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        <article-title><styled-content style-type="transform">MERA COSTAS, Pilar, <italic>18 de julio de 1936. El d&#237;a que empez&#243; la Guerra Civil, </italic>Barcelona, Taurus, 2021, 239 p&#225;gs., ISBN: 978-84-306-2269-6.</styled-content></article-title>
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          <license-p>Este es un art&#237;culo de acceso abierto distribuido bajo los t&#233;rminos de la licencia de uso y distribuci&#243;n Creative Commons Reconocimiento 4.0 Internacional (CC BY 4.0).</license-p>
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    <p>Esta monograf&#237;a constituye el tercer volumen de una colecci&#243;n coordinada por Jordi Canal. El prop&#243;sito compartido por los historiadores e historiadoras que suscriben los siete libros que la componen es llevar a t&#233;rmino un estudio del siglo XX espa&#241;ol por medio del an&#225;lisis exhaustivo y en profundidad de siete d&#237;as en los que tuvo lugar un suceso que modific&#243; el curso de la historia en este pa&#237;s. Siete acontecimientos que ofrecen, asimismo, una panor&#225;mica de un periodo determinado, o m&#225;s bien de un momento de transici&#243;n en cuya intersecci&#243;n se encuentra el hecho estudiado. No se trata, por tanto, de una historia centrada en el tiempo corto, sino en el instante. Una perspectiva &#171;micro&#187; cuya panoplia anal&#237;tica permite examinar con mayor precisi&#243;n a los individuos de carne y hueso, con sus decisiones y miedos, en su tiempo. Quiz&#225; la lecci&#243;n m&#225;s valiosa que cabe extraer de este sugerente planteamiento es que nunca debemos infravalorar el peso que en la historia tienen aquellas acciones y preconcepciones de los actores generadas como respuesta, anticipada o reactiva, a la desaz&#243;n producida por el mismo azar que preside nuestras vidas.</p>
    <p>La fecha que pone t&#237;tulo y objeto al libro rese&#241;ado es el 18 de julio de 1936, y el acontecimiento, naturalmente, es el golpe de Estado que precipit&#243; la guerra civil. Su autora, Pilar Mera Costas, es doctora por la Universidad Complutense de Madrid y profesora en el Departamento de Historia Social y del Pensamiento Pol&#237;tico de la UNED. Mera es una reconocida experta en el liberalismo de entreguerras y en los pol&#237;ticos liberales que transitaron del r&#233;gimen de la Restauraci&#243;n a la Segunda Rep&#250;blica, cuesti&#243;n que ha abordado a trav&#233;s de la biograf&#237;a de Manuel Portela Valladares en una tesis doctoral a&#250;n in&#233;dita. Su recorrido acad&#233;mico y profesional sobresale por dos caracter&#237;sticas no demasiado habituales en nuestro gremio. De una parte, su curr&#237;culo formativo y docente presenta una determinante proyecci&#243;n interdisciplinar. Especializada en la historia del pensamiento y los movimientos sociales y pol&#237;ticos, Pilar Mera ha cursado tambi&#233;n estudios de ciencia pol&#237;tica y periodismo. De otra parte, ha sabido conjugar como pocos una s&#243;lida producci&#243;n investigadora con una notoria presencia en los medios de comunicaci&#243;n. Mera ha escrito varios cap&#237;tulos en diversos vol&#250;menes colectivos y ha publicado diferentes trabajos en algunas de las revistas de historia m&#225;s sobresalientes (<italic>Hispania, Studia Historica, M&#233;langes de la Casa de Vel&#225;zquez&#8230;</italic>). Al tiempo, ha ejercido y ejerce habitualmente como colaboradora en la prensa escrita, habiendo escrito un sinn&#250;mero de
      art&#237;culos para <italic>El Pa&#237;s </italic>o <italic>Letras Libres.</italic></p>
