas. Se recog&#xed;an &#xed;tems de otras formaciones para integrarse dentro del debate, pero en estos primeros a&#xf1;os la preocupaci&#xf3;n m&#xe1;xima del PSOE de Felipe era rearmarse internamente ante la pluralidad de opciones socialdem&#xf3;cratas. Y eso que en algunas de ellas el planteamiento nacional ten&#xed;a un notable peso, precisamente en aquellos territorios con planteamientos identitarios m&#xe1;s expresos como Catalu&#xf1;a, Galicia o Andaluc&#xed;a.</p>
		<p>La elaboraci&#xf3;n de un mapa auton&#xf3;mico de desigual desarrollo posterior se observ&#xf3; como la soluci&#xf3;n a medio camino que permit&#xed;a integrar a un mayor n&#xfa;mero de grupos. Se observaban las necesidades de mantener la legalidad aprobada durante los a&#xf1;os republicanos con la concesi&#xf3;n de singulares reg&#xed;menes auton&#xf3;micos para Catalu&#xf1;a, Euskadi y Galicia, la &#x201c;v&#xed;a hist&#xf3;rica&#x201d; fue llamada, para no romper las l&#xed;neas de continuidad con la anterior democracia. Pero en enero de 1977 en las reuniones que se manten&#xed;an con Su&#xe1;rez se consideraba imprescindible una descentralizaci&#xf3;n del Estado, pero sin especificar si de car&#xe1;cter &#x201c;plurinacional&#x201d; o &#x201c;plurirregional&#x201d;. Felipe Gonz&#xe1;lez en el XXVII Congreso de diciembre de 1976 se permit&#xed;a jugar dial&#xe9;cticamente para eludir la definici&#xf3;n expresa de la apuesta por el &#x201c;federalismo&#x201d;.</p>
		<p>Es a partir de 1978, cuando las opciones de reunir a todas las opciones socialdem&#xf3;cratas bajo el mismo paraguas organizativo &#x2014;el inicial PSOE (renovado) reconvertido en el PSOE&#x2014; se da el salto de construir las propuestas socialistas en esta materia. Y en este tema se busc&#xf3; una opci&#xf3;n moderada en el posterior desarrollo de un mapa auton&#xf3;mico, de distintas intensidades, pero que podr&#xed;a integrar la mayor cantidad de apoyos pol&#xed;ticos. Tiempo m&#xe1;s tarde, el propio Sol&#xe9; Tur&#xe1; indicaba que los debates establecidos entre autodeterminaci&#xf3;n, estado federal y auton&#xf3;mico, depend&#xed;an siempre del contexto pol&#xed;tico, de las fuerzas del momento y de las voluntades dispuestas. Y eso fue lo que se atendi&#xf3;. El practicismo gan&#xf3; terreno de manera notable dentro de las opciones operativas socialistas, ya que era una organizaci&#xf3;n pol&#xed;tica a esas alturas con opciones claras de gobierno. Adem&#xe1;s, deber&#xed;a hacerlo tras varias d&#xe9;cadas en los que la sociedad espa&#xf1;ola ni se pod&#xed;a imaginar los cambios en poco tiempo. La realidad era esa. El relato orientaba, encauzaba sin duda, pero la necesidad de una adecuada lectura de la sociedad espa&#xf1;ola era absolutamente necesaria para no hacer fracasar un proyecto de consolidaci&#xf3;n democr&#xe1;tica que demandaba, a la luz de las experiencias hist&#xf3;ricas anteriores estabilidad, y no ser flor de un d&#xed;a.</p>
		<p>Las intervenciones parlamentarias de Gregorio Peces-Barba en esta tem&#xe1;tica eran bien explicativas de la necesidad de orientarse en este camino: &#x201c;Nosotros tambi&#xe9;n estamos por el Estado federal. Lo que ocurre es que entendemos que esta Constituci&#xf3;n no es una Constituci&#xf3;n federal&#x201d; (sesi&#xf3;n del 14 de junio de 1978). Una ret&#xf3;rica sobre el tema que lo que hac&#xed;a era se&#xf1;alar la dificultad de su tratamiento, y por lo tanto obviarlo, colocarlo en un segundo plano cimentando opciones m&#xe1;s f&#xe1;ciles con el objetivo de cimentar progresivamente la democracia. En los apartados vinculados a este tema en la Constituci&#xf3;n se busc&#xf3; un equilibrio entre los m&#xed;nimos de los partidos nacionalistas y los m&#xe1;ximos de los partidos de implantaci&#xf3;n estatal.</p>
		<p>Adem&#xe1;s, de manera interna, y como se percibi&#xf3; en el programa socialista de las elecciones de 1979, la unidad nacional se daba por descontada, y poco se pretend&#xed;a entrar en la cuesti&#xf3;n territorial a futuro. Se dejaba a un lado, y solo se insist&#xed;a en la cuesti&#xf3;n de las autonom&#xed;as casi como posible soluci&#xf3;n a un problema concreto: el terrorismo en Euskadi. Felipe Gonz&#xe1;lez en una conferencia en el Club Siglo XXI en febrero de 1979 pon&#xed;a el horizonte para una estructura &#x201c;federal o federativa&#x201d; del Estado en el a&#xf1;o&#x2026; &#xa1;2000!</p>
		<p>De todas maneras, lleg&#xf3; un momento que no era ya la cuesti&#xf3;n de captar la mayor cantidad de voto posible, sino que la postura identitaria pod&#xed;a llegar a restar, como bien se indica en la obra con el caso palmario de Andaluc&#xed;a en donde un 40% de los votantes del PSA se planteaban votar al PSOE, pero al final no se habr&#xed;a hecho. Semejante planteamiento pasaba en Euskadi, en el que el PSOE se convirti&#xf3; en algo as&#xed; como un partido &#x201c;ap&#xe1;trida&#x201d;, como indica Rodr&#xed;guez-Fl&#xf3;rez. Convertirse en los protagonistas de la construcci&#xf3;n del proceso auton&#xf3;mico, eso s&#xed;, benefici&#xf3; posteriormente a los socialistas en el voto andaluz, pero, sin embargo, manten&#xed;a relatos bien diferenciados en otras zonas como en la estudiada Valencia.</p>
