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        <article-title><styled-content style-type="transform">MORENO GARRIDO, Ana, <italic>De forasteros y turistas. Una historia del turismo en Espa&#241;a (1880-1936), </italic>Madrid, Marcial Pons, 2022, 358 p&#225;gs., ISBN: 978-84-18752-29-2.</styled-content></article-title>
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    <p>Los estudios sobre la historia del turismo en Espa&#241;a han experimentado en los &#250;ltimos a&#241;os una apreciable y fecunda expansi&#243;n, cuantitativa y cualitativa. Se han multiplicado las y los especialistas dedicados a la misma, lo han hecho sus publicaciones, as&#237; como la presencia en congresos, tanto nacionales como extranjeros. Se han ampliado tambi&#233;n los temas objeto de estudio y las perspectivas. El turismo, es sabido, es una materia poli&#233;drica, con una dimensi&#243;n pol&#237;tica, econ&#243;mica, cultural, sociol&#243;gica, antropol&#243;gica e igualmente medioambiental, pues se expresa en el territorio, en la producci&#243;n, uso y consumo de espacios tur&#237;sticos, con sus vertientes natural y sociocultural. Lo son igualmente sus agentes, desde quien realiza el viaje hasta quien lo intermedia o presta servicios a quienes viajan. Esos sujetos y sus pr&#225;cticas var&#237;an en funci&#243;n de la renta disponible, el tiempo y los medios t&#233;cnicos que posibiliten esa forma de migraci&#243;n temporal que significa el turismo, lo que lo convierte en una realidad mutante. Por ello el turismo, como fen&#243;meno, y los y las turistas, como sujetos hist&#243;ricos, son una materia dif&#237;cil de aprehender, abordable con diferentes &#243;pticas o paradigmas. Las dificultades se acent&#250;an, si de una historia nacional del turismo se trata, cuando no existen datos agregados o los que existen son fragmentarios.</p>
    <p>Estas limitaciones han afectado a la historia nacional del turismo en Espa&#241;a, especialmente a la referida a sus primeros desarrollos en el siglo XIX y primer tercio del XX. Esto no ha impedido su cultivo, e incluso su eclosi&#243;n en la &#250;ltima d&#233;cada. Esta eclosi&#243;n ha llegado a todas las etapas hist&#243;ricas, la franquista y la m&#225;s reciente de la democracia, el siglo XIX y el primer tercio del siglo XX (incluyendo los a&#241;os de Guerra Civil). Precisamente, a este &#250;ltimo per&#237;odo ha sido al que se le ha dedicado una especial atenci&#243;n, al menos desde 2016. En 2017 tuvo lugar en Poio (Pontevedra) el I Congreso de Historia del Turismo, &#171;&#8230;Espa&#241;a, 1900-1939. El nacimiento de un pa&#237;s de turismo&#187;. De inmediato fue publicado el libro <italic>Los or&#237;genes del turismo moderno en Espa&#241;a. El nacimiento de un pa&#237;s tur&#237;stico, 1900-1939 </italic>(2018), al que siguieron, entre 2017 y 2022, diversidad de art&#237;culos y monograf&#237;as, entre los que cabe citar: <italic>La red de Paradores: Arquitectura e Historia del Turismo, 1911-1951 </italic>(2018), <italic>Luis Bol&#237;n y el turismo en Espa&#241;a entre 1928 y 1952 </italic>(2021), <italic>De la fonda al hotel </italic>(2021), as&#237; como <italic>Historia del turismo en Espa&#241;a, 1928-1962 </italic>(2021), con sendos cap&#237;tulos sobre &#171;El arranque del turismo moderno: 1900-1936&#187; y su &#171;hundimiento&#187; durante la Guerra Civil, e <italic>Historia econ&#243;mica del turismo en Espa&#241;a (1820-2020) </italic>(2022), con un cap&#237;tulo centrado en &#171;El auge experimentado en el primer
      tercio del siglo XX&#187;.</p>
