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        <article-title><styled-content style-type="transform">FL&#211;REZ ASENSIO, Mar&#237;a Asunci&#243;n, <italic>La corte en llamas. El proceso al marqu&#233;s de Heliche (1662-1663), </italic>Madrid, Marcial Pons / Centro de Estudios Europa Hisp&#225;nica, 2023, 648 p&#225;gs., ISBN: 978-84-18752-01-8.</styled-content></article-title>
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      <p>El valimiento es uno de esos temas privilegiados por la historiograf&#237;a que, en Espa&#241;a, est&#225; teniendo un renovado inter&#233;s en los &#250;ltimos a&#241;os al calor de nuevas obras que revisitan aquellos ya estudiados &#8212;caso de Olivares&#8212; o bien arrojan luz sobre figuras hasta ahora menos conocidas, como la de don Luis de Haro. Precisamente el valimiento de este enmarca el libro que aqu&#237; rese&#241;amos, el cual centra su atenci&#243;n en la figura de su hijo, el marqu&#233;s de Heliche.</p>
      <p>Su figura ha estado ensombrecida tanto por la importancia de otros miembros de su familia &#8212;los ya mencionados Olivares, Haro, pero tambi&#233;n Castillo y Medina de las Torres&#8212; como por la mala fama que tuvo en vida y que, en opini&#243;n de la autora, ha sido uno de los motivos principales para que su estudio como ministro del rey no haya suscitado inter&#233;s previo.</p>
      <p>La obra consta de una introducci&#243;n, cuatro cap&#237;tulos, adem&#225;s de un ep&#237;logo con conclusiones y un ap&#233;ndice documental. En su desarrollo, la autora va de lo general a lo particular. En la introducci&#243;n se sientan las bases sobre las que se articular&#225; el resto de la obra y que es, al mismo tiempo, toda una declaraci&#243;n de intenciones sobre la visi&#243;n que la autora va a ir desarrollando a lo largo de las siguientes p&#225;ginas.</p>
      <p>El primer cap&#237;tulo se desgrana la gestaci&#243;n y evoluci&#243;n del sistema cortesano desde Felipe III y hasta los a&#241;os finales del de Felipe IV. Dentro de esta evoluci&#243;n, la autora va insertando la creaci&#243;n del gobierno por validos y de c&#243;mo las elites de la Monarqu&#237;a se fueron insertando en este nuevo escenario. Como es sabido, la pol&#237;tica y la cultura iban de la mano, algo que los ministros y validos conoc&#237;an a la perfecci&#243;n y trataban de emplearlo tanto en su beneficio como en de su red clientelar y familiar. Esto est&#225; afinadamente explicado para el caso de los arist&#243;cratas que figuran en la obra. Como tel&#243;n de fondo, el control que se ejerc&#237;a por medio de esa cultura escenogr&#225;fica, de la ret&#243;rica del poder desde el Real Sitio del Buen Retiro. En este cap&#237;tulo, adem&#225;s, se hablar&#225; de los or&#237;genes familiares de algunos de los personajes que van a protagonizar esta obra, como el conde de Castrillo, el duque de Medina de las Torres o el propio don Luis, hombres cuyas carreras estar&#225;n irremediablemente condicionadas por el valimiento del Conde Duque. De todos ellos, la autora va a resaltar no solo su <italic>cursus honorum </italic>sino tambi&#233;n los elementos culturales individuales que les permitieron hacerse un hueco y medrar en esa sociedad de corte.</p>
      <p>El cap&#237;tulo segundo desgrana la rivalidad existente entre dos de los integrantes de la familia de Olivares: don Luis de Haro y el duque de Medina de las Torres, sobrino y yerno respectivamente. Encontraremos una s&#237;ntesis biogr&#225;fica de ambos en la que la autora destaca los muchos testimonios contempor&#225;neos que nos ofrecen una visi&#243;n positiva de don Luis de Haro y de hombre m&#225;s codicioso y ambicioso para Medina. Aunque Olivares se mostr&#243; m&#225;s inclinado a favorecer a su yerno que a su sobrino, Haro supo campear los contratiempos con acierto. La autora narra, tambi&#233;n, los problemas acaecidos como consecuencia de la herencia de Olivares y las luchas familiares que se desataron para la obtenci&#243;n de t&#237;tulos, fortuna y cargos palaciegos.</p>