    <p>El buen hacer de Pilar Mera descansa en una escrupulosa ejecuci&#243;n del m&#233;todo hist&#243;rico y en la lectura de un copioso abanico de fuentes bibliogr&#225;ficas. Su condici&#243;n de bi&#243;grafa explica tal vez que la tipolog&#237;a dominante sea la memorial&#237;stica. Diarios, memorias y autobiograf&#237;as de los protagonistas de la &#233;poca suministran el grueso de la informaci&#243;n. Como es l&#243;gico, Mera extrae buena parte de su materia prima de los testimonios de las grandes figuras de la Rep&#250;blica (Manuel Aza&#241;a, Diego Mart&#237;nez Barrio, Francisco Largo Caballero&#8230;). Sin embargo, tambi&#233;n recurre a las memorias de otros personajes que tuvieron un rol m&#225;s modesto. La informaci&#243;n que estos proporcionan es valios&#237;sima e insustituible, ya sea por su proximidad a los l&#237;deres pol&#237;ticos (Santos Mart&#237;nez Saura, Juan Sime&#243;n Vidarte), por el papel que jugaron en la conspiraci&#243;n (Emilio Mola, Luis Bol&#237;n) o por c&#243;mo defendieron la legalidad republicana desde las instituciones (Jos&#233; Mar&#237;a Varela Rendueles, Eduardo Cap&#243; Bonnafous). Asimismo, la autora va todav&#237;a m&#225;s lejos al recuperar la voz de otros sujetos cuyo testimonio ha pasado m&#225;s inadvertido. Nos referimos a las mujeres, tanto las que guardaban alguna relaci&#243;n con los actores de la trama (Constancia de la Mora, Mar&#237;a Casares) como aquellas otras que nada ten&#237;an que ver con la pol&#237;tica y que vieron aun as&#237; su mundo patas arriba a consecuencia de la guerra, como Pilar Duayg&#252;es. Este inter&#233;s por las experiencias y los desvelos de quienes intervinieron en los
      sucesos desde un segundo plano o no pasaron de ser meros figurantes de la historia constituye un punto meritorio que merece la pena destacarse de esta obra.</p>
    <p>El objetivo que persigue la historiadora es &#171;contar qu&#233; pas&#243; aquel 18 de julio y c&#243;mo los acontecimientos de aquellos d&#237;as se convirtieron en una guerra&#187; (p. 16). Mera abunda en la necesidad de dejar de lado las lentes del presente a la hora de aproximarnos a la Rep&#250;blica, record&#225;ndonos que las personas que vivieron aquel fat&#237;dico a&#241;o no sab&#237;an la cat&#225;strofe que se les ven&#237;a encima. Esta premisa, que lleva largo tiempo arraigada en la historiograf&#237;a como un axioma generalizado, resulta m&#225;s desconocida en el debate p&#250;blico. En este &#225;mbito, por desgracia, no son infrecuentes los comentarios moralizantes que se limitan a condenar a quienes vivieron aquella &#233;poca por el estallido de la guerra, culpando a unos, a otros o a todos por igual. Sus autores ni siquiera se molestan en dar explicaci&#243;n alguna, pues no pretenden comprender lo acontecido sino retorcerlo cuanto sea posible para defender argumentos que nada tienen que ver con la contienda. Aunque solo sea para minimizar sus nocivos efectos, toda prevenci&#243;n contra cualquier juicio que destile el m&#225;s m&#237;nimo atisbo teleol&#243;gico es siempre pertinente.</p>
    <p>La obra combina un horizonte historiogr&#225;fico ambicioso con una extensi&#243;n moderada, lo cual tiene su raz&#243;n de ser en el doble prop&#243;sito, cient&#237;fico y divulgativo, que informa toda la colecci&#243;n. Es una investigaci&#243;n meticulosa y actualizada, pero es tambi&#233;n un libro de sumo inter&#233;s para el gran p&#250;blico. Contribuye a ello la formidable narrativa de la que hace gala esta historiadora. La riqueza descriptiva, la cuidadosa elecci&#243;n de las palabras y la factura casi artesanal del relato consiguen que la lectura