    <p>Esta proliferaci&#243;n de trabajos, a los que se suman m&#250;ltiples aportes regionales o provinciales, ha permitido caracterizar, con unos trazos m&#225;s consistentes que los que ten&#237;amos hasta 2015, la naturaleza tur&#237;stica del pa&#237;s y sus actores, con varias ideas b&#225;sicas. En estos casi cuarenta a&#241;os tuvo lugar el arranque del turismo <italic>moderno </italic>en Espa&#241;a, esto es, el turismo entendido como industria. Se asiste a la conformaci&#243;n de un sistema tur&#237;stico con diferencias regionales, y una geograf&#237;a tur&#237;stica, litoralizada, que avanza la que se dibuja desde 1950, basculada hacia el Mediterr&#225;neo. Ese sistema tur&#237;stico se revela en los destinos, los productos y los agentes: la creaci&#243;n de una aut&#233;ntica administraci&#243;n tur&#237;stica, asociaciones de fomento, las empresas, parcial o totalmente tur&#237;sticas, en el &#225;mbito de los transportes, la agencia del viaje, los establecimientos termales y la hosteler&#237;a o las publicaciones tur&#237;sticas, aspectos empresariales que ya se estudian de forma novedosa e in&#233;dita. En la composici&#243;n del turismo, destaca el turista nacional, dentro de Espa&#241;a y hacia el exterior, y el menor peso del turista extranjero, un turista objetivo desde 1903-1905, cuyo avance permite al pa&#237;s mostrarse, con una perspectiva global, como un pa&#237;s emergente en el mercado tur&#237;stico mundial (entre el puesto 13 y el 11 en 1931-1933), no l&#237;der a&#250;n, con una posici&#243;n relativa en el turismo mundial algo mejor que en el comercio mundial (&#171;Spain in international tourism: a
      backward and emerging country (1900-1939)&#187; &#8212;en <italic>Turismo 4.0. Storia, digitalizzazione, territorio</italic>&#8212;, Milano, 2021, pp. 82-83); por tanto, presenta algunos rasgos de &#171;pa&#237;s tur&#237;stico&#187;, a&#250;n sin consolidar. Y, en fin, un turismo, nacional e internacional en Espa&#241;a, que experiment&#243; los mismos &#171;ciclos tur&#237;sticos&#187; (econ&#243;micos) que el turismo mundial, del que se desacopla en julio de 1936. Desde un punto de vista sociol&#243;gico, el tono lo marcan las &#233;lites; pero se constatan formas populares de turismo, de modo que se produjo su extensi&#243;n social, un proceso de capilaridad hacia abajo, con segmentaci&#243;n social de destinos y estratificaci&#243;n social dentro de los destinos, ya en el siglo XIX. La revoluci&#243;n de la movilidad con los transportes colectivos por carretera fue relevante en esa ampliaci&#243;n de la base social del turismo en las d&#233;cadas de 1920 y 1930, las de la rebeli&#243;n de las masas.</p>
    <p>El libro de Ana Moreno, <italic>De forasteros y turistas. Una historia del turismo en Espa&#241;a (1880-1936) </italic>forma parte de esta especie de onda expansiva que vive la historiograf&#237;a espa&#241;ola del turismo. Ella es una de las cualificadas art&#237;fices de esta eclosi&#243;n de los estudios tur&#237;sticos. Estamos ante un libro que tiene vocaci&#243;n de aproximaci&#243;n totalizadora al turismo y a los turistas en Espa&#241;a en un tiempo que arranca hacia 1880 y finaliza en 1936, aunque se centre m&#225;s en el primer tercio del siglo XX. El libro se organiza, cronol&#243;gicamente, en seis cap&#237;tulos: hasta 1900, 1900-1910, 1910-1918, 1911-1918, 1917-1928, 1928-1931 &#8212;de &#171;gran salto adelante&#187;&#8212; y 1931-1936. No explicita los criterios de los cortes temporales, aunque se sobreentiende que los identifica con &#171;ciclos&#187; marcados por cambios en la institucionalizaci&#243;n de la pol&#237;tica tur&#237;stica y, tambi&#233;n, en las principales