      <p>Felipe IV trat&#243;, una vez fallecido Olivares, de contrapesar la influencia de dos de sus ministros m&#225;s cercanos, consciente de la rivalidad existente entre ambos y los problemas que esto pod&#237;a causar en la corte y en cuestiones de Estado. Si bien es cierto que el valimiento fue ejercido por Haro, no lo es menos que el monarca recurri&#243; a la experiencia de Medina quien, adem&#225;s, ocupaba importantes cargos en varios consejos. Con esta distribuci&#243;n de la gracia real, Felipe IV manifestaba que el poder de don Luis no era omn&#237;modo como el que goz&#243; Olivares a&#241;os atr&#225;s. Seg&#250;n explica la autora, parece que Haro se encargar&#237;a m&#225;s de cuestiones de alta pol&#237;tica y Medina de cuestiones de las casas reales y del contacto del rey con los s&#250;bditos.</p>
      <p>Fl&#243;rez, haciendo gala de un ejercicio de interdisciplinariedad que aparece entreverado a lo largo de toda la obra, redunda en la idea de la rivalidad Haro-Medina, esta vez en el plano cultural, pues las diferencias entre ambos tambi&#233;n se dejaron sentir en sus gustos art&#237;sticos y en la manera en la que estos fueron empleados en cuestiones pol&#237;ticas y sociales. Uno y otro se afanaron en poseer importantes colecciones de arte y objetos suntuarios, bibliotecas y patrocinio de obras arquitect&#243;nicas en sus palacios lo que, en el lenguaje cortesano, no solo implicaba demostraci&#243;n de poder&#237;o econ&#243;mico sino tambi&#233;n pol&#237;tico y de representaci&#243;n de la gloria personal y familiar.</p>
      <p>Una vez fallecido Haro en noviembre de 1661, las artes tambi&#233;n fueron empleadas por Medina y otros nobles para atraer la atenci&#243;n del monarca de cara a la obtenci&#243;n del valimiento. Aunque el mejor posicionado era Medina, lo cierto es que hab&#237;a muchos otros nobles con esta misma aspiraci&#243;n y Castrillo era quien m&#225;s sombra pod&#237;a hacer al duque.</p>
      <p>Parece que, en un primer momento, Felipe IV continu&#243; con la estrategia de repartir casi a partes iguales las diferentes cuestiones pol&#237;ticas entre ambos, aunque, al poco tiempo, situ&#243; a Castrillo en la presidencia del Consejo de Estado.</p>
      <p>Es en este contexto cuando el protagonismo del hijo de don Luis, el marqu&#233;s de Heliche, toma forma en la obra. El joven noble hab&#237;a asumido interinamente la alcaid&#237;a del Buen Retiro pues su padre, el titular, hab&#237;a delegado en &#233;l para, entre otros motivos, hacer m&#225;s visible en la corte a su primog&#233;nito. Una vez fallecido Haro, Heliche solicit&#243; la alcaid&#237;a para s&#237;. No obstante, el monarca decidi&#243; que el cargo ir&#237;a a manos de Medina de las Torres. Eso s&#237;, tal y como se refiere en otras partes del libro, el marqu&#233;s fue compensado con otras alcaid&#237;as como la de El Pardo y la de Valsa&#237;n, adem&#225;s de ser el responsable de los festejos que aconteciesen en el Alc&#225;zar madrile&#241;o. Nuevamente se aprecia la t&#225;ctica de Felipe IV de compensar y distribuir la gracia para evitar confrontaciones en la corte. Algunos contempor&#225;neos ve&#237;an a Heliche como rival de Medina para el valimiento, aunque lo cierto es que, dada su juventud y su inexperiencia en asuntos de gobierno, era algo poco plausible.</p>
