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        <article-title><styled-content style-type="transform">LEMUS L&#211;PEZ, Encarnaci&#243;n, <italic>Ellas. Las estudiantes de la Residencia de Se&#241;oritas, </italic>Madrid, C&#225;tedra, 2022, 516 p&#225;gs., ISBN: 9788437645179. </styled-content></article-title>
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    <p>Cuando se habla de la Generaci&#243;n del 98, la del 27 o la Edad de Plata de las Letras Espa&#241;olas, a menudo la identificamos con una cohorte de intelectuales y artistas surgidos entre la crisis finisecular y la de entreguerras, un periodo dif&#237;cil y de aceleraci&#243;n del cambio hist&#243;rico, pero que en nuestro pa&#237;s result&#243; especialmente fruct&#237;fero. La cultura se inspir&#243; en esos tiempos turbulentos para legarnos algunas de las obras fundamentales de nuestra literatura, la pintura o la ciencia. Sin embargo, hasta hace poco tiempo atribu&#237;amos esos logros a hombres formados en ciudades universitarias y centros pioneros en el librepensamiento y la atracci&#243;n de talento, como la Instituci&#243;n Libre de Ense&#241;anza, la Residencia de Estudiantes en Madrid o la de R&#237;os Rosas en Barcelona.</p>
    <p>El trabajo de la profesora Encarna Lemus se suma ahora a una corriente de investigaci&#243;n sobre ese mundo institucionista que pone a las mujeres en el epicentro. Nos referimos a estudios como los de Raquel V&#225;zquez Ramil, Isabel P&#233;rez-Villanueva, Carmen Magall&#243;n, Josefina Cuesta, o Consuelo Flecha. La labor de profundizaci&#243;n que aqu&#237; se lleva a cabo es tan importante que nos permite adentrarnos en las semblanzas personales de las primeras profesionales con t&#237;tulo acad&#233;mico de nuestro pa&#237;s, desde el reconocimiento del derecho a la ense&#241;anza superior femenina en 1910. Un grupo cada vez m&#225;s numeroso de muchachas llegadas desde todos los puntos de Espa&#241;a hasta la capital para seguir form&#225;ndose en el Magisterio, salida laboral m&#225;s &#171;aceptable&#187; para el orden de g&#233;nero imperante, o que, a partir de esa base &#171;normalista&#187;, decidieron estudiar oposiciones, una carrera universitaria <italic>a priori </italic>m&#225;s ambiciosa, y hasta un tercer ciclo de doctorado.</p>
    <p>Para realizar ese seguimiento de dos generaciones de mujeres comprendidas entre 1915 y 1940, aproximadamente, Lemus escribe en primera persona y parte de un acervo documental exquisito y hasta ahora poco explorado, como es la correspondencia de esas estudiantes y sus familiares con la directora del colegio mayor conocido como &#171;Residencia de Se&#241;oritas&#187;, Mar&#237;a de Maeztu Whitney. Cartas diseccionadas con pulcritud para descubrir en ellas los or&#237;genes y redes sociales de estas mujeres, las problem&#225;ticas de aquella coyuntura de los a&#241;os veinte y treinta, las culturas pol&#237;ticas, las oportunidades labores de cada sexo, o la ideolog&#237;a y normas sociales que les acompa&#241;aban. Un fondo epistolar de enorme inter&#233;s trufado con otras noticias extra&#237;das de la prensa hist&#243;rica y las revistas ilustradas del momento, as&#237; como la <italic>Gazeta de Madrid, </italic>donde consulta las convocatorias de empleos y designaciones de plazas ocupadas por unas muchachas extraordinarias para la &#233;poca. La depuraci&#243;n profesional tras la guerra acota los expedientes personales de quienes no pudieron salir al exilio para eludir la justicia militar franquista, la Ley de Responsabilidades Pol&#237;ticas o alg&#250;n caso perseguido por la Ley de Represi&#243;n del Comunismo y la Masoner&#237;a.</p>
