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        <article-title><styled-content style-type="transform">R&#218;JULA, Pedro, <italic>Religi&#243;n, Rey y Patria. Los or&#237;genes contrarrevolucionarios de la Espa&#241;a contempor&#225;nea, 1793-1840, </italic>Madrid, Marcial Pons, 2023, 294 p&#225;gs., ISBN: 978-84-18752-76-6.</styled-content></article-title>
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        <source>Religi&#243;n, Rey y Patria. Los or&#237;genes contrarrevolucionarios de la Espa&#241;a contempor&#225;nea, 1793-1840</source>, <publisher-loc>Madrid</publisher-loc>, <publisher-name>Marcial Pons</publisher-name>, <year>2023</year>, <size units="pages">294</size> p&#225;gs., ISBN: <isbn>978-84-18752-76-6</isbn>. </product>
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    <p>Pedro R&#250;jula, catedr&#225;tico de historia contempor&#225;nea de la Universidad de Zaragoza, es, sin duda, uno de los historiadores que m&#225;s y mejor ha contribuido al estudio de la contrarrevoluci&#243;n espa&#241;ola en el marco de las revoluciones liberales y de las contrarrevoluciones europeas de la primera mitad del siglo XIX. No solo por los abundantes y exhaustivos estudios realizados y publicados en libros y art&#237;culos sobre la contrarrevoluci&#243;n espa&#241;ola, del realismo al carlismo; sino, sobre todo, por el empleo de nuevos enfoques historiogr&#225;ficos en l&#237;nea con las m&#225;s recientes aportaciones europeas y el uso abundante y exquisito de las fuentes documentales.</p>
    <p>R&#250;jula ha estudiado y analizado la contrarrevoluci&#243;n espa&#241;ola, no solo como mera contrarrevoluci&#243;n reaccionaria que pretend&#237;a el retorno al pasado, sino como alternativa al proceso liberal-revolucionario que se estaba desarrollando en la monarqu&#237;a espa&#241;ola en ambos hemisferios. Revoluci&#243;n y contrarrevoluci&#243;n se enfrentaron y se retroalimentaron en una relaci&#243;n dial&#233;ctica, de manera que como hace Pedro R&#250;jula, debamos analizarlas conjuntamente. De hecho, lo que caracteriza la historia de la primera mitad del siglo XIX, tanto en Espa&#241;a, como en Europa, es el largo conflicto entre los diversos y heterog&#233;neos revolucionarios y contrarrevolucionarios.</p>
    <p><italic>Religi&#243;n, Rey y Patria. Los or&#237;genes contrarrevolucionarios de la Espa&#241;a contempor&#225;nea, 1793-1840 </italic>es un libro elaborado a partir de un conjunto de textos publicados como cap&#237;tulos de libros (7) y art&#237;culos en revistas especializadas (3) entre 2011 y 2019, siete de ellos presentados como ponencias a congresos internacionales entre 2007 y 2014. Pero, no se trata de una simple miscel&#225;nea organizada de textos, sino que estos han sido revisados a fondo por el autor para su publicaci&#243;n en este libro, de manera que el resultado es una monograf&#237;a perfectamente estructurada y coherente sobre la contrarrevoluci&#243;n espa&#241;ola desde la guerra contra la Convenci&#243;n francesa (1793-1795) hasta la Primera Guerra Carlista (1833-1840), pasando por la Guerra de la Independencia (1808-1814) y la guerra realista durante el Trienio Liberal (1820-1823).</p>
    <p>El libro gira alrededor de tres ejes: la dial&#233;ctica revoluci&#243;n/contrarrevoluci&#243;n que caracteriza estos a&#241;os; la configuraci&#243;n de la contrarrevoluci&#243;n, desde las bases te&#243;ricas a la acci&#243;n pol&#237;tica; y el an&#225;lisis de la guerra como pr&#225;ctica permanente durante este per&#237;odo y su papel en la politizaci&#243;n o socializaci&#243;n pol&#237;tica de las clases populares a trav&#233;s de la experiencia b&#233;lica. Todo ello en un marco pol&#237;tico determinado por la confrontaci&#243;n, no solo b&#233;lica, sino tambi&#233;n pol&#237;tica y cultural entre revoluci&#243;n y contrarrevoluci&#243;n. Y en el que la victoria de uno u otro bando solo pod&#237;a conseguirse mediante la movilizaci&#243;n de amplias capas de la poblaci&#243;n, lo que provoc&#243; una dura confrontaci&#243;n cultural e ideol&#243;gica entre las culturas pol&#237;ticas enfrentadas y todav&#237;a en construcci&#243;n.</p>
