El libro que aquí se reseña merece una lectura atenta, pues expone los resultados de una novedosa propuesta epistemológica en torno a un material histórico y literario aún insuficientemente conocido. Clara Pascual-Argente, de reconocida competencia en el estudio de la presencia de la Antigüedad en la cultura medieval, investiga la operatividad de productos textuales vinculados a la figura de Alejandro Magno y a la guerra de Troya que surgieron de los ambientes áulicos del reino de Castilla a lo largo de los siglos XIII al XV; también se dedica un subcapítulo a la materia de Apolonio de Tiro. Defiende Pascual-Argente la eficacia política y artística de las materias alejandrina y troyana, y argumenta los modos de creación de una memoria cultural que cristalizó las ambiciones imperiales castellanas. Las sólidas hipótesis y lo detallado de los análisis ofrecidos convencerán tanto a especialistas de literatura medieval como a historiadores, especialistas de sociología de la cultura e historiadores del arte. Y es que no cabe pasar por alto, de hecho, una de las muchas virtudes de este libro: el despliegue estructurado de la argumentación y su engarce con los elementos probatorios que avanza su autora.
Esta monografía cuenta con algo menos de 300 páginas, divididas en una introducción, cuatro capítulos donde, como se ha dicho, el argumento es desarrollado mediante el recurso a apartados siempre perfectamente trabados, una conclusión, unos apéndices, una copiosa y bien informada bibliografía y un índice, sin olvidar los agradecimientos y una lista de veintitrés ilustraciones de buena calidad. Pascual-Argente sistematiza los conocimientos previos sobre las cuestiones tratadas, las analiza y expone sus resultados con claridad meridiana, proponiendo algunas idas y venidas entre diferentes momentos histórico-culturales de la secuencia cronológica sobre la cual ha escogido reflexionar. Arranca la investigación en la primera mitad del siglo XIII, acogiéndose la autora a los tres poemas anónimos Libro de Alexandre, Libro de Apolonio y Poema de Fernán González, cuya interconexión pone de relieve de modo innovador; se detiene en los decenios finales de ese mismo siglo, mediante el comentario de elementos de la General estoria de Alfonso X; se demora en el siglo XIV, en el reinado de Alfonso XI, primero, a partir del Poema epónimo y de las versiones romances del Roman de Troie de Benoît de Saint-Maur: la Crónica troyana y la Historia troyana polimétrica. Es esta sección (capítulos 2 y 3) probablemente la más brillante de una obra brillante. Pascual-Argente aborda a continuación facetas fundamentales de la cultura cortesana en torno al hijo de Alfonso XI, mediante el análisis de la Historia troyana de Pedro I, añadiendo una ingeniosa prolongación Trastámara que demuestra la violenta translatio imperii entre dinastías que se manifestó, en la primera mitad del siglo XV, en obras en apariencia tan disímiles como las Sumas de historia troyana, la Confisión del amante y El Victorial. La autora muestra cómo Troya pasa de ser un símbolo de las aspiraciones imperiales de Alfonso XI a ser asociada con la idea de caída y de exilio y con los deseos de restauración de la dinastía de Pedro I y de los petristas.