    <p>Con estos mimbres, el libro se estructura en seis cap&#237;tulos, m&#225;s la introducci&#243;n y unas conclusiones tituladas &#171;Las Modernas de Provincias&#187;, que hacen alusi&#243;n al origen de muchas de las estudiantes y a su proyecci&#243;n social. Se a&#241;ade una bibliograf&#237;a especializada, con numerosos t&#237;tulos de tesis y revistas pedag&#243;gicas, y un &#237;ndice onom&#225;stico muy &#250;til para rescatar a los distintos personajes que van desfilando por sus p&#225;ginas. Quiz&#225;s podamos echar en falta algunos t&#237;tulos m&#225;s o menos esenciales de la historia de las relaciones de g&#233;nero en esa &#233;poca (Shirley Mangini, <italic>Las Modernas de Madrid: las grandes intelectuales espa&#241;olas de la vanguardia. </italic>Barcelona, Pen&#237;nsula, 2001; o Miren Llona, <italic>Entre se&#241;orita y gar&#231;onne: historia oral de las mujeres bilba&#237;nas de clase media, 1919-1939, </italic>M&#225;laga, Atenea, 2002), quiz&#225;s podr&#237;amos agradecer menos extensi&#243;n en algunos cap&#237;tulos, pero en conjunto la obra se presta a una lectura sosegada que resulta especialmente placentera si se aborda &#171;a sorbitos&#187;, solaz&#225;ndonos en el car&#225;cter amable de las cartas, como si fu&#233;ramos una de esas estudiantes que se recrean en el jard&#237;n de la casa y que aparecen en la imagen de la cubierta.</p>
    <p>Sorprende que no se dedique ning&#250;n cap&#237;tulo espec&#237;fico a Mar&#237;a de Maeztu, estando omnipresente en todos ellos. Un nombre de primer nivel en la cultura espa&#241;ola y la historia del feminismo del primer tercio del siglo XX y que resulta clave para entender la trascendencia de dicha instituci&#243;n y su enorme impacto en las vidas de las estudiantes. Las cartas nos muestran la personalidad austera, aunque atenta, de la directora y una enorme capacidad de trabajo para atender hasta los aspectos m&#225;s nimios y cotidianos de la Residencia. Y es que Maeztu no solo lider&#243; la Federaci&#243;n Espa&#241;ola de Mujeres Universitarias, el Lyceum Club o la Asociaci&#243;n Nacional de Mujeres Espa&#241;olas, exponentes del asociacionismo burgu&#233;s de las &#171;sin sombrero&#187;, sino que destac&#243; por su cosmopolitismo, independencia y profesionalidad, que volc&#243; en la que consider&#243; como su mayor obra, la Residencia de Se&#241;oritas. En ella, no solo empe&#241;&#243; su tiempo y capital relacional para convertirlo en un centro de referencia de la cultura del momento, por el que pasaron pol&#237;ticos e intelectuales nacionales e internacionales, sino que hizo de la &#171;Resi&#187; un hogar comandado con mano firme y amable, a la vez. Un espacio de trabajo perfectamente orquestado, en el que sus habitantes encontraron todo lo necesario para desarrollar su talento en un ambiente &#243;ptimo para el estudio y el afianzamiento de las relaciones sociales. Un &#171;para&#237;so perdido&#187; que las protagonistas recuerdan en sus cartas con la a&#241;oranza de la juventud, las
      amistades, los consejos y oportunidades que forjaron su personalidad como mujeres adultas en un entorno absolutamente excepcional para la Espa&#241;a de aquel momento.</p>