    <p>Si bien es cierto, como se&#241;ala R&#250;jula en el cap&#237;tulo 1, que la guerra tuvo un papel fundamental en la politizaci&#243;n contrarrevolucionaria de las clases populares, debemos considerar que la guerra no fue un espacio de politizaci&#243;n exclusivamente contrarrevolucionaria, sino que tambi&#233;n lo fue para determinados sectores revolucionarios que tambi&#233;n participaron en ella. Ya que, aunque en el libro se habla de las &#171;guerras contrarrevolucionarias&#187;, verdaderas guerras civiles conectadas a confrontaciones europeas, estas guerras solo por s&#237; mismas no politizan, sino que es la conjunci&#243;n del conflicto armado y el conflicto ideol&#243;gico lo que politiza. Es decir, lo que contribuye a construir un &#171;nosotros&#187; y un &#171;ellos&#187; pol&#237;ticos o territoriales antag&#243;nicos. Lo que hace la guerra es delimitar los campos e impedir cualquier mediaci&#243;n entre ambos. Con todo, es cierto que la triade &#171;Religi&#243;n, Rey y Patria&#187; como n&#250;cleo central de la cultura pol&#237;tica contrarrevolucionaria espa&#241;ola, nace en la guerra contra la Convenci&#243;n y se desarrolla durante la Guerra de la Independencia y la guerra realista, para parecer plenamente consolidada durante la Primera Guerra Carlista.</p>
    <p>Una de las aportaciones m&#225;s interesantes del libro es el concepto de &#171;patriotismo mon&#225;rquico&#187; al que el autor dedica el cap&#237;tulo 2. Frente a la &#171;patria nacional&#187; de los revolucionarios liberales, los contrarrevolucionarios plantean la &#171;patria real&#187; y las guerras contra un enemigo exterior invasor que representa la revoluci&#243;n (1793-1795 y 1808-1814) facilitan la difusi&#243;n del &#171;patriotismo mon&#225;rquico&#187; entre las clases populares que, a la vez, act&#250;a como lema unificador de la contrarrevoluci&#243;n. Ahora bien, que sea una formulaci&#243;n contrarrevolucionaria no significa que sea &#171;vieja&#187; ya que, como se&#241;ala R&#250;jula, &#171;constituye una forma nueva de patriotismo porque propone una interpretaci&#243;n diferente de la patria al servicio de la monarqu&#237;a&#187; (p. 53).</p>
    <p>El &#171;patriotismo mon&#225;rquico&#187; comportaba tambi&#233;n una reestructuraci&#243;n compleja y disputada entre el Trono y el Altar, el Rey y la Religi&#243;n. Despu&#233;s de una fase de compenetraci&#243;n total (1793-1814), aparecieron algunos desencuentros (1814-1840) entre la Monarqu&#237;a y la Iglesia. En cualquier caso, la Iglesia se convirti&#243;, como explica Pedro R&#250;jula, en una &#171;maquinaria ideol&#243;gica de la monarqu&#237;a en defensa del orden conocido&#187;, en &#171;una maquinaria propagand&#237;stica de enorme eficacia al servici&#243; de la monarqu&#237;a&#187; (p. 58).</p>
    <p>En el cap&#237;tulo 3, que bien podr&#237;a haber servido de Introducci&#243;n o de Conclusi&#243;n, Pedro R&#250;jula expone el marco historiogr&#225;fico para (re)interpretar &#171;los or&#237;genes pol&#237;ticos de la Espa&#241;a contempor&#225;nea&#187;. A la vez que critica a la historiograf&#237;a que, a su parecer, ha &#171;focalizado la atenci&#243;n en la modernidad y en la carga de futuro que supon&#237;a el liberalismo&#187;, lo cual habr&#237;a &#171;introducido en los planteamientos un cierto efecto teleol&#243;gico&#187; (p. 76). R&#250;jula afirma, y estamos plenamente de acuerdo con ello, que para entender los or&#237;genes de la Espa&#241;a contempor&#225;nea es necesario conocer tanto a la revoluci&#243;n (liberal), como a la contrarrevoluci&#243;n (absolutista), as&#237; como su confrontaci&#243;n pol&#237;tica, cultural y b&#233;lica entre 1793 y 1840. Ya que la contrarrevoluci&#243;n se fue definiendo y construyendo a partir de confrontarse a la revoluci&#243;n y viceversa.</p>