Este estudio ambicioso, repleto de buenas ideas, establece cuidadosamente las etapas de una amplia enquête histórico-filológica, amparado en su doble título, que merece comentario aparte. El título principal, genérico, declara la relación firme entre las nociones de memoria y de imperio, con el apoyo del concepto de “memoria cultural”, entendido por la autora, a la zaga de Errll y Rigney en Mediation, Remediation, and the Dynamics of Cultural Memory (2009. De Gruyter: Berlin), como la diversidad de mecanismos que permiten a una comunidad relatar un pasado pertinente para la afirmación de su identidad. El libro de Pascual-Argente es un estudio sobre la cultura política de la Castilla bajomedieval: se interesa pues por la (inter)acción de autores y receptores de los textos objeto de análisis, y por los procesos simbólicos que acompañaron la producción de tales artefactos: la autora escribe sobre comunicación política y sobre los modelos de actuación y de comprensión que pudieron ser compartidos por los miembros de las comunidades estudiadas, es decir, las cortes de los monarcas Fernando III, Alfonso X, Alfonso XI, Pedro I, Catalina de Lancastre y Juan II. El examen de dichos mecanismos y transformaciones se asienta sobre la noción de “media”: con McLuhan en el horizonte de recepción, Pascual-Argente enumera las formas contextualizadas (versos en cuaderna vía, prosa, iconografía) que influyeron en cómo se percibía el mensaje, y examina las elecciones estéticas de quienes alimentaron esa memoria cultural. Demuestra de tal modo que si bien los eclesiásticos promovieron una alianza eficaz y productiva entre clerecía y monarquía en la primera etapa de construcción de relatos en romance (los cuales participaron en la elaboración de una ideología monárquica), se difuminó paulatinamente la silueta de esos letrados de Iglesia como autoridad mediadora, dejando paso a escritores laicos a medida que la realeza se afirmaba como promotora de los textos. El evocador subtítulo se centra por el contrario sobre el personaje de Alejandro Magno y sobre las múltiples narraciones que brotaron a la sombra de este héroe universal; en la historia cultural de la Europa medieval, la materia alejandrina y la materia troyana se hallaron de hecho íntimamente ligadas, en una relación poco menos que linajística, metonímica o etnológica. Tal razón permite a la autora construir un hermoso desarrollo global sobre los lazos existentes entre la memoria de los héroes griegos clásicos y el imperio (o los imperios) castellanos, siguiendo de cerca a Hélène Sirantoine en su Imperator Hispaniae: les idéologies impériales dans le royaume de León (IX e -XII e siecles) (2012. Madrid: Casa de Velázquez), respecto del concepto de imperium, entrelazado, en territorio hispánico, con la expansión territorial a través de la conquista. Pascual-Argente explora los episodios de una historia cultural para un proyecto político, y para ello, de entrada, demuestra con pericia la relevancia del concepto o género de romance of antiquity o “romance de antigüedad”. Las obras que estudia Pascual-Argente, compuestas en lengua vernácula por clérigos, primero, por laicos, después, recrearon narraciones antiguas en beneficio de las élites cortesanas, cuya memoria cultural del pasado clásico quedó así configurada. La remembranza del pasado en las cortes regias acompañó, afirma la autora, la expansión territorial castellana: en el espacio social áulico, por lo tanto, fue esencialmente operativo el concepto de “romance de antigüedad”.
Pascual-Argente consigue demostrar la importancia de una tradición literaria, cultural y política a la que no se ha prestado suficiente importancia, y esboza una nueva pintura de las cortes regias como espacios muy interesados por la experimentación estética; es más, al extraer los textos de categorías propedéuticas profundamente enraizadas en la historia literaria hispánica, la autora nos permite comprender un paisaje textual e ideológico en movimiento, apuntando a las cortes del rey y de la alta aristocracia como sendos laboratorios de creatividad textual. Tales innovaciones fácilmente pueden pasarse por alto cuando las obras se contemplan exclusivamente dentro de un corpus, lo cual salta particularmente a la vista respecto del Libro de Alexandre, tradicionalmente adscrito al mester de clerecía. El proyecto de esta monografía es el de evidenciar que las lecciones morales que se extraían de las materias antiguas en los ambientes del poder laico pudieron verse alineadas con los intereses de la alta política del reino, es decir, con los intereses de los propios mecenas. Se plantea pues, con habilidad, la cuestión central de la discordancia o concordancia entre el encargo y la recepción de la obra literaria.
No cabe en estas líneas enumerar todas las bondades de Memory, Media, and Empire, que el lector distinguirá tras una rápida ojeada a la Tabla de Materias: baste citar algunos de los logrados epígrafes: “A Monastic Troy”, “A Tale of Two Troys”, “Twin Troys…”, “mester de cavallería”, etc. Me limitaré a destacar muy brevemente lo que entiendo son tres desarrollos clave del libro: los subcapítulos 1.1 y 2.1, sobre lo que la autora denomina “memoria monumental” y sobre la función de los héroes troyanos en las prácticas historiográfico-poéticas; el subcapítulo 2.2, sobre el linaje literario del Libro de Alexandre y más precisamente, sobre el Poema de Fernán González; y el subcapítulo 3. 3, sobre la presencia de la materia de Troya en la corte de Alfonso XI.
