En el imaginario colectivo de las sociedades, algunas épocas históricas trascienden los hechos objetivos y se engalanan de cierta leyenda que ensombrece o abrillanta el relato de lo acontecido. Uno de los periodos con más leyenda de la historia contemporánea en España es, sin duda, la Transición democrática (1975-1982). Fue, es cierto, un periodo al que no le faltó de nada: el paso de una dictadura de más de 40 años a una democracia infante —con intento de golpe de estado incluido—, el azote de varias crisis económicas (mundiales y nacionales, exógenas y endógenas) que golpearon a la economía española de pleno, la inestabilidad política que contrastó con la efervescencia social y cultural de un país que necesitaba cambiar y modernizarse… Sin embargo, según los editores de este volumen, la Transición es aún relativamente desconocida. La clave, para deshacer este entuerto, está en desembarazarse de los prejuicios de estudiar periodos todavía “recientes”. Así, Joseba de la Torre y Mar Rubio, los editores de este sugerente libro, sostienen que deshacerse de esos prejuicios y empezar a esclarecer el periodo con las herramientas de la historia económica y empresarial deber ser una labor perentoria.
Por ello, Economía en Transición tiene dos propósitos principales que se convierten en sus principales fortalezas. En primer lugar, se entabla una conversación con los principales economistas de la época —protagonistas del proceso, por cierto— cuyos estudios siguen siendo la principal referencia a la hora de analizar la Transición. En segundo lugar, se procede a un análisis integral y temático de la economía española desde la muerte del dictador hasta la entrada de España en la Comunidad Económica Europea. Esto nos recuerda que la Transición no fue solo una transición política. También hubo, entre muchas otras, una transición económica en la que se trató de afrontar los problemas derivados de las inercias de un sistema anquilosado que demandaba un cambio. El éxito o el fracaso de estas transiciones tienen hoy una importancia decisiva en el país que es España en nuestros días.
El libro tiene una estructura temática si exceptuamos los dos primeros capítulos. En el primero, los editores realizan un estudio integral del periodo, un balance sobre la Transición política y sus consecuencias en el largo plazo. En esta especie de introducción, De la Torre y Rubio construyen el marco, el escenario general en el que los distintos sectores tratados en el resto de los capítulos se desenvolverán. En el segundo capítulo, a cargo de Joseba de la Torre, se reflexiona sobre la delgada línea que separó a los distintos protagonistas de la Transición. De la Torre desmenuza la innegable influencia de los economistas de la época. Esta influencia rebasó, por supuesto, los meros aspectos económicos y se insertó en el complicado andamiaje del nuevo régimen que se estaba implementando. Asimismo, se hace referencia a la figura del empresario de la Transición. La historiografía lo ha tildado, en ocasiones, de “desnortado” ante los profundos y rápidos cambios acaecidos en menos de una década. Sin embargo, lejos de padecer estos cambios, los empresarios trataron de organizarse y de estar cerca de los círculos de poder. Es decir, parece que existe cierta continuidad en la actuación del empresario español con respecto a épocas anteriores, lo cual no es de extrañar. En el tercer capítulo, Mar Rubio y Beatriz Muñoz se ocupan de la transición energética tributaria de la dependencia exterior del país. Es decir, nos explican la búsqueda del famoso mix energético que aún sigue coleando en nuestros días. Los problemas con la reconversión nuclear, los errores de política económica ante las crisis del petróleo y el atraso tecnológico son el telón de fondo del capítulo. Como las autoras llegan hasta la década de los 90, las nuevas fuentes de energía también tienen su sitio. Gloria Sanz analiza, en el cuarto capítulo, el mercado de trabajo de la Transición en la búsqueda de un nuevo “pacto social”. La autora se enfoca, sobre todo, en la lucha obrera y en las relaciones entre los distintos agentes sociales para desmantelar el entramado laboral del Franquismo, uno de los sectores más anquilosados tras más de 40 años de dictadura. En el quinto capítulo, Sara Torregrosa aborda la decisiva reforma fiscal iniciada en 1977. Es un fenómeno vital para entender la modernización del país. Muchos alumnos de Historia Económica de España habrán oído la boutade en sus clases que decía que, hasta la Transición, poca gente pagaba realmente impuestos en el país. Esto derivaba en un Estado crónicamente deficitario que podía afrontar sus obligaciones de manera muy limitada. Tras la reforma, el grueso de los ingresos recayó sobre los impuestos a la renta y al valor añadido, sin olvidar la importancia de las cotizaciones sociales. Tras la reforma, se pudo implementar una mejor redistribución de la riqueza y una disminución de la desigualdad. En este capítulo, por cuestiones de cuidar los detalles, se agradecería que todos los gráficos hubieran sido traducidos al castellano. Es una cuestión nimia, pero que hubiese sido fácilmente subsanable.
Los dos siguientes capítulos se refieren a los sectores más tocados por las crisis y que, por tanto, fueron los que más transformaciones sufrieron en el periodo. Joaquim Cuevas y María Ángeles Pons se ocupan de las reformas del sector financiero: por un lado, se examinan las políticas monetarias que se implementaron para reajustar los desequilibrios macroeconómicos y, por otro, se examina la remodelación de un sector bancario con mayor concentración y con mayor protagonismo de las cajas de ahorro. El otro sector, tratado por Jesús María Valdaliso en el séptimo capítulo del libro, es de la industria. Mediante dos sucesos: el Concurso del Millón de Toneladas de 1976 y la nacionalización de la Compañía Transmediterránea en 1977, Valdaliso liga la acción de las instituciones (y otros agentes económicos) con la futura reconversión industrial en un bonito ejercicio de refinamiento de la teoría económica existente mediante la historia empresarial. El último capítulo, el de Núria Puig sobre Ferrer Internacional y Técnicas Reunidas, retoma la idea de que el empresariado español fue mucho más proactivo que indeciso en la Transición tanto con la clase política como con la banca que estaba en plena transformación.
Ahora alguno de los debes de esta magnífica obra. El mayor es que, a nuestro juicio, fata un capítulo de conclusiones. La variedad de sectores y las distintas aproximaciones ameritaban una reflexión final y una “hoja de ruta” para futuras investigaciones. Se puede aducir que los editores dan algunas pistas en el capítulo inicial, pero lo cierto es que se queda algo corto. Este extremo no empaña, por supuesto, el resultado final de una obra de calado y que abre un camino que los historiadores económicos y de la empresa deberían tratar de cubrir lo antes posible. Hay pocos periodos históricos que reúnan tantos ingredientes, tantas facetas de interés como la Transición. Este libro tiene la virtud de poner a la economía en el centro del análisis del periodo y lo hace con las herramientas de la historia económica y empresarial. Solo por eso (y por muchas otras cosas), Economía en transición debería ser lectura obligatoria para cualquiera (sea especialista o no) que quiera entender la España del siglo XXI.