de este trabajo te atrape desde la primera p&#225;gina. Esto se ve favorecido por el tono casi costumbrista con el que arranca el pr&#243;logo. La autora cuenta el 18 de julio a trav&#233;s de las historias de individuos an&#243;nimos, como Pilar, una maestra que se dirig&#237;a a la verbena del barrio vigu&#233;s de Bouzas cuando unos guardias la mandaron para casa, o Arturo, que hubo de huir del pueblo lucense donde ense&#241;aba porque las derechas locales le andaban buscando escopeta en mano. Esta humanizaci&#243;n del acontecimiento, adem&#225;s de impeler moralmente al lector a empatizar con las v&#237;ctimas de la guerra, representa una propuesta metodol&#243;gica espec&#237;fica. Una apuesta por una historia que pone el foco sobre el sujeto y sus circunstancias. Un sujeto identificado no solo con los grandes hombres, sino tambi&#233;n con los hombres y mujeres corrientes que, sin propon&#233;rselo, sufrieron la historia en sus propias carnes.</p>
    <p>El primer cap&#237;tulo supone un ejercicio ejemplar de s&#237;ntesis hist&#243;rica. Pilar Mera expone con claridad y concisi&#243;n las claves del periodo que precedi&#243; a la conspiraci&#243;n, desde la revoluci&#243;n del 14 de abril de 1931 hasta los comicios de febrero de 1936. La historiadora explica el alcance, los obst&#225;culos y las carencias de las reformas de los gobiernos republicano-socialistas, as&#237; como los episodios subversivos y los conatos revolucionarios que perturbaron la trayectoria de la Rep&#250;blica. Tambi&#233;n relata la competencia entre las principales formaciones pol&#237;tico-sociales por conquistar el poder e imponerse a sus enemigos, as&#237; como las providencias dictadas desde el Ejecutivo para contener la escalada de violencia durante la primavera del 36. En estas p&#225;ginas, Mera demuestra el exhaustivo conocimiento que posee sobre tres variables cuya ponderaci&#243;n resulta indispensable para comprender los or&#237;genes de la conjura. A saber, las negociaciones, confrontaciones y alianzas entre los dirigentes de los partidos para formar o derribar gobiernos y mayor&#237;as parlamentarias, la eterna disputa entre los poderes civil y militar por controlar el Estado y ejercer la funci&#243;n gubernativa, y, por &#250;ltimo, las reorganizaciones org&#225;nicas y las pol&#237;ticas implementadas por el Ejecutivo para garantizar el orden p&#250;blico.</p>
    <p>Seguidamente, la autora refiere los vericuetos de la conspiraci&#243;n militar, remont&#225;ndose a los sondeos y tentativas golpistas que se sucedieron desde finales de 1935, e incidiendo en la designaci&#243;n del general Mola como &#171;el Director&#187; y la imposici&#243;n de su modelo centr&#237;peto de golpe de Estado. Prosigue Mera desmenuzando la participaci&#243;n en el movimiento de las fuerzas derechistas y los recursos financieros y humanos que aportaron, y contin&#250;a narrando el tornadizo dise&#241;o de la insurrecci&#243;n por medio del an&#225;lisis de las famosas instrucciones reservadas de Mola. Merece la pena destacar c&#243;mo ha conseguido captar la fragilidad e incerteza que condicionaron aquella conjura. La historiadora evidencia c&#243;mo el plan fue mutando en funci&#243;n de las ambiciones de los generales, el n&#250;mero y jerarqu&#237;a de los mandos que fueron sum&#225;ndose, el compromiso de los apoyos civiles y el progresivo cerco policial. &#218;nicamente desde el reconocimiento de esta incertidumbre puede comprenderse por qu&#233; la rebeli&#243;n solo cosech&#243; un &#233;xito &#8212;o, m&#225;s bien, un fracaso&#8212; parcial.</p>