Pascual-Argente, quien ya había analizado el Libro de Alexandre desde la perspectiva del empleo del recurso retórico de la écfrasis, propone en 1.1 un estudio modélico respecto de las estrategias de monumentalización del relato en aras de la creación de un lenguaje del imperio, deteniéndose, en 2.1, en el acmé narrativo sobre Troya: la visita de Alejandro a las ruinas de la ciudad, pretexto ideado por el poeta anónimo para desplegar ante su auditorio de letrados y de cortesanos la historia de la guerra entre griegos y troyanos. Explica la autora que es exclusiva del Libro de Alexandre, compuesto probablemente en el primer tercio del siglo XIII, la idea de que Troya es la raíz del imperio alejandrino, por constituir la causa de la conquista de Asia. Semejante anclaje espacial permite a Pascual-Argente rematar páginas que vinculan tumbas, memoria activa de los antepasados y dimensión colectiva, como base de una genealogía compartida por los soldados y por su monarca como condición de posibilidad del imperio. Es la explicación del funcionamiento de ese lugar de memoria alejandrino-troyano el que propicia una convincente hipótesis sobre otra reescritura monárquica de materia antigua, que vio la luz cerca de 1250 en Arlanza, por un clérigo vinculado al monasterio de San Pedro.
El Poema de Fernán González se construye también, como el Libro de Alexandre, mediante el recurso a un pasado mítico, visigodo en su caso, y como el poema sobre Alejandro, establece conexiones entre las glorias del ayer y un presente castellano que hereda esa memoria. El análisis del espacio monástico como lugar de enterramiento dinástico y la intuición de cuál pudo ser el receptor ideal del poema, el rey Alfonso X, conducen a Pascual-Argente a sugerir, a partir de una serie de indicios encadenados, que la representación poética del monasterio de Arlanza fue modelada sobre la de la Troya alejandrina castellana. La hipótesis cobra mayor sentido aún, en tales coordenadas contextuales, si se tiene en cuenta la insistencia narrativa de este otro poeta anónimo sobre el espacio norteafricano como lugar natural de expansión territorial.
Como sucede a lo largo del libro, el análisis textual detallado da pie a sólidos análisis de índole histórico-cultural, relacionados con el reinado de Alfonso XI. Las propuestas afloran en esta etapa de la argumentación, constituyendo un bienvenido cambio de paradigma respecto de la comprensión del programa político de Alfonso XI en el marco de su enfrentamiento con el sultanato benimerín: en ese tiempo de asedios y de guerras, la herencia del Libro de Alexandre desempeñó un papel fundamental en la recuperación de la idea imperial en los ambientes de la corte. Allí se escribió, hacia 1348 el Poema de Alfonso Onceno, obra destinada a convocar una memoria colectiva de las victorias monárquicas. En la misma década de 1340 vieron la luz las obras que la autora llama “las dos Troyas gemelas” del reinado de Alfonso XI: el espectacular manuscrito iluminado de la Crónica troyana y la Historia troyana polimétrica. De manera muy persuasiva, Pascual-Argente afirma que ambas obras crearon un espacio de encuentro en el que una comunidad caballeresca encabezada por el monarca pudo identificarse y reunirse, al ver reflejadas y amplificadas, por medios iconográficos y poéticos, sus emociones definitorias, asociadas tanto al campo de batalla como a las relaciones amorosas de tipo cortés.
En definitiva, Memory, Media, and Empire merece una crítica altamente celebratoria, por ser un libro escrito para perdurar, que provoca comentario y abre nuevas vías de estudio. Su estilo impecable y el ritmo de la demostración favorecen el viaje constante entre pasado antiguo y presente medieval; Pascual-Argente ofrece una muy destacada aportación a la historia cultural y literaria de los siglos medios hispánicos.