etapas pol&#237;ticas. Esta obra se inicia con un apartado preliminar, &#171;En busca del pa&#237;s&#187;, donde reflexiona sobre paisaje y turismo, y los turistas como int&#233;rpretes, y parte, de ese paisaje. Termina con un Ep&#237;logo, a modo de breves conclusiones, y un Postfacio, en forma de reflexi&#243;n final; en ella evoca algunos paisajes y ambientes, algunos hombres, mujeres y proyectos que fueron forjados y forjaron aquel turismo en los que considera &#171;unos a&#241;os fundamentales&#187; en la formaci&#243;n de la Espa&#241;a moderna. En el relato de esta historia tur&#237;stica late la idea de un turismo experiencia, de relaci&#243;n f&#237;sica y
      emocional con los territorios, que construye identidades: &#171;Los turistas han hecho mucho en la construcci&#243;n contempor&#225;nea de Espa&#241;a transformando espacios, vi&#233;ndolos con otros ojos y apropi&#225;ndose de ellos porque el turismo &#8212;sostiene&#8212; consiste precisamente en eso, primero imaginar, luego ir y, por &#250;ltimo, incorporar, emocionalmente, esa experiencia&#187; (p. 12).</p>
    <p>El libro, bien escrito, es brillante por momentos, sobre todo para aquellos per&#237;odos hist&#243;ricos que la autora ha frecuentado m&#225;s (la etapa de la Comisar&#237;a Regia y la del PNT de la dictadura de Primo de Rivera), no tanto para la Rep&#250;blica. El apartado de conclusiones es breve. A uno le hubiera gustado leer un &#171;a modo de balance final&#187;, que sintetizara las principales l&#237;neas argumentales del relato tur&#237;stico de la autora (que tienen que ver, creo, con el turismo y la identidad nacional). Moreno considera que, aunque el pa&#237;s no fuese un gran destino tur&#237;stico internacional, estos &#171;treinta a&#241;os de crecimiento sostenido hab&#237;an hecho de Espa&#241;a un pa&#237;s tur&#237;stico, no solo porque hubiera turistas e industria, sino porque se hab&#237;an explorado todas las piezas del complicado puzle&#187;. Tambi&#233;n parece muy clara, destaca, la &#171;relaci&#243;n del turismo con la pol&#237;tica&#187;, y que desde muy pronto se entendi&#243; &#171;el papel que esa nueva industria estaba llamada a desempe&#241;ar en asuntos como la diplomacia cultural o las relaciones internacionales&#187; (otra cosa son los resultados) (pp. 317-318), as&#237; como su posible papel &#171;social y educativo&#187;. La autora pone de relieve el &#171;binomio indisoluble&#187; entre turismo y cultura, una relaci&#243;n compleja, y rastrea con detalle la ligaz&#243;n entre pr&#225;cticas tur&#237;sticas (excursionismo cultural o de naturaleza), e inventario, conservaci&#243;n y divulgaci&#243;n del patrimonio art&#237;stico y natural (parques nacionales, sitios o monumentos de inter&#233;s). A trav&#233;s de estas ligazones, no
      siempre lineales o directas, durante estos a&#241;os se incorpor&#243; &#171;el arte, la cultura y la identidad nacional a un sector&#187;, y se efectuaron una primeras musealizaciones (de la mano de Vega-Incl&#225;n) con finalidad tur&#237;stica. Tambi&#233;n enfatiza la autora que &#171;el discurso sobre el turismo siempre tiene que ver el pa&#237;s desde fuera (sic) y ese cabo tambi&#233;n se at&#243; muy pronto porque una parte, y no precisamente peque&#241;a, de la historia tur&#237;stica nacional se escribi&#243; en el exterior y desde el exterior, no solo porque fuese una moda importada, sino por el papel que desempe&#241;aron los turistas, sobre todo ingleses, los primeros y m&#225;s influyentes, pero tambi&#233;n por la responsabilidad que tuvieron los editores europeos (&#8230;) creando im&#225;genes y estereotipos&#187; de Espa&#241;a (pp. 319-320).</p>