      <p>El tercer cap&#237;tulo comienza con una rese&#241;a biogr&#225;fica del marqu&#233;s en la que incide en la idea ya expresada con anterioridad sobre los motivos de la ausencia de estudios sistem&#225;ticos sobre su figura, resaltando que tan solo su faceta como mecenas de las artes, especialmente durante sus a&#241;os de gobierno en N&#225;poles, han suscitado inter&#233;s. Tras un repaso de sus a&#241;os de formaci&#243;n durante el valimiento de Olivares, la autora va desgranando la manera en la que este y Haro fueron situando al joven en determinados puestos cortesanos, de una manera especial al servicio del que habr&#237;a sido el nuevo rey, el pr&#237;ncipe Baltasar Carlos, tras cuya desaparici&#243;n muchas de las esperanzas de la carrera pol&#237;tica de Heliche se desvanecieron. Tras varios a&#241;os fuera de Madrid en los que estuvo form&#225;ndose, el joven regres&#243; en 1646, justo en el momento en que su padre se afianzaba en el valimiento. El aspecto art&#237;stico y su conocimiento en cuanto a organizaci&#243;n de saraos, mascaradas y todo tipo de eventos festivos es algo que la autora se&#241;ala especialmente a lo largo de las p&#225;ginas y que, sobre todo, fue su principal cometido durante el valimiento de su padre. Ello le facilit&#243; el acceso al monarca y ganarse el afecto de este, muy aficionado a semejante tipo de demostraciones cortesanas. Este cap&#237;tulo es el m&#225;s interdisciplinar de todos, pues las cuestiones de escenograf&#237;a vinculadas al Buen Retiro, personas, actores, trabajadores especializados, m&#250;sicos y un largo etc&#233;tera est&#225;n perfectamente
        constatados y explicados a lo largo de sus p&#225;ginas.</p>
      <p>El cuarto cap&#237;tulo tiene como contexto ese cambio de alcaid&#237;a a favor de Medina y narra el suceso que centra la monograf&#237;a, que no es otro que el proceso contra el marqu&#233;s por el hallazgo de una buena cantidad de p&#243;lvora en el Coliseo del Buen Retiro. Un Felipe IV alarmado mand&#243; investigar la cuesti&#243;n, plagada de irregularidades desde el mismo inicio. La autora describe minuciosamente a los sospechosos, las personas encargadas de efectuar las indagaciones, los procesos judiciales y las decisiones tomadas en la Junta que se cre&#243; <italic>ex profeso </italic>para la conclusi&#243;n del caso. La autora, siguiendo minuciosamente las fuentes que se conservan sobre el proceso, reconstruye pormenorizadamente muchas de las cuestiones relativas al mismo.</p>
      <p>Mientras las pesquisas avanzaban, en la corte no cesaban los rumores acerca de lo ocurrido, siendo la opini&#243;n m&#225;s extendida en las calles de Madrid que la mano del marqu&#233;s de Heliche se hallaba detr&#225;s como despecho por no haber sido ratificado como alcaide del Buen Retiro. Estas habladur&#237;as no tardaron en materializarse en una acusaci&#243;n formal contra el marqu&#233;s en tanto responsable del Real Sitio en aquel momento. Este se mostr&#243; colaborador con la investigaci&#243;n, pero, aun as&#237;, fue encarcelado el 24 de febrero de 1662. Se le llev&#243; como prisionero al castillo de la Alameda, en unas duras condiciones de aislamiento, lo que supuso una humillaci&#243;n para s&#237; y para su casa. Esto ha sido interpretado por la autora como una cuesti&#243;n ejemplarizante para zanjar de manera tajante las rencillas entre Medina y Heliche.</p>
      <p>Los abogados del marqu&#233;s siempre desmontaron todas las acusaciones, que consideraban circunstanciales y con pruebas muy poco s&#243;lidas, salvo las relativas al intento de asesinato de su esclavo, quien era el principal acusado como autor material. Ante la debilidad de las pruebas, la defensa lleg&#243; a afirmar que lo que se buscaba era el descr&#233;dito del marqu&#233;s y generar alboroto en la corte, siendo esta opini&#243;n compartida por la autora quien, en todo momento, ve tras la documentaci&#243;n consultada la mano de Medina de las Torres. Es m&#225;s, ella cree probado que el descr&#233;dito que se pretend&#237;a hacia Heliche buscaba, al mismo tiempo, perjudicar la carrera de su t&#237;o, Castrillo, verdadero enemigo pol&#237;tico de Medina.</p>