    <p>Pedro R&#250;jula sit&#250;a el nacimiento de la contrarrevoluci&#243;n en la Guerra contra la Convenci&#243;n y su consolidaci&#243;n durante la Guerra de la Independencia, un per&#237;odo que el autor conoce a fondo como resultado de una larga y constante investigaci&#243;n hist&#243;rica que se ha materializado en diversos art&#237;culos y libros y al cual dedica los cap&#237;tulos 4, 5 y 6. La Guerra de la Independencia significa el paso definitivo del &#171;pueblo&#187; a la pol&#237;tica, de su politizaci&#243;n, ya que deviene imprescindible armar al pueblo y legitimarlo para el uso de las armas para derrotar a los &#171;invasores&#187; napole&#243;nicos. La expulsi&#243;n de las tropas napole&#243;nicas en 1813-1814 validar&#225; la tr&#237;ade &#171;Religi&#243;n, Rey y Patria&#187; y el &#171;Patriotismo mon&#225;rquico&#187; (pp. 111-115).</p>
    <p>Como se&#241;ala R&#250;jula, el apuntalamiento del poder de la monarqu&#237;a, &#171;cont&#243; con la Iglesia como su m&#225;s fiel aliado&#187;, a la vez que &#171;la religi&#243;n segu&#237;a siendo el centro de todo&#187; (p. 135), no solo a nivel ideol&#243;gico como pieza clave del discurso contrarrevolucionario, &#171;sino tambi&#233;n en la capacidad de movilizaci&#243;n social que pose&#237;a la Iglesia del momento&#187; (p. 127). En definitiva, las guerras contra la Convenci&#243;n y de la Independencia hab&#237;an reforzado la alianza entre el Trono y el Altar, a la vez que hab&#237;an renovado el poder del Rey como m&#225;ximo exponente de la Patria, ambos elementos fundacionales de la cultura pol&#237;tica contrarrevolucionaria en Espa&#241;a. Pero si las dos primeras guerras de este per&#237;odo hab&#237;an sido &#171;guerras patri&#243;ticas&#187; contra un invasor, las dos que vendr&#237;an a continuaci&#243;n ser&#237;an claramente &#171;guerras civiles&#187;. A pesar de ello, la contrarrevoluci&#243;n consigui&#243; afrontar las guerras realista y carlista mediante el &#171;realismo de ra&#237;z popular&#187; que se hab&#237;a configurado en las dos anteriores: &#171;la guerra hab&#237;a visto nacer una cultura pol&#237;tica de la contrarrevoluci&#243;n sostenida sobre los pilares del Altar y el Trono que tendr&#237;a continuidad en las d&#233;cadas siguientes&#187; (p. 138).</p>
    <p>Los cap&#237;tulos 7 y 8 se dedican al &#171;golpe de los persas&#187; (1814). R&#250;jula explica como en los a&#241;os 1813 y 1814 se configura el &#171;partido realista&#187;, mayoritariamente civil y vinculado a la administraci&#243;n del estado, que concret&#243; su discurso pol&#237;tico en el documento conocido como <italic>Manifiesto de los Persas, </italic>en realidad una <italic>Representaci&#243;n y Manifiesto </italic>firmada el 12 de abril de 1814 por algunos diputados a Cortes pidiendo a Fernando VII, &#171;el Deseado&#187;, que restaurase el absolutismo y que se concret&#243; en el decreto del 4 de mayo de 1814. El <italic>Manifiesto </italic>pon&#237;a al d&#237;a el discurso contrarrevolucionario una vez vencido el &#171;invasor&#187; y propon&#237;a las bases de un &#171;nuevo&#187; absolutismo, &#171;el realismo&#187;, en el que el monarca recuperara su poder.</p>
    <p>El proyecto de una &#171;nueva monarqu&#237;a&#187; absolutista, pero directamente vinculada al pueblo, el realismo, &#171;daba al monarca independencia respecto a las otras corporaciones y poderes que tuvieran voluntad de disputarle parcelas de autoridad o reclamarle compensaciones por su apoyo&#187;, como en el caso de la Iglesia (p. 166). Pero, a la vez, &#171;introduc&#237;a con fuerza en el espacio pol&#237;tico a un actor, el pueblo, cuyo control no siempre era f&#225;cil y que pod&#237;a ser fuente de problemas para la monarqu&#237;a&#187; (p. 179).</p>
    <p>La restauraci&#243;n absolutista durante el per&#237;odo conocido como el &#171;Sexenio Absolutista&#187; (1814-1819) se analiza en el cap&#237;tulo 9. La monarqu&#237;a intent&#243; &#171;regresar al orden perdido&#187;, mediante una &#171;restauraci&#243;n&#187;, aunque con matices, ya que, tanto el rey como las fuerzas contrarrevolucionarias eran conscientes de que era imposible retroceder a finales del siglo XVIII. Como escribe R&#250;jula, &#171;la restauraci&#243;n fue para el realismo una construcci&#243;n ideol&#243;gica que iba a servir como instrumento pol&#237;tico para la reconquista del poder&#187; (p. 184). De hecho, fue durante el Sexenio Absolutista cuando el discurso contrarrevolucionario se adapt&#243; a la nueva realidad: el enemigo a combatir ya no era un ej&#233;rcito revolucionario exterior, sino interior que gravitaba alrededor de la Constituci&#243;n de 1812. Por ello la triple divisa Religi&#243;n, Rey y Patria, se convirti&#243; durante el Trienio Liberal en doble Rey y Religi&#243;n, Trono y Altar, alrededor de Fernando VII y de la Iglesia cat&#243;lica.</p>