    <p>Es una afirmaci&#243;n discutible. Desde mi punto de vista, revela algunas de las debilidades o pasivos del libro. El viajero y el turista ingl&#233;s, y los productores de libros y gu&#237;as de viajes de esa nacionalidad, as&#237; como las &#171;colonias&#187; de brit&#225;nicos, fueron importantes, sin duda. Pero, en el caso espa&#241;ol, tras la I Guerra Mundial, los turistas de esa procedencia no fueron mayoritarios entre los extranjeros &#8212;las estad&#237;sticas disponibles as&#237; lo indican&#8212; y, tanto ellos como los de otros pa&#237;ses, representaron una fracci&#243;n peque&#241;a del turismo total en Espa&#241;a, de en torno al diez por ciento. Los espa&#241;oles fueron quienes, desde mediados del siglo XIX, turistificaron el pa&#237;s, y se condujeron por el mismo pertrechados, cuando lo hicieron, con las m&#250;ltiples gu&#237;as y libros de viajes, o cr&#243;nicas de viajes de la prensa diaria o ilustrada, general o espec&#237;ficamente tur&#237;stica. Eran productos creados por espa&#241;oles y espa&#241;olas, publicados por iniciativa de particulares, empresas o sociedades de hosteleros o de fomento de turismo, como la de Barcelona, que ten&#237;a colecci&#243;n propia de gu&#237;as, o por organismos oficiales, ayuntamientos, cabildos o el Patronato Nacional de Turismo, desde 1928. La producci&#243;n fue notable.</p>
    <p>Sosten&#237;a Moreno en 2007 &#8212;y mantiene en cierto modo en este libro&#8212; que &#171;la atenci&#243;n de nuestra industria editorial nacional por el hecho tur&#237;stico fue nula. Al no ser Espa&#241;a una naci&#243;n tur&#237;stica, la socializaci&#243;n del mismo a trav&#233;s de una gu&#237;a no ten&#237;a sentido. Tuvieron que ser las iniciativas extranjeras las que vinieran a llenar ese vac&#237;o&#187; (<italic>Historia del turismo en Espa&#241;a en el siglo XX, </italic>p. 58). Entre 1875 y 1900, por ejemplo, se publicaron sobre Galicia al menos quince libros de viajes y gu&#237;as, de autores nacionales; la llegada del ferrocarril, iniciada la d&#233;cada de 1880, actu&#243; de desencadenante (<italic>Scripta Nova, </italic>618, 2019: 11-13). El fen&#243;meno es generalizable a muchas de las provincias espa&#241;olas, y, por supuesto, fue m&#225;s intenso en el primer tercio del siglo XX. Sin descuidar el papel que tuvieron gu&#237;as y libros extranjeros, la imagen de la Espa&#241;a tur&#237;stica la crearon, en estos a&#241;os de arranque del turismo moderno, sobre todo los espa&#241;oles de extracci&#243;n urbana que viajaban y estas publicaciones &#8212;o &#225;lbumes de fotos o postales&#8212; que les ilustran, animan o gu&#237;an, antes o durante el viaje. Otro tanto sucedi&#243; con las revistas, parcial o totalmente dedicadas al turismo hasta 1936. Hoy contamos con un primer amplio cat&#225;logo, y un estudio, debido a Eva Concejal (2018), que Moreno no cita, cat&#225;logo que actualmente perfeccionan Beatriz Correyero y Saida Palou. Intuyo que ser&#225; dif&#237;cil elaborar una adecuada valoraci&#243;n del papel del turismo en la
      construcci&#243;n de la identidad nacional en Espa&#241;a durante el siglo XIX y el primer tercio del XX, sin tener en cuenta esta literatura, alguna de insignes escritores o reputadas intelectuales, como Unamuno, Azor&#237;n, Pardo Baz&#225;n, Casas Abarca, Ciro Bayo, Blasco Ib&#225;&#241;ez, Otero Pedrayo, Fern&#225;ndez Flores, S&#225;nchez Cant&#243;n, Tormo, Camba, Jaime Escalas, etc.</p>
