En las últimas décadas, la historiografía acerca de las órdenes militares ha experimentado importantes progresos tanto para la Edad Media como para la Edad Moderna. Ello ha tenido repercusiones en la península ibérica, ya que fue uno de los ámbitos geográficos, junto con Tierra Santa y el Báltico, donde la presencia de dichas órdenes fue más relevante. Las publicaciones se han multiplicado, se celebran congresos de forma periódica y se han desarrollado diversos proyectos de investigación al respecto. En relación con las órdenes militares se han explorado varios temas y uno de los últimos ha sido el de la religiosidad, que es la materia de la publicación objeto de la presente reseña.
Las órdenes militares fueron, ante todo, instituciones religiosas. Se trata en primer lugar de órdenes religiosas de la Iglesia Católica. Sin embargo, durante mucho tiempo la faceta más propiamente eclesiástica de las órdenes se estudió poco. Primero se analizaron sus vertientes política, bélica e institucional. Después se investigó mucho acerca de sus manifestaciones económicas, sociales e incluso culturales. Sin embargo, la religiosidad propia de las órdenes militares se tocó poco. Afortunadamente, esta situación está empezando a cambiar y el libro objeto de este comentario es un buen ejemplo de ello. Seguramente nos encontremos ante una recepción algo tardía de la corriente de la historia de las mentalidades en la historiografía sobre las órdenes militares.
Se trata de una obra de autoría colectiva. En su redacción han participado un total de quince investigadores diferentes. Como suele ocurrir en los libros de este tipo, su calidad es desigual. Junto a trabajos excelentes, aparecen otros menos buenos. En cuanto a la editorial que lo publica, Marcial Pons, como es bien conocido es una de las más importantes en el ámbito de la Historia en España. En este sentido, conviene destacar que el trabajo propiamente editorial en la obra resulta impecable.
Los directores de la publicación, Raquel Torres Jiménez y Jesús Molero García, son profesores titulares de Historia Medieval de la Universidad de Castilla-La Mancha. Esta Universidad ha destacado en las últimas décadas por su apoyo a las investigaciones acerca de la historia de las órdenes militares. Los dos profesores mencionados, en concreto, han coordinado dos proyectos de investigación diferentes sobre órdenes militares y religiosidad, por lo que eran las personas apropiadas para promover esta obra. Además, la profesora Torres es una gran especialista en la religiosidad popular en los señoríos de las órdenes militares. Por su parte, el profesor Molero ha destacado en el ámbito de la arqueología de las mismas órdenes.
El libro contiene un total de 13 artículos redactados por, como hemos señalado, quince especialistas (dos de los artículos son de doble autoría) procedentes de España, Portugal, Francia e Israel. En general, se trata de autores adecuadamente seleccionados, con amplia trayectoria en el estudio de las órdenes militares. No obstante, una primera crítica que se puede hacer a la obra aquí es que, junto a trabajos que efectivamente tienen que ver con la temática general de la obra, se encuentran otros cuyo objeto guarda escasa relación con el título del libro. La mayoría de los artículos tratan sobre la península ibérica. Solo hay dos acerca de Tierra Santa y de Francia. Y se observa la notable ausencia de la región del Báltico.
La obra se estructura en tres grandes partes. La primera de ellas es sobre espiritualidad, iglesias y conventos. La segunda trata acerca de religiosidad, vida cotidiana y cultura material. Finalmente, la tercera está dedicada a la proyección social y política de la religiosidad de las órdenes. Se trata de una división correcta y razonable que nos parece apropiada.
La primera parte (espiritualidad, iglesias y conventos) abarca cuatro artículos. En el primero de los trabajos, Carlos de Ayala analiza la espiritualidad de las órdenes militares peninsulares. En concreto, demuestra de forma adecuada la escasa vocación de mártires que tenían los miembros de las órdenes hispánicas, aunque existía en ciertos casos. No obstante, el autor tan solo emplea fuentes publicadas. A continuación, Joana Lencart estudia la devoción en las iglesias de la Orden de Cristo durante los siglos XV y XVI. No obstante, en realidad en muchas ocasiones trata más cuestiones de religiosidad popular que de la propia Orden de Cristo. Seguidamente, Paula Pinto Costa dedica un trabajo a las casas conventuales de las órdenes militares en Portugal. Esta autora destaca la influencia de la cercanía a Lisboa, centro principal de la monarquía portuguesa, en la ubicación final de estos conventos. Finalmente, Raquel Torres Jiménez realiza una amplia investigación acerca del convento de Calatrava la Nueva durante los siglos XV y XVI. Destaca aquí el amplio uso de documentación inédita por parte de la autora.
La segunda parte del libro (religiosidad, vida cotidiana y cultura material) consta de cinco artículos diferentes. En primer lugar dentro de esta parte, David Gallego y Jesús Molero exponen un trabajo de índole arqueológica acerca de las primeras iglesias de la Orden de Santiago en Castilla. A este respecto, presentan novedades importantes. Luego, Judith Bronstein escribe acerca del papel del refectorio y la comida en la religiosidad de los templarios y de los hospitalarios. Se refiere sobre todo al ámbito del Oriente Latino. Seguidamente Jaime García-Carpintero diserta sobre la alimentación y la religiosidad en el convento de Uclés a finales de la Edad Media. Utiliza como fuente principal a los libros de visita. Por su parte, Damien Carraz analiza el patrocinio de obras artísticas por parte de determinados dignatarios hospitalarios en el Sur de Francia durante los siglos XIII y XIV. Este investigador concluye que algunos altos oficiales de esta Orden empiezan a preocuparse por dejar su marca personal frente al corporativismo habitual en el Hospital. En este artículo cabe criticar que la traducción del original francés al español presenta algunos defectos, sobre todo al hablar de “homenaje vasallo” en lugar de “homenaje vasallático”. Para finalizar, Isabel Cristina Ferreira Fernandes estudia la iconografía del convento santiaguista de Palmela ya en el siglo XVI.
