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        <article-title><styled-content style-type="transform">MALO DE MOLINA, Jos&#233; Luis, <italic>Los a&#241;os cruciales del Banco de Espa&#241;a (1992-2018). Una&#160;visi&#243;n desde el interior, </italic>Madrid, Marcial Pons, 2021, 320 p&#225;gs., ISBN: 978-84-17945-94-7.</styled-content></article-title>
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    <p>Un banco central es una instituci&#243;n encargada de administrar y ejecutar la pol&#237;tica monetaria de un pa&#237;s. A lo largo del tiempo, los bancos centrales han ido adquiriendo las funciones de monopolio de emisi&#243;n de billetes y monedas de curso legal, de regulaci&#243;n del dinero en circulaci&#243;n, han actuado como banco del Estado y como banco de bancos, tambi&#233;n como estabilizadores del sistema financiero, se han dedicado a custodiar las reservas met&#225;licas, y han ejercido funciones de asesores financieros de los gobiernos. Para cumplir con todas estas actividades han ido perfilando en paralelo distintos instrumentos. Los principales pueden resumirse en estos tres: fijaci&#243;n de los tipos de inter&#233;s de referencia, operaciones en el mercado abierto y determinaci&#243;n del coeficiente de caja obligatorio. Alcanzar todas estas funciones y perfilar los instrumentos de pol&#237;tica monetaria disponibles han resultado de una evoluci&#243;n gradual, de un proceso largo en el tiempo, donde el mayor o menor &#233;xito alcanzado ha estado muy en relaci&#243;n con el grado de apertura de la econom&#237;a, con el tipo de sistema financiero, con el nivel de competitividad, con el modo de relaci&#243;n con la Hacienda, con el conocimiento te&#243;rico y la experiencia financiera, y con la existencia de textos legales que definan adecuadamente las funciones de banco central.</p>
    <p>El Banco de Espa&#241;a es la instituci&#243;n financiera m&#225;s longeva de nuestro pa&#237;s. En virtud de la Ley de Bancos de emisi&#243;n de 28 de enero de1856 el Banco Espa&#241;ol de San Fernando, creado en 1829, heredero del Banco Nacional de San Carlos (1782-1829) y que en 1847 se hab&#237;a fusionado con el Banco de Isabel II (1844-1847), tom&#243; el definitivo nombre de Banco de Espa&#241;a. Desde su fundaci&#243;n, fue un establecimiento privado con fines de lucro, por lo que, bajo criterios de maximizaci&#243;n del beneficio, se deb&#237;a a sus accionistas. Careci&#243;, por tanto, en sus or&#237;genes, de toda autoridad respecto a los dem&#225;s intermediarios financieros; sin embargo, mantuvo desde el primer momento una intensa relaci&#243;n financiera con el Tesoro P&#250;blico, que en muy poco tiempo le llev&#243; a ocupar una posici&#243;n preeminente dentro del sistema bancario, tanto en atenci&#243;n a la cuant&#237;a que alcanzaron los recursos propios como en relaci&#243;n a la capacidad de captaci&#243;n de pasivos. En 1874 obtuvo el monopolio de emisi&#243;n de billetes. La Ley de Ordenaci&#243;n Bancaria de 1921 le dot&#243; de algunos instrumentos que le acercaban a cumplir los objetivos propios de un banco central. En 1949 qued&#243; bajo el control de Estado, que nacionaliz&#243; todo su capital en 1962. El Tratado de la Uni&#243;n Europea, firmado en la ciudad de Maastricht (Holanda) el 7 de febrero de 1992, introdujo profundas modificaciones para hacer de la Comunidad Europea una Uni&#243;n Econ&#243;mica y Monetaria. Para este prop&#243;sito, en el &#225;mbito de la pol&#237;tica monetaria, se deb&#237;a
      otorgar al Banco de Espa&#241;a la autonom&#237;a que el nuevo Tratado contemplaba para las instituciones monetarias llamadas a integrarse en el Sistema Europeo de Bancos Centrales. A este fin respondi&#243; la Ley de Autonom&#237;a del Banco de Espa&#241;a de 1 de junio de 1994. En estos momentos el Banco de Espa&#241;a es una entidad de derecho p&#250;blico con personalidad jur&#237;dica propia, que act&#250;a con autonom&#237;a respecto a la Administraci&#243;n General del Estado en el desempe&#241;o de sus funciones. Es parte integrante del Sistema Europeo de Bancos Centrales y, como tal, est&#225; sometido a sus estatutos, a sus orientaciones e instrucciones y a las disposiciones del Tratado de la Comunidad. </p>