    <p>Ana Moreno afirma en este libro que &#171;pasado 1929 poco se volvi&#243; a escribir sobre turismo. Ni el tema entr&#243; en los intensos debates de 1931, ni apareci&#243; en las leyes republicanas, empezando por la propia Constituci&#243;n, que nunca lo menciona, quedando relegado a su peque&#241;o rinc&#243;n sectorial&#187;. No es as&#237;. Los a&#241;os treinta fueron los de mayor presencia medi&#225;tica del turismo (ha sido cuantificado) y cuando m&#225;s se habl&#243; en el parlamento espa&#241;ol sobre &#233;l hasta entonces; aparecieron revistas dedicadas exclusivamente al turismo, y este se incluy&#243; en el debate sobre los modelos de desarrollo y la planificaci&#243;n econ&#243;mica y territorial regional, que despuntaba. Lo vemos en Arag&#243;n y en Catalu&#241;a. Lo comprobamos en la constituci&#243;n de un activo grupo parlamentario pro-tur&#237;stico en las Cortes republicanas (1934-1936). Lo constatamos en la importante ley municipal de 1935, que incluy&#243;, entre las competencias de las corporaciones locales, el &#171;Fomento del turismo; protecci&#243;n y defensa del paisaje; museos; monumentos art&#237;sticos e hist&#243;ricos; playas y balnearios&#187;. Esto no aparece en este libro que comentamos. Los a&#241;os de la Rep&#250;blica son posiblemente los m&#225;s desdibujados en &#233;l, hasta el punto de que se afirma que &#171;lo realmente importante ocurri&#243; en 1932, quiz&#225; el &#250;ltimo a&#241;o tur&#237;sticamente interesante antes de la guerra&#187; (p. 287). Apenas se hace referencia a la actividad empresarial en el &#225;mbito de las agencias o de la hoteler&#237;a &#8212;sobre lo que algo se ha escrito estos &#250;ltimos a&#241;os&#8212;, ni se
      estudia el extraordinario fermento congresual y de eventos pro-tur&#237;sticos, el m&#225;s intenso e importante del ciclo hist&#243;rico que finaliza en 1936, con un componente empresarial que no alcanzaron los de 1908-1912. El libro no acierta al identificar estos congresos, pues se&#241;ala menos de los que hubo y no los estudia (p. 291). Se presentan en &#233;l algunos de los debates pol&#237;ticos sobre el turismo, respecto a Catalu&#241;a y la &#171;organizaci&#243;n territorial&#187;, pero no se aportan las claves de lo que realmente se discuti&#243;, relacionado con el enfrentamiento, que arranca en 1929, sobre el modelo de la organizaci&#243;n oficial del turismo en el nivel provincial, como puede leerse en <italic>Historia del turismo en Espa&#241;a, 1928-1962 </italic>(2001, pp. 60-110); la revista <italic>Estudios Tur&#237;sticos </italic>(223, 2021, pp. 93-139) o <italic>El turismo en Espa&#241;a e Italia antes del boom tur&#237;stico </italic>(2022, pp. 121-146). Los sindicatos de iniciativa fueron uno de los int&#233;rpretes de este debate de fondo. El uso de algunas de sus magn&#237;ficas revistas, en el caso de los sindicatos de Valencia, Barcelona o Arag&#243;n (disponible en red), hubiera sido &#250;til. En esta investigaci&#243;n no se ha utilizado ninguna de ellas.</p>
    <p>En este libro tambi&#233;n encontramos ejemplos de elevaci&#243;n a categor&#237;a de lo que es un simple testimonio de &#233;poca &#8212;en algunos casos extempor&#225;neo&#8212;, sobre determinados destinos tur&#237;sticos. Lo vemos respecto a la ciudad de A Coru&#241;a, por ejemplo, y respecto al Mediterr&#225;neo espa&#241;ol decimon&#243;nico. A Coru&#241;a es m&#225;s tur&#237;stica de lo que pudiera desprenderse de un art&#237;culo de prensa de 1930 sobre su principal playa, Riazor, que est&#225; a&#250;n sin urbanizar (p. 101). Los documentados trabajos de Elvira Lindoso y Margarita Vilar, o los de Santos Solla o D&#237;az L&#243;pez sobre su hosteler&#237;a, revelan una realidad algo distinta. La implicaci&#243;n