      <p>La sentencia contra el marqu&#233;s se public&#243; en enero de 1663, siendo condenado a ocho a&#241;os de destierro y una pena econ&#243;mica muy elevada que, sin embargo, no recog&#237;a una de las principales reivindicaciones del fiscal: la condena por delito de lesa majestad. Heliche comenz&#243; su destierro en Loeches, desde donde parti&#243; hacia sus estados cordobeses. Sin embargo, all&#237; puso rumbo a Extremadura para integrarse en los ej&#233;rcitos que lideraba don Juan Jos&#233; de Austria, quien avis&#243; al rey de la presencia del marqu&#233;s. Felipe IV dio el visto bueno. En la lucha, cay&#243; preso y fue enviado a Lisboa, permaneciendo por varios meses encerrado. Desde all&#237;, tambi&#233;n supo aprovechar la coyuntura para ejercer como informador de lo que acontec&#237;a en la corte lisboeta, siendo en ese momento la mayor fuente de informaci&#243;n de lo que acontec&#237;a en el reino enemigo. La estrategia de Heliche era clara: emplear sus servicios militares para volver a recuperar la gracia del rey. Efectivamente, Felipe IV apreci&#243; mucho la labor del marqu&#233;s hasta el punto de que, pocas semanas antes de morir, promulg&#243; un perd&#243;n para Heliche que fue ratificado por Mariana de Austria tras el fallecimiento del rey. A pesar de continuar preso en Portugal, la reina le devolvi&#243; varios de los antiguos puestos que hab&#237;a ocupado y, en 1667, fue nombrado plenipotenciario para la negociaci&#243;n de la paz con Portugal. Durante la regencia, el marqu&#233;s volvi&#243; a disfrutar de una vida cortesana plena y de la confianza de la reina, quien le
        nombr&#243; embajador en Roma y virrey de N&#225;poles, cargo este &#250;ltimo que ejerci&#243; hasta su fallecimiento en 1687.</p>
      <p>Si bien la acusaci&#243;n de lo acontecido en 1662 le persigui&#243; toda su vida, lo cierto es que esta segunda etapa vital permite ver un ministro totalmente rehabilitado y entregado al servicio de la monarqu&#237;a. Para la autora, en fin, las acusaciones vertidas contra Heliche no iban tanto dirigidas personalmente hacia su persona sino a desprestigiar a Castrillo y su entorno familiar y cortesano, verdadero enemigo del duque de Medina de las Torres en la carrera por el valimiento.</p>
      <p>La obra de Fl&#243;rez, en fin, cubre un hueco que la historiograf&#237;a no hab&#237;a tratado en profundidad a pesar de existir estudios relativos al suceso, como los de Mart&#237;n Monge &#8212;centrado en el episodio del Coliseo&#8212; o Vidales del Castillo &#8212;quien ha estudiado su biblioteca&#8212;, as&#237; como numerosos trabajos relativos a su faceta como mecenas, tales como los de Checa Cremades, Lamas Delgado o S&#225;nchez Rubio. Sin embargo, en las cuestiones culturales recogidas en esta obra, la autora destaca aquellas dedicadas a las artes esc&#233;nicas, teatro y m&#250;sica principalmente, y las entreteje con el hilo narrativo del texto a trav&#233;s de ejemplos concretos o bien del desarrollo de algunas de ellas, siempre bien documentadas.</p>
      <p>Por &#250;ltimo, nos gustar&#237;a resaltar algo importante de esta obra y es el ap&#233;ndice documental. Las casi ciento cincuenta p&#225;ginas incluyen relaciones contempor&#225;neas, declaraciones judiciales, acusaciones de la fiscal&#237;a, sentencias y dem&#225;s documentaci&#243;n jur&#237;dica, adem&#225;s de una secci&#243;n de varia. A nuestro juicio, es uno de los mayores valores del estudio ya que pone en valor una importante cantidad de fuentes primarias que ayudan a comprender mejor las ideas expresadas por la autora y que pueden servir, as&#237; mismo, como fuente de consulta.</p>
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