    <p>La consecuci&#243;n de tal sentido de independencia ha venido suscitando un encendido debate entre los especialistas sobre la efectiva realidad y cumplimiento de esta separaci&#243;n de funciones y de responsabilidad. En nuestros d&#237;as, muy marcados por la Gran Recesi&#243;n, las mayores controversias han girado en torno a cuestiones tales como &#191;un banco central debe ser independiente del gobierno y de los mercados? &#191;c&#243;mo puede justificarse un banco central independiente en el contexto de un gobierno democr&#225;tico? Las respuestas dadas han proporcionado una ampl&#237;sima literatura, con posturas todav&#237;a muy encontradas. En paralelo, una segunda y, tambi&#233;n, intensa discusi&#243;n ha girado en torno a la relaci&#243;n de los bancos centrales con los bancos comerciales y de inversi&#243;n. Tambi&#233;n la literatura existente sobre este particular es muy copiosa; pero, a pesar de ello, no se dispone a&#250;n de suficientes evidencias emp&#237;ricas concluyentes, ni a favor ni en contra, de la que puede considerarse la principal discusi&#243;n. Esta gira en torno a un agudo dilema, como dejo escrito Kindleberger, de &#171;azar moral&#187;: &#191;rescatar instituciones mal dirigidas hoy aumenta la mala gesti&#243;n de ma&#241;ana? El debate se ha centrado en dilucidar si cuando los bancos centrales se transforman en la fuente &#250;ltima de liquidez puede aparecer el riesgo de que los bancos comerciales y de inversi&#243;n, creyendo que ser&#225;n apoyados en &#250;ltima instancia por el banco central, terminen adoptando estrategias de crecimiento de alto riesgo, y por
      tanto ser fuente de inestabilidad. </p>
    <p>Ambas cuestiones, esto es, el tipo de relaciones cruzadas, a veces llenas de fricciones, que se van articulando entre los bancos centrales y los respectivos gobiernos, y el grado de eficacia en el desempe&#241;o de las funciones de vigilancia, supervisi&#243;n y regulaci&#243;n de los actores que conforman y participan en el sistema financiero, son centrales en el libro de Jos&#233; Luis Malo de Molina. Entre 1992 y 2015 el autor de este libro ocup&#243; la Direcci&#243;n General del Servicio de Estudios del Banco de Espa&#241;a. Ello le ha proporcionado un mirador privilegiado desde el que poder ofrecernos, ahora, sin caer en lo que E. P. Thompson llam&#243; la &#171;prepotencia de la posterioridad&#187; (que significa asumir la necesidad de que el observador se sit&#250;e, como los protagonistas del pasado, ante la incertidumbre del devenir, donde todas las opciones eran todav&#237;a posibles), una reflexi&#243;n, muy personal, pero honesta con las fuentes de que dispone, del papel desempe&#241;ado por el Banco de Espa&#241;a desde 1992. Este a&#241;o fecha el inicio de una etapa de creciente prestigio de la instituci&#243;n, a la que sucede otra, entrado ya el siglo XXI, en la que al comp&#225;s de los desaf&#237;os que ha ido marcado la Gran Crisis, como prefiere llamarla Malo de Molina, y de las controversias suscitadas por sus actuaciones supervisoras, llevaron a la instituci&#243;n a un creciente desprestigio: &#171;La p&#233;rdida de ascendiente del Banco de Espa&#241;a fue uno de los legados m&#225;s nocivos de la Gran Crisis [convirti&#233;ndose] (&#8230;) en el blanco preferido sobre el
      que descargar las principales responsabilidades del fracaso colectivo&#187;. </p>
    <p>En su trayectoria dentro del Servicio de Estudios del Banco de Espa&#241;a coincidi&#243; con cuatro gobernadores: Luis &#193;ngel Rojo, Jaime Caruana, Miguel Angel Fernandez Ordo&#241;ez y Luis Mar&#237;a Linde. Y esta es la raz&#243;n que explica que el libro se estructure en cuatro cap&#237;tulos. La etapa de creciente prestigio lo identifica con el periodo en el que Rojo fue gobernador: lleg&#243; al cargo con un amplio consenso pol&#237;tico y actu&#243; con habilidad y buen conocimiento t&#233;cnico para la incorporaci&#243;n de Espa&#241;a a la zona euro. La p&#233;rdida de confianza y de prestigio se iniciar&#237;a con Caruana y alcanzar&#237;a su c&#233;nit bajo el mandato de Fern&#225;ndez Ordo&#241;ez. La raz&#243;n principal la atribuye, dentro de un contexto macroecon&#243;mico internacional cada vez m&#225;s complejo y cr&#237;tico, a la p&#233;rdida de consenso entre las principales fuerzas pol&#237;ticas respecto al reconocimiento de la independencia del Banco de Espa&#241;a y en torno a los procedimientos de nombramiento de sus &#243;rganos de gobierno. Desde los primeros compases de la Gran Crisis, el Banco de Espa&#241;a, cada vez m&#225;s, fue escenario de pugnas partidistas en unos momentos en los que habr&#237;a sido m&#225;s necesario que nunca un mayor margen de confianza hacia la instituci&#243;n y un mayor respaldo a su autonom&#237;a para que, siempre con transparencia, se pusiera el principal acento en la gesti&#243;n profesional t&#233;cnica y competente. No oculta Malo de Molina que en plena crisis sist&#233;mica el Banco de Espa&#241;a pudo, y debi&#243;, ser m&#225;s insistente y contundente en sus informes, recomendaciones y