		<p>Pero resulta curioso como en estos primeros a&#xf1;os en que el PSOE decide tomar el toro por los cuernos, los documentos de trabajo y las intenciones de arreglar la cuesti&#xf3;n territorial se enfocan especialmente para cuatro comunidades: Catalu&#xf1;a y Euskadi &#x2014;previsibles&#x2014;, Andaluc&#xed;a y Canarias. Galicia, Pa&#xed;s Valenciano e Islas Baleares quedaban hasta cierto punto en un segundo espacio de prioridad en las demandas territoriales. En el caso gallego en particular esto puede ser debido a dos circunstancias concretas: las presiones por parte de la Comunidad Europea para dejar de diversificar las competencias territoriales de cada una de las zonas en aras a una posible &#x2014;y muy factible&#x2014; futura negociaci&#xf3;n de entrada, y, por otro lado, por las diferencias establecidas con una nueva direcci&#xf3;n del PSOE en Galicia, procedente de la fallida inserci&#xf3;n en bloque del PSG, de contenido m&#xe1;s nacionalista. La nueva c&#xfa;pula obtenida en Galicia provocaba disputas con la direcci&#xf3;n central de la organizaci&#xf3;n en Madrid sobre las pretensiones centrales de ralentizar este proceso auton&#xf3;mico precisamente en el caso gallego. La presi&#xf3;n en este sentido se realiz&#xf3; incluso con una parte muy importante de la UCD gallega, y que a su vez provoc&#xf3; al cabo del tiempo la ruptura interna de esta &#xfa;ltima formaci&#xf3;n pol&#xed;tica en Galicia.</p>
		<p>Y es que la autora define bien el final del camino cuando escribe en la p&#xe1;gina 128 que &#x201c;en realidad, el Partido Socialista no era una federaci&#xf3;n de partidos, sino un Partido con federaciones y tan solo un Partido federado, el PSC-PSOE&#x201d;. Esta distribuci&#xf3;n del mapa provoc&#xf3; que la estructuraci&#xf3;n del Estado tuviera tambi&#xe9;n notables diferencias de car&#xe1;cter simb&#xf3;lico, pero no solo, ya que se concretizaron en competencias o singularidades de car&#xe1;cter fiscal. En estos &#xfa;ltimos aspectos la gradaci&#xf3;n era bien clara entre ese primer nivel para Euskadi, un segundo nivel para Catalu&#xf1;a, y as&#xed; progresivamente&#x2026; En reuniones posteriores de alguna de estas ejecutivas se indicaba que &#x201c;el PSOE reconoce que el proceso auton&#xf3;mico es el m&#xe1;s grave, delicado y necesario de resolver&#x201d; (p&#xe1;g. 181).</p>
		<p>Y es que realmente se defini&#xf3; Espa&#xf1;a en este &#xe1;mbito como se entend&#xed;a desde dentro del partido: diversa y desigual, en escalas muy distintas de aceptaci&#xf3;n social de sus identidades. Y seg&#xfa;n la autora, tomando como referencia central de equilibrio algo que le era bien conocido a la c&#xfa;pula dirigente: el marco andaluz, en donde se conciliaban los procesos identitarios con elementos b&#xe1;sicos de la lucha de clases. Y a medida que se reafirmaba en su apoyo el PSOE al proceso auton&#xf3;mico andaluz, se reorientaba en el resto de los territorios. Ya en la moci&#xf3;n de censura contra el gobierno de UCD de mayo de 1980, la cuesti&#xf3;n auton&#xf3;mica se hab&#xed;a convertido en un tema obligado ya, y la salida del PSOE fue extender el relato de que Su&#xe1;rez no hab&#xed;a dado respuesta a las aspiraciones andaluzas y gallegas.</p>
		<p>Tras la aprobaci&#xf3;n de la Constituci&#xf3;n de 1978, el problema &#x201c;nacional&#x201d; deriv&#xf3; en el problema &#x201c;auton&#xf3;mico&#x201d;. Tras estos primeros a&#xf1;os se hab&#xed;a conseguido que las ideas de autodeterminaci&#xf3;n quedaran lejos, y que el relato federal se convirtiera en un s&#xed;mbolo, en un referente sin fecha de concreci&#xf3;n. Los Acuerdos Auton&#xf3;micos de UCD y PSOE de julio de 1981 se mantuvieron condicionados sin duda por la tentativa de golpe de estado del 23 de febrero anterior, pero como hemos visto, el camino se encontraba marcado en el PSOE desde mucho tiempo antes. La monograf&#xed;a de Rodr&#xed;guez-Flores resulta una de las obras importantes en nuestra historiograf&#xed;a para entender el juego de demandas, resoluciones y dificultades para encontrar una v&#xed;a de salida que convenciera a la mayor parte de los sectores enfrentados. El desarrollo posterior ser&#xe1; otra cuesti&#xf3;n, ya que m&#xe1;s de cuatro d&#xe9;cadas despu&#xe9;s de la fecha final de este estudio, la situaci&#xf3;n ha cambiado. Porque el contexto al que alud&#xed;an los dirigentes socialistas ha sido lo que ha cambiado alrededor de lo creado en aquellos a&#xf1;os.</p>
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