    <p>La r&#233;plica del Gobierno una vez empezada la sublevaci&#243;n y sus trifulcas con las organizaciones frentepopulistas centran la atenci&#243;n del cap&#237;tulo tercero. Las asociaciones obreras, en especial las socialistas, llevaban meses criticando la blandura y pusilanimidad de las medidas contra los conspiradores. Las autoridades republicanas justificaban su prudencia invocando la necesidad legal de acumular m&#225;s pruebas antes de actuar y la conveniencia estrat&#233;gica de esperar a que el movimiento arrancara para yugularlo de ra&#237;z. Desmarc&#225;ndose de la lectura predominante, que reproduce los juicios y denuncias de las formaciones de clase, Mera incide en las razones que asist&#237;an al Ejecutivo: la necesidad de retener la lealtad de los militares y guardias indecisos, y el voluble compromiso obrero, que qued&#243; en evidencia con el fracaso de los gobiernos de Prieto y Mart&#237;nez Barrio. El inicio de la insurrecci&#243;n polariz&#243; m&#225;s si cabe ambas posturas dada la exigencia sindical de distribuir armas entre el &#171;pueblo&#187;, a lo que se negaba Casares, temeroso de perder el control del aparato de seguridad y comprometer irreversiblemente el monopolio estatal de la violencia. La cuesti&#243;n no resultaba balad&#237;, pues, en efecto, el reparto abri&#243; el camino de la privatizaci&#243;n del empleo de la fuerza, la desarticulaci&#243;n del Estado y la revoluci&#243;n. Pero no debe perderse de vista que la revoluci&#243;n &#8212;mejor expresado, la contrarrevoluci&#243;n&#8212; ya hab&#237;a comenzado en el bando contrario a causa de una rebeli&#243;n tramada en
      las entra&#241;as del propio Estado.</p>
    <p>El &#250;ltimo cap&#237;tulo disecciona los primeros compases de la sublevaci&#243;n y su diferenciado desenlace en distintas latitudes de la pen&#237;nsula. Comenzando por Madrid, donde las milicias obreras no tardaron en desempe&#241;ar funciones parapoliciales enfundadas en el mono azul. Sin embargo, su papel auxiliar durante el asedio del cuartel de la Monta&#241;a, en el que el peso de la operaci&#243;n recay&#243; sobre los guardias civiles y de asalto, pone de manifiesto un extremo sobradamente demostrado: que el triunfo del golpe dependi&#243; de la conducta del personal de los cuerpos militares y de seguridad. En su decisi&#243;n hubieron de sopesar diversos elementos de su cultura corporativa. Disciplina, neutralidad y obediencia al poder establecido, por una parte, y patriotismo, principio de autoridad y tradici&#243;n pretoriana, por otra. La equilibrada distribuci&#243;n del territorio, los efectivos y el material b&#233;lico entre sendos contendientes, escorada en beneficio de los sublevados merced al auxilio de las potencias fascistas, explican que la situaci&#243;n se decantara hacia la guerra.</p>
    <p>El relato concluye con un ep&#237;logo que condensa las virtudes y cualidades que convierten esta obra en una investigaci&#243;n ineludible sobre el 18 de julio. La magn&#237;fica prosa de Pilar Mera vuela especialmente en estas p&#225;ginas y se complementa de maravilla con los versos del poeta Celso Emilio Ferreiro, que dan nombre a la secci&#243;n. Su condici&#243;n de bi&#243;grafa salta nuevamente a la vista en la manera en que da cuenta del tr&#225;gico destino que corrieron durante la posguerra los pol&#237;ticos republicanos y otros actores que hicieron frente al golpe. El perfil m&#225;s desconocido de muchos de estos trasluce la firme intenci&#243;n de la autora de tener presentes a aquellos sujetos de la historia que jugaron un papel m&#225;s discreto o que simplemente la padecieron, que no es poco.</p>
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