      advertencias. Los riesgos en los que se estaba incurriendo quedan claramente identificados (p&#233;rdida de competitividad, baja productividad en la estructura productiva, creciente d&#233;ficit exterior, los excesos inmobiliarios, el alto endeudamiento de familias y de empresas, un mercado de trabajo segmentado y desequilibrante): &#171;Falt&#243; dramatismo en la se&#241;alizaci&#243;n de los problemas que se pod&#237;an generar si no se produc&#237;an las rectificaciones de pol&#237;tica econ&#243;mica que se solicitaban&#187;. Pero, a pesar de todo ello, centra la principal responsabilidad en el lado de la pol&#237;tica. La inapropiada respuesta de la pol&#237;tica econ&#243;mica frente a la virulencia de la recesi&#243;n y el deterioro de los desequilibrios macroecon&#243;micos debe ocupar, a su juicio, un lugar de responsabilidad preferente; tambi&#233;n la pugna partidista, que coloc&#243; al Banco de Espa&#241;a en una posici&#243;n de creciente exposici&#243;n a esas tensiones.</p>
    <p>Dicho esto, a la hora de acotar y ponderar las responsabilidades, se echa en falta una mayor cr&#237;tica al paradigma econ&#243;mico entonces dominante y a su dimensi&#243;n aplicada. Me refiero a que, para llegar a ser un buen banco central, y para que una instituci&#243;n financiera de esta naturaleza desempe&#241;e bien sus funciones, deben los gestores saber prevenirse de persistir en pol&#237;ticas monetarias alejadas de la realidad, es decir, a cuidarse de lo que John K. Galbraith ha denominado la &#171;sabidur&#237;a convencional&#187;: estructura de ideas c&#243;modamente concebidas como explicaci&#243;n plausible de la realidad, aunque est&#233;n muy alejadas de ella. Debe reconocerse que, efectivamente, ha habido mucho de esto de lo que nos advierte el economista estadounidense, y que se percibe en la manera en que se fue afrontando la Gran Recesi&#243;n que se desat&#243; en 2008 y que vino a perturbar a las econom&#237;as m&#225;s desarrolladas, poniendo en evidencia que son las personas con menor renta y riqueza las que en mayor media han venido sufriendo las consecuencias del crac sist&#233;mico y de su discutible y &#171;t&#233;cnica&#187; gesti&#243;n. La literatura especializada m&#225;s citada ha constatado la eficiencia de los bancos centrales en controlar la inflaci&#243;n, que es menor en los pa&#237;ses en donde estas instituciones son m&#225;s transparentes, en cuanto a sus intenciones y sus acciones, y m&#225;s independientes. Es fundamental garantizar la capacidad que un banco central debe tener para elegir los &#171;instrumentos&#187; sin ser revocados por cualquier otra
      instancia pol&#237;tica, aunque no para elegir los &#171;objetivos&#187;, que en una democracia deben ser siempre establecidos por los parlamentos. </p>
    <p>El libro de Jos&#233; Luis Malo de Molina a&#250;na en buen maridaje memoria e historia reciente de la instituci&#243;n bancaria, an&#225;lisis macroecon&#243;mico y descripci&#243;n de la pol&#237;tica monetaria en el seno del Eurosistema, detalla el potente impulso modernizador que disfrut&#243; la econom&#237;a espa&#241;ola, sin ocultar sus debilidades y errores motivados por un exceso de confianza a todos los niveles que, finalmente, colocaron al pa&#237;s en una fr&#225;gil posici&#243;n cuando hubo de enfrentarse a la Gran Recesi&#243;n. Su lectura es imprescindible para conocer c&#243;mo se ha ido trazando el camino que partiendo de un elevado umbral de confianza en la capacidad de la econom&#237;a espa&#241;ola y de la sociedad en su conjunto, y cuyo c&#233;nit quedar&#237;a simbolizado en el &#233;xito de la celebraci&#243;n de los Juegos Ol&#237;mpicos de Barcelona y de la Exposici&#243;n Universal de Sevilla, ha ido cayendo en un progresivo pesimismo que ha terminado afectando al tejido pol&#237;tico e institucional del pa&#237;s. </p>
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