    <p>Durante el Trienio Liberal y la guerra realista (1822-1823) el discurso contrarrevolucionario se formul&#243; en su estado m&#225;s puro, es decir, no ya como discurso patri&#243;tico, como hab&#237;a pasado en 1793-1795 y 1808-1814, ni como discurso legitimista carlista, como pasar&#225; despu&#233;s (1833-1840); sino como discurso realista alrededor de la defensa del Rey y la Religi&#243;n.</p>
    <p>El discurso contrarrevolucionario volvi&#243; a cambiar durante la Primera guerra carlista porque hab&#237;a cambiado el marco pol&#237;tico: la monarqu&#237;a se hab&#237;a dividido profundamente desde la guerra de los <italic>Malcontes </italic>o Agraviados (1826-1828) entre los partidarios de Fernando VII y su hija Isabel (II) y los del Pr&#237;ncipe Carlos Mar&#237;a Isidro. El discurso contrarrevolucionario deriv&#243; en discurso legitimista carlista y dio lugar a la cultura pol&#237;tica del carlismo que contar&#225; con una gran influencia pol&#237;tica hasta el final de la Tercera guerra carlista (1872-1876).</p>
    <p>Como se&#241;ala Pedro R&#250;jula en el cap&#237;tulo 10, lo que unir&#225; estos diversos per&#237;odos y conflictos pol&#237;ticos entre 1793 y 1840 ser&#225; la guerra entre revoluci&#243;n y contrarrevoluci&#243;n. La guerra &#171;como aprendizaje pol&#237;tico&#187;, porque esta implicaba una toma de posici&#243;n militar y pol&#237;tica que comportaba preguntarse &#171;sobre quien estaba enfrente y acerca de quienes somos nosotros, [&#8230;], que ganaban y que perd&#237;an en aquella circunstancia&#187; (p. 207). La &#171;experiencia de la guerra&#187; comportaba un aprendizaje pol&#237;tico para los combatientes y que R&#250;jula sit&#250;a fundamentalmente en el bando contrarrevolucionario.</p>
    <p>El cap&#237;tulo 11 se dedica a reflexionar sobre el papel de la guerra civil en la Espa&#241;a del siglo XIX, aspecto important&#237;simo y crucial para entender la historia contempor&#225;nea de nuestro pa&#237;s. Durante la primera mitad del siglo XIX se producen en Espa&#241;a dos guerras civiles: la realista y la primera carlista, y ello sin contar lo que tiene de guerra civil la de la Independencia (pp. 235-238). Que, en el caso de Catalu&#241;a se convierten en cuatro, ya que a las dos anteriores debemos a&#241;adir: la de los <italic>Malcontents </italic>o Agraviados y la de los <italic>Matiners </italic>o Segunda guerra carlista (1846-1848). Las guerras civiles juegan un papel determinante en la configuraci&#243;n de los bandos/partidos pol&#237;ticos y en sus respectivas culturas pol&#237;ticas. Y, aunque Espa&#241;a destac&#243; por el n&#250;mero de guerras civiles que se dieron en su territorio, como se&#241;ala Pedro R&#250;jula &#171;la espiral generada por la acci&#243;n revolucionaria y las resistencias a la revoluci&#243;n [&#8230;] har&#225;n de la guerra civil una presencia constante en la Europa del siglo XIX&#187; (p. 231).</p>
    <p>En s&#237;ntesis, el libro de Pedro R&#250;jula destaca el papel central de la cultura pol&#237;tica contrarrevolucionaria durante la primera mitad del siglo XIX y de la guerra, en general, y de la guerra civil, en particular, en la configuraci&#243;n de aquella. Cultura pol&#237;tica contrarrevolucionaria que no podemos reducir a reivindicar una simple restauraci&#243;n del pasado, sino que debemos comprender como din&#225;mica y alternativa a la cultura pol&#237;tica revolucionaria. Ambas contribuyeron decisivamente a la configuraci&#243;n de la Espa&#241;a contempor&#225;nea.</p>
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