    <p>El primer cap&#237;tulo del libro est&#225; dedicado a &#171;Padres e hijas&#187;, es decir, al tipo de familias y relaciones parentales que, con altura de miras y generosidad, permitieron que estas j&#243;venes dejaran la protecci&#243;n del hogar para iniciar una aventura entre libros muy lejos de la patria chica. Para ello hubieron de transgredir muchos convencionalismos sociales que abocaban a estas j&#243;venes, m&#225;s o menos casaderas, a cultivarse en las tareas destinadas a las futuras madres y esposas. No se trataba solo de estudiar una carrera con la que poder ser aut&#243;nomas y saciar una vocaci&#243;n personal, sino de aceptar un destino laboral que podr&#237;a abocarlas a la itinerancia o la residencia en lugares remotos de la geograf&#237;a espa&#241;ola, europea o norteamericana&#8230; con una Guerra Mundial de por medio, o como en el caso de la maestra en Larache, Luisa Mellado, la guerra de Marruecos. Fueron los padres, sobre todo, quienes se interesaron por las posibilidades que la Residencia de Se&#241;oritas brindaba a sus hijas, un centro que con su seriedad y prestigio evitar&#237;a la maledicencia sobre la &#171;falta de control&#187; de las muchachas. Ellos apelaban al &#171;maternalismo&#187; de Maeztu, igual que sus esposas y otras madres viudas que hubieron de hacer muchas cuentas para comprobar que pod&#237;an correr con los gastos durante varios a&#241;os.</p>
    <p>Todos esos detalles se repet&#237;an en las cartas y se abordan tambi&#233;n en el cap&#237;tulo dos, &#171;El dinero importa&#187;, donde se traza el perfil de las estudiantes, provenientes de familias m&#225;s o menos acomodadas y dedicadas a profesiones liberales, la administraci&#243;n, el ej&#233;rcito, o el comercio. Las que no dispon&#237;an de suficiente cr&#233;dito para garantizar su estancia contaron con distintas modalidades de becas, inspiradas en el &#171;residencialismo&#187; anglosaj&#243;n que Maeztu conoci&#243; de primera mano en su gira estadounidense con el secretario de la Junta para Ampliaci&#243;n de Estudios, Jos&#233; Castillejo. El modo de implicar a las hu&#233;spedes en la financiaci&#243;n no fue otro que colaborar como docentes en las distintas clases que se impart&#237;an en la Residencia, las escuelas de p&#225;rvulos o el Instituto Escuela, as&#237; como en el mantenimiento de &#171;la casa&#187; o la gesti&#243;n del laboratorio y la biblioteca. Estos &#250;ltimos eran, sin duda, dos de los tesoros de la instituci&#243;n, a cuyo cargo la directora siempre procur&#243; destinar a las alumnas necesitadas de ayuda, pero tambi&#233;n a las mejor preparadas. En cualquier caso, Lemus no peca de optimismo y reconoce que la mayor&#237;a de las j&#243;venes espa&#241;olas en edad de estudiar no pudieron acceder a una formaci&#243;n media o superior, ni mucho menos disfrutar de las oportunidades que ofrec&#237;a la Residencia de Se&#241;oritas, entre las calles Miguel &#193;ngel y Fortuny de Madrid.</p>
    <p>El tercer cap&#237;tulo nos revela c&#243;mo, en no pocas ocasiones, no fueron los medios materiales o econ&#243;micos los que frenaron la carrera acad&#233;mica y el &#171;ascensor social&#187; de estas se&#241;oritas, sino el acecho de una enfermedad o de la terrible epidemia de gripe de 1918, cuyas consecuencias fueron devastadoras. Para muchas supuso un freno a los estudios que tuvieron que cursar por libre desde sus lugares de origen, o que abandonar definitivamente. En otros casos fue la p&#233;rdida de los progenitores o hermanos la que result&#243; tan dolorosa como para torcer un futuro prometedor, y obligar a estas j&#243;venes a ocupar el puesto de madre o cabeza de familia para atender las necesidades de su casa, un negocio y/o los hermanos menores. En cualquier caso, la luminosa correspondencia de la Residencia de Se&#241;oritas tambi&#233;n revela dolor, problemas mundanos e inquietudes, que la autora del libro maneja con mucho tacto y compara con la situaci&#243;n vivida no hace tanto por la pandemia de Covid-19.</p>