empresarial, c&#237;vica y municipal a favor del turismo despeg&#243; tras la conexi&#243;n ferroviaria de la ciudad con Lugo (1875) y Madrid (1885), y en la d&#233;cada de 1920 y en los primeros treinta mostr&#243; un extraordinario dinamismo, cuando se publicitaba como &#171;Ciudad de veraneo&#187;. En julio de 1935, &#171;la peri&#243;dica escala de barcos extranjeros de turismo, quiz&#225; mayor que en a&#241;os anteriores, acent&#250;a la nota de animaci&#243;n (&#8230;). Autobuses y autos particulares acuden diariamente en gran n&#250;mero y los trenes arriban a la ciudad con centenares de veraneantes&#187; (<italic>Galicia Industrial y Comercial, </italic>112: 1). No ser Santander o San Sebasti&#225;n no significa irrelevancia tur&#237;stica.</p>
    <p>Del turismo en el Mediterr&#225;neo, se afirma en el libro que &#171;la construcci&#243;n tur&#237;stica de este mar no empez&#243; hasta el siglo XX&#8230; Durante d&#233;cadas nadie se acerc&#243; a sus costas en verano&#187; (pp. 203-204). Algunos testimonios contempor&#225;neos revelan otra cosa: &#171;Ya se ha inaugurado la temporada de ba&#241;os en la playa de Alicante (&#8230;), se han introducido grandes mejoras en esta parte, construy&#233;ndose (&#8230;) establecimientos elegantes para los ba&#241;istas&#187; (<italic>El Pensamiento Espa&#241;ol, </italic>26-5-1860); &#171;nada menos que diez establecimientos de mar elegantemente construidos y rivalizando todos en comodidad&#187; (<italic>La Correspondencia de Espa&#241;a, </italic>25-6-1865); y, es &#171;mayor cada d&#237;a el n&#250;mero de forasteros que visitan esta ciudad; (&#8230;) teni&#233;ndola ya no solo como estaci&#243;n balnearia sino tambi&#233;n como residencia de invierno&#187; (Roca de Togores, <italic>Gu&#237;a de Alicante, </italic>1882: 3). La llegada del ferrocarril Madrid-Alicante en 1858 fue el detonante, al igual que sucedi&#243; con Valencia (1859) o Barcelona. Dio lugar a la creaci&#243;n de uno de los primeros productos tur&#237;sticos espa&#241;oles, el del &#171;tren botijo&#187; &#8212;de Madrid a Alicante, o hacia Madrid, de fin de semana, para valencianos o alicantinos&#8212;. Las primeras sociedades de fomento del turismo de que tenemos noticia se crearon en M&#225;laga y en Alicante en 1896 (Junta de propaganda del clima de Alicante). Revelan la apuesta por el turismo de salud (ba&#241;os, climatolog&#237;a y residencia invernal), que se extendi&#243; a Denia y otras ciudades
      mediterr&#225;neas desde la d&#233;cada de 1880 (<italic>Turisme, Gastronom&#237;a, Oci i Salut als municipis valencians: Una Perspectiva Hist&#242;rica, </italic>2012). <italic>De forasteros y turistas </italic>alude al turismo de las clases populares, pero se queda en la epidermis. Fijarse en este turismo sin el elitista glamur de las <italic>starts </italic>(el del &#171;Mediterr&#225;neo culto&#187;, p. 213) hubiese permitido un discurso m&#225;s matizado respecto al Mediterr&#225;neo tur&#237;stico del siglo XIX, sobre el que quedan algunas facetas por explorar.</p>
    <p>Constatar esta, y alguna que otra debilidad, no impide que entienda que estamos ante una publicaci&#243;n en varios aspectos excelente. Un libro es bueno cuando est&#225; bien escrito, entretiene y ense&#241;a. El libro de Ana Moreno re&#250;ne estas cualidades. Viene cargado de ense&#241;anzas. Considero que estamos, pues, ante una de las destacadas contribuciones de estos &#250;ltimos a&#241;os al relato sobre nuestra historia del turismo. A la que le queda, a&#250;n, mucho y mejor recorrido historiogr&#225;fico.</p>
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