Mirar a la Universidad para pulsar dinámicas políticas, sociales e ideológicas en el pasado y en el presente ha resultado siempre un ejercicio saludable y muy fructífero. Siendo esa institución tan denostada en los últimos tiempos, tan repleta como está de referencias en los medios de comunicación que la vienen llenando de adjetivos, de imágenes, de elencos de personas que, en general, poco o nada aportan a la misma, pensar que lo que en ella sucede y de lo que desde ella se transfiere a la sociedad pueda resultar un buen medidor de los problemas de un país, es útil y alentador para los investigadores. La universidad cuenta con calificativos que, de manera insistente y por repetición, ya forman parte de su propio campo semántico: infrafinanciada, politizada, endogámica, inoperante, esclerotizada, poco competitiva, vendida a intereses comerciales, ajena a la vida real… Con este trabajo coordinado por Alberto Carrillo Linares titulado Depurados, represaliados y exiliados, nos adentramos en otro momento, en dominado por el franquismo, en el que el término que mejor encaja en su definición es el de mermada, esquilmada, forzada a nuevos usos y prácticas dictatoriales.
Este libro ofrece un repaso a la historia de la universidad española entre los años 20 y 80 del siglo XX en el que se cruzan enfoques propios de la historia social y de la política y voces de quienes vivieron los procesos que conformaron la institución durante la dictadura franquista. El libro, además, ofrece un paso más en la investigación sobre la Universidad española y sus protagonistas que ya viene caracterizando los trabajos del mismo autor y es su mirada comparativa y su búsqueda de espacios de expresión y de vida universitaria más allá de los ya clásicos estudios que miran preferentemente a Madrid, a Barcelona y a Valencia, por citar solo los casos más visitados por la historiografía. Sevilla, la Universidad de Sevilla, merece, como Alberto Carrillo señala y practica, ubicarse también en ese escenario de definición de la universidad franquista y de espacio de reivindicación y protesta por quienes desde allí también trataron de no seguir los principios impuestos por la dictadura.
El título anunciado de la obra cuenta con un subtítulo que participa la pregunta de investigación que guía todo el trabajo y que se enfoca en las pérdidas que supuso el modelo de universidad franquista y sus prácticas sobre lo que había sido (y hubiera podido seguir siendo) la universidad con la que España había arrancado el primer tercio del siglo XX. Con esa idea de menoscabo, de desmoche, como ya se llamó, de merma se evidencian pérdidas humanas, de escuelas de investigación, trabajo y pensamiento, de horizontes de avance para la ciencia española, de formas de hacer universidad más alineadas que nunca con un marco universitario internacional y europeo. Esas pérdidas también allanaron el camino para las formas de hacer universidad que el franquismo impuso y que, aún, pasado tanto tiempo, podemos advertir hoy en día.
Para que el pulso expuesto para entender la universidad franquista se sustancie y fundamente mejor, el coordinador del libro ha optado, además, por una fórmula escasamente practicada en el modo en que lo hace. El libro cuenta con análisis de historiadores/as que sirven para sostener los marcos y las coordenadas analíticas de los temas propuestos y, también, con voces de protagonistas, de estudiantes, testigos y participantes de movilizaciones y acciones organizadas, desde la universidad, contra el régimen de Franco.
Así, en estas páginas se estudia el peso que para la comprensión de la realidad académica del franquismo tuvieron las nociones de depuración, represión y exilio como ejes que vertebraron una realidad concreta que cercenó el día a día de la universidad; la presencia de las mujeres en las universidades españolas, su formación y su trabajo para la institución antes y después de la guerra; a los primeros protagonistas de la movilización estudiantil, la FUE, antes y durante la segunda república; el fenómeno del exilio y cómo la partida de destacados académicos españoles acentuó las mermas referidas; y se ubica, en el interior del Sindicato Español Universitario, gran parte del germen de la movilización antifranquista a partir de los años 50 del siglo XX. De todo este marco se ocupan, Alberto Carrillo Linares, Consuelo Flecha, Leandro Álvarez, Yolanda Blasco y Miguel Ángel Ruiz Carnicer. Pero también, hilvanado con todo lo anterior, escuchamos los relatos de la resistencia estudiantil en los primeros años del franquismo gracias a las experiencias de militancia de Albina Pérez y de Nicolás Sánchez-Albornoz en la FUE y conocemos la movilización política universitaria de la mano de Alejandro Rojas-Marcos, Luis Yáñez-Barnuevo, Pilar Aguilar, Rafael Navarrete, Isidoro Moreno y Bartolomé Clavero.
El libro se inserta en una especialidad historiográfica, la historia de la Universidad y de los movimientos estudiantiles de protesta que cuenta con títulos y autores reconocidos en ese ámbito que han sabido orientar y marcar las líneas interpretativas más básicas. Desde los trabajos de Maravall en una tardía década de los 70, a los estudios surgidos ya a comienzos del siglo XXI y firmados, entre otros, por Miguel Ángel Ruiz Carnicer, Marc Baldó, Eduardo González Calleja, Pere Ysàs, Ricardo Gurriarán, Mónica Moreno o el propio Alberto Carrillo Linares. Todos ellos son referentes indiscutibles y algunos, como ya se ha referido, están presentes acertadamente también en esta obra.
Como toda labor colectiva, la calidad de los textos es muy diversa y se echa en falta en algunos de ellos, sobre todo en la parte analítica, algo más de cuidado para que el resultado de la investigación gane en solvencia y se iguale en calidad al conjunto de los trabajos, por lo general, actualizados, bien ejecutados y con gran aporte documental y bibliográfico. Todos ellos se entrelazan en un recorrido temático y cronológico que permite tener varios ángulos desde los que entender qué supuso el franquismo para la universidad atendiendo, además, a personalidades concretas, a sus aportes, a sus perfiles y contribuciones. De todos los trabajos, como ya han señalado reseñantes de esta misma obra y que han precedido a quien escribe esta, tal vez sea el capítulo dedicado al exilio, ejemplificado en la figura de Mariano Ruiz Funes, el que adolece, como decíamos de cierto descuido y poca finura.
Nos encontramos, en definitiva, con un estudio actualizado, necesario, omnicomprensivo, plural, comparativo y descentralizado en ejemplos lo que abre excelentes horizontes para la continuidad, en estas claves, de los estudios sobre el pasado más cercano de las universidades españolas evitando particularismo, estudio de caso excesivamente cerrados y autorreferenciales. Alberto Carrillo es, sin duda, una de las mejores batutas para conseguir esos logros.