    <p>El cuarto estadio es el de las &#171;Amistades e Influencias&#187;, un &#225;mbito menos estudiado, pero de enorme inter&#233;s para conocer los l&#237;mites de la progresi&#243;n personal del talento, frente a los entresijos de las recomendaciones sociales. Queda as&#237; perfectamente encajado en un contexto hist&#243;rico como el de la Restauraci&#243;n y la Dictadura de Primo de Rivera, donde el caciquismo campaba a sus anchas tanto en el medio rural como en la capital burocr&#225;tica del Estado. Era ah&#237; donde Mar&#237;a de Maeztu jugaba una baza fundamental, ya que no solo pertenec&#237;a a numeros&#237;simas instancias culturales y acad&#233;micas, sino que ten&#237;a a&#250;n m&#225;s contactos en ellas gracias, entre otros factores, a su ascendiente como miembro de la Asamblea Nacional de un Directorio paternalista con las mujeres y con quien comulg&#243; ideol&#243;gicamente, as&#237; como el de su hermano, Ramiro de Maeztu. Se entienden, por tanto, las m&#250;ltiples solicitudes de ayuda por parte de los padres y las propias interesadas para encontrar plazas y trabajos, as&#237; como para obtener un reconocimiento preferente en las oposiciones. Fueron muchas tambi&#233;n las sagas familiares que necesitaban colocar a uno de los v&#225;stagos en Madrid y que reservaron plaza en la Residencia de Se&#241;oritas para sus negociaciones, pudiendo conocer de primera mano algunos de estos casos abordados por Lemus con mayor detenimiento.</p>
    <p>Se complementa esta observaci&#243;n con el t&#237;tulo del quinto cap&#237;tulo, &#171;Ser, tener y parecer. Las caras del &#233;xito&#187;. En &#233;l se detiene a analizar los ingredientes necesarios para componer una carrera, ya no prometedora, sino real. En ellos se mezclaban las aptitudes personales para el trabajo, con los medios econ&#243;micos a los que ya se ha hecho referencia, por la inexistencia de un Estado del bienestar que protegiese a los colectivos m&#225;s vulnerables y considerase la educaci&#243;n como un derecho universal. Tambi&#233;n influenciaba, como siempre que nos referimos a las mujeres, la vida privada, los lances amorosos y la elecci&#243;n de una pareja que acompa&#241;ase un proyecto de vida &#171;diferente&#187;. Por otra parte, como se suele decir, hab&#237;a que estar en el lugar apropiado y en el momento justo, disponer de habilidades sociales e iniciativa para dirigirse a las personas apropiadas y con suficiente poder para catapultar las carreras de estas mujeres. En este caso, fueron fundamentales las becas de la Junta de Ampliaci&#243;n de Estudios e Investigaciones Cient&#237;ficas y las del Comit&#233; de Boston, donde se integraban distintos <italic>colleges </italic>femeninos norteamericanos que acogieron una pol&#237;tica de intercambios con las espa&#241;olas, gracias a la mediaci&#243;n del <italic>International Institute for Girls in Spain, </italic>situado junto a la Residencia.</p>
    <p>Con todos estos factores, la autora va desgranando los colectivos m&#225;s feminizados y que tuvieron representaci&#243;n en la Residencia de Se&#241;oritas. Desde archiveras y bibliotecarias a las maestras que introdujeron la renovaci&#243;n pedag&#243;gica gracias a sus viajes de estudios por centros educativos de Francia, Alemania o Suiza; las profesoras de ense&#241;anzas medias y las primeras catedr&#225;ticas de instituto en materias como Historia o Lengua y Literatura; las investigadoras en Ciencias, qu&#237;micas sobre todo que se curtieron en el laboratorio Foster, as&#237; como &#171;el nutrido grupo de las farmac&#233;uticas&#187;, y doctoras en Medicina. Otro cap&#237;tulo de excepci&#243;n lo compon&#237;an las licenciadas en Derecho, al que pertenecieron algunas de las residencialistas m&#225;s ilustres, como la diputada republicana malague&#241;a Victoria Kent, Matilde Huici, quien llegar&#237;a a ser juez del Tribunal Tutelar de Menores, o Mar&#237;a Lacunza Ezquerra, primera mujer colegiada en Pamplona y San Sebasti&#225;n. De hecho, todas estas mujeres fueron las primeras en algo... Desde Ferrol o Le&#243;n, a la comarca de La Serena en Badajoz o Almer&#237;a, se trazan trayectorias incre&#237;bles de j&#243;venes provenientes de los &#250;ltimos rincones del pa&#237;s que, gracias a la propaganda y el &#171;boca a boca&#187;, se hicieron con una &#171;habitaci&#243;n propia&#187; en la Residencia. Con mayor o menos tiempo empleado en obtener una titulaci&#243;n y un empleo, muchas volver&#237;an a sus ciudades de origen para ser homenajeadas como aut&#233;nticas pioneras, desde la Oceanograf&#237;a a la Ciencia b&#225;sica, la
      M&#250;sica o el Hispanismo en Norteam&#233;rica.</p>
    <p>Muchas fueron mujeres solas, que entregaron su vida a los libros y la ciencia, renunciando a contraer un matrimonio convencional o a tener hijos, y que en algunos casos rompieron a&#250;n m&#225;s barreras debido a su homosexualidad. Encarnaci&#243;n Lemus nos da algunos nombres escogidos como las grandes aventureras: Enriqueta Mart&#237;n, Mar&#237;a D&#237;ez de O&#241;ate, Rosa Herrera o Sof&#237;a Novoa&#8230; Todas ellas componen una panoplia de varios centenares de mujeres que no hicieron sino crecer hasta el estallido de la Guerra Civil, obligando a aumentar el cupo de alumnas y el espacio de la Residencia mediante la adhesi&#243;n de los edificios adyacentes. Tantas, que sobrepasaron a sus hom&#243;logos masculinos de la Residencia de Estudiantes, y se convirtieron en un foco de atracci&#243;n para las presentaciones de libros, veladas musicales y tardes de t&#233; con primeras figuras como el presidente de la Rep&#250;blica, Niceto Alcal&#225; Zamora, la escritora argentina Victoria Ocampo, el poeta Federico Garc&#237;a Lorca a su vuelta de Nueva York, o la doble premio Nobel, Marie Curie. Hay quien dice que algunas de estas personalidades solo utilizaron las dependencias de la calle Miguel &#193;ngel para dormir, ofreciendo sus discursos para o&#237;dos m&#225;s escogidos, o que Einstein no pas&#243; del CSIC de la calle Serrano, pero el descr&#233;dito es algo que ha acompa&#241;ado siempre a las mujeres excepcionales.</p>
    <p>Si algo puede destacarse de esta obra es que nos introduce en un mundo alejado de la mediocridad de esa Espa&#241;a que sepultaron los sables, las sotanas y el &#171;Muera la Inteligencia&#187;. Revela con empat&#237;a las posibilidades de una generaci&#243;n de pioneras que pudieron haber construido un pa&#237;s diferente y mejor, poniendo todo su talento al servicio de las naciones extranjeras que les dieron acogida. <italic>Ellas </italic>que siempre tuvieron claro que quer&#237;an aprenderlo todo fuera para revertir ese conocimiento en la mejora de su patria, apenas tuvieron posibilidades de hacerlo, aunque hoy constituyan una genealog&#237;a que servir&#225; de ejemplo a futuras generaciones de letradas y cient&#237;ficas. Leyendo el libro de Encarna Lemus aflora una envidia sana, la de quienes encontraron en la Residencia un ed&#233;n y una escapatoria a la vida que les deparaba ser &#171;se&#241;orita&#187; en provincias.</p>
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