La tercera y última parte de la obra (dedicada a la proyección social y política de la religiosidad de las órdenes) abarca cuatro artículos. El primero de esta parte tiene como autoras a Julia Pavón y a María Bonet. Trata la religiosidad de los laicos en torno a la Orden del Hospital en Aragón y Navarra. Se trata de un trabajo interesante, en el que se destaca la abundante presencia de cofrades de ambas órdenes entre la aristocracia de los reinos orientales de la península ibérica. El siguiente trabajo es de Francisco Ruiz y se dedica al final de las cruzadas y a la crisis de las órdenes a fines del siglo XIII y principios del siglo XIV. El tema es muy sugerente. Sin embargo, el profesor Ruiz declara tomar como base a un autor italiano de finales del siglo XVI y principios del siglo XVII, Giacomo Bosio, quien fue el autor de la primera historia “oficiosa” de la Orden del Hospital, la cual no es muy fiable para los siglos XIII y XIV, según puso de manifiesto en su momento Anthony Luttrell. En cambio, sí que es útil para el siglo XV. Quizás por esta razón se observan algunas inexactitudes y faltas de precisión en el texto que hubiera convenido corregir. Además, en ocasiones los nombres de algunos de los gobernantes del Oriente Próximo de la época aparecen con las designaciones de las fuentes occidentales del periodo y no con las formas más correctas con las que se les conoce en la actualidad. De todas formas, repetimos que la temática de este artículo resulta especialmente interesante para nosotros. A continuación, Milagros Plaza trabaja acerca del intervencionismo de la monarquía en la Orden de Santiago según ella observa en la propia normativa de la Orden. En este artículo, debemos advertir que personalmente no compartimos algunas de las conclusiones y razonamientos de la autora. Ella ve intervencionismo regio en cuestiones de los establecimientos o estatutos santiaguistas que nosotros no vemos claro que hagan referencia a tal temática en ciertas ocasiones. Ya para concluir, Pedro Porras Arboledas analiza las competencias del Consejo de las órdenes militares en materia eclesiástica entre los años 1517 y 1522. Hay que destacar el abundante uso de documentación inédita de archivo en este último artículo. Sin embargo, también llama la atención la escasa utilización de bibliografía. Aunque el profesor Porras justifica tal práctica al final de su artículo, hubiera convenido que citara más publicaciones, sobre todo porque su periodo de estudio abarca, como el mismo autor destaca, la vital época del movimiento de las Comunidades de Castilla.
Se trata en casi todos los casos de contenidos muy interesantes y novedosos. Nos encontramos ante un volumen valioso y original, que trata asuntos que normalmente no se tratan en relación con las órdenes militares. De ahí su gran interés. La verdad es que no se puede criticar mucho más en esta obra, aparte de los detalles ya señalados. No obstante, sí que se echa de menos que por lo menos uno de los artículos estuviera dedicado a la Orden Teutónica y que algún otro tratara el caso de la Orden de Montesa. También falta quizás un mayor tratamiento del periodo de la Edad Moderna. Una de las mayores aportaciones de la investigación sobre las órdenes militares en las últimas décadas ha sido poner de manifiesto que dichas órdenes continuaron siendo entidades históricamente significativas y relevantes hasta el siglo XVIII. De ahí que hubiera sido interesante un mayor tratamiento de la Edad Moderna en el volumen objeto de la presente reseña, además del artículo de Porras Arboledas. Sobre todo, habría sido deseable que hubiera algún trabajo que se adentrase algo en los siglos XVII y XVIII. Finalmente, además quizás se puede echar de menos el tratamiento de un tema clásico en la historia de las órdenes militares en relación con este tema, como es su problemática relación con el episcopado. Al hilo de tal conflictividad se mencionan con frecuencia muchos aspectos relacionados con la religiosidad de las órdenes. La materia se cita en algunos de los artículos, en especial en el de Gallego y Molero, pero quizás hubiera convenido que alguno de los trabajos lo tratara de forma más monográfica.
Se observan, eso sí, algunas erratas aisladas y muy localizadas en el libro. En la página 109, donde pone “kilómetros cuadrados”, hay que entender obviamente “metros cuadrados”. Y en la página 332 se afirma que el papa Bonifacio VIII fue depuesto y asesinado, lo que evidentemente no es cierto. El proceso judicial iniciado a principios del siglo XIV contra el pontífice a instancias del rey Felipe IV de Francia al final no tuvo conclusión. Además, en 1303 el conocido como “Atentado de Anagni” terminó fracasando y Bonifacio VIII murió un mes después del suceso en Roma siendo todavía papa.
Se trata, en cualquier caso, de erratas menores, que no impiden que nuestra valoración global del libro sea francamente muy positiva. Constituye una auténtica y relevante puesta al día del tema. En consecuencia, hay que felicitar tanto a los directores del volumen como a los diferentes autores. Nos encontramos ante una obra cuya lectura es imprescindible para los historiadores especialistas en las órdenes militares en España. También resultará útil para los interesados en el estudio de la religiosidad medieval. Esperamos que en el futuro se siga con esta línea de investigación y aparezcan nuevas publicaciones que profundicen en la materia.