Resulta muy bienvenido un libro sobre 1992, fecha emblemática en la historia reciente de España y sin embargo poco explorada aún por la historiografía. Pocos años, si es que ha habido alguno, han sido testigos de una confluencia tan relevante de eventos internacionales. En 1992 España acogió los Juegos Olímpicos de Barcelona (25 julio-9 agosto) y la Exposición Universal de Sevilla (20 abril-12 octubre), que se sumaron a la designación de Madrid como capital europea de la cultura. Se conmemoraron también otros acontecimientos destacados, aunque a veces quedaron eclipsados por los fastos de los anteriores: la llegada a América de Cristóbal Colón, la expulsión de los judíos por los Reyes Católicos, el fin del dominio musulmán tras la conquista de Granada y la publicación de la primera gramática de la lengua castellana por Antonio de Nebrija. Con ello, España reunía los elementos necesarios para dar un gran paso adelante en su proyección internacional, logrando suavizar los estereotipos históricos (sol, flamenco, toros, buena comida, pasión y siesta) para mostrarse como un país moderno, diverso, innovador, competente y capaz de organizar con éxito efemérides de dimensiones mundiales.
De todo ello da cuenta Julio Sanz López en este libro, que recoge en forma de ensayo parte de la investigación realizada para su Tesis Doctoral (Universidad Complutense de Madrid, 2019). El trabajo se estructura en tres grandes secciones, ordenadas de manera cronológica: “El Camino”, que examina la gestación de los eventos de 1992 y los preparativos que se sucedieron desde la década anterior, “El Momento”, centrado en 1992, y “Los Ecos”, dedicado a explicar la herencia de estas celebraciones.
Sin perder de vista el contexto internacional ni los condicionantes de la geopolítica mundial (desintegración de la URSS y firma del Tratado de Maastricht, entre otros), el autor pasa revista a los hechos, procesos y protagonistas más destacados de aquellos años. Los proyectos se gestaron durante el último gobierno de Unión de Centro Democrático (UCD), y fueron después retomados y ampliados por el Partido Socialista Obrero Español (PSOE). Se desarrollaron en un escenario plagado de dificultades por los efectos de la crisis económica y la conflictividad social: la reconversión industrial se cebaba con el empleo en muchos territorios, la inflación superaba los dos dígitos, el terrorismo de ETA golpeaba sin tregua, la heroína causaba estragos a muchos jóvenes y se sucedían los escándalos de corrupción en varios frentes. El autor alude asimismo a varios momentos de escepticismo, descoordinación y confrontación política entre Pasqual Maragall, Jordi Pujol y Felipe González. También aborda los problemas diplomáticos surgidos con algunos países latinoamericanos reticentes a conmemorar el V Centenario del descubrimiento de América, así como los sobrecostes y falta de continuación temporal de muchos de los planes e infraestructuras puestos en marcha en 1992.
Ahora bien, pese a todos estos desafíos, el balance final resultó positivo, dado que se logró el cumplimiento de buena parte de los objetivos previstos. El autor insiste en la difusión de la imagen de una España moderna y comprometida con la democracia, una España que había dejado definitivamente atrás los largos y oscuros años de franquismo, y cuyas comunicaciones e infraestructuras (lideradas por el simbólico AVE) no tenían nada que envidiar a las de los países más avanzados. Los acontecimientos de 1992 consiguieron, efectivamente, dinamizar proyectos que, como el AVE en el transporte ferroviario, los satélites Hispasat para las retrasmisiones internacionales o el Instituto Cervantes para la promoción de la lengua española, hubiesen tardado tiempo en salir adelante, en el mejor de los casos. A la comunidad internacional llegó asimismo la imagen de un país capaz de limar los desencuentros políticos, desarrollar un verdadero proyecto de Estado y mostrar entusiasmo colectivo pese a la gran variedad de agentes implicados (representantes públicos y privados, gobiernos locales, regionales y nacionales, instituciones supranacionales, empresas, medios de comunicación, particulares y, en definitiva, la sociedad en su conjunto). La monarquía representó un papel crucial en materia de relaciones internacionales y diplomacia, en un momento en el que contaba con un destacado apoyo popular. Otro logro, no menor, fue integrar a Cataluña en aquel proyecto manteniendo su especificidad cultural y lingüística. Los eventos de 1992 resultaron enormemente mediáticos, sobre todo los Juegos de Barcelona, en los que se dieron cita numerosas personalidades junto a periodistas de casi un centenar de países, y España batió récords de participación y medallas (22, 13 de oro). Todo ello, señala Sanz, contribuyó a mejorar la autoestima de los españoles, que recordarían por muchos años a las mascotas Curro y Cobi como emblemas de éxito y orgullo.
Existe, detrás de esta publicación, un notable esfuerzo de documentación. El autor ha consultado, tanto en España como en el extranjero, numerosos archivos y centros de información especializados. Las restricciones de acceso a los archivos históricos (por la cercanía del período abordado) han sido suplidas con otras fuentes. En este sentido, se ha llevado a cabo un extenso trabajo de campo en forma de entrevistas a personajes tan cruciales como Luis Yáñez, expresidente de la Comisión Nacional para el V Centenario, Virgilio Zapatero, exministro de Relaciones con las Cortes, o Narcís Serra, exalcalde de Barcelona. Adicionalmente, se ha recurrido a fuentes periodísticos nacionales e internacionales. En el capítulo final del libro, Sanz hace balance de las noticias aparecidas en diarios extranjeros como The New York Times, Le Monde o The Japan Time, que solían abordar lo acontecido en España con discursos que entrelazaban tradición y modernidad.
El libro, cuya lectura emprendí con muchas ganas, no ha logrado satisfacer completamente mis expectativas. Quizás sea por la adopción del formato ensayo y el intento de adoptar un tono divulgativo. El caso es que el autor planea sobre los diversos temas, pero no acaba de aterrizar en ninguno. El libro está bien escrito, pero la falta de profundidad merma su rigor histórico. En particular, se echa de menos un estado de la cuestión y una mínima crítica de fuentes. Las citas y referencias bibliográficas son excesivamente reducidas y están poco actualizadas. Faltan trabajos fundamentales sobre los procesos estudiados, por ejemplo, la contribución de este tipo de megaeventos a la dinamización socio-económica y la integración internacional de los países de acogida; las relaciones internacionales, la acción cultural y la política económica de los últimos gobiernos franquistas y los primeros de la democracia; o la evolución de la inversión directa extranjera (IDE) con destino u origen en España. Tampoco se han consultado las Tesis Doctorales publicadas en las últimas dos décadas sobre 1992, o sobre alguna de sus vertientes políticas, económicas y/o sociales. Seguramente, estas lecturas habrían ayudado al autor a fortalecer sus balances críticos, como los relativos al mal funcionamiento (“poco transparente”, “elitista”, “corrupto”) del Comité Olímpico Internacional (COI). También le habrían permitido corregir, o al menos matizar, ciertas afirmaciones, como que 1992 marcó el “despegue” de la diplomacia cultural española, que España continuaba “aislada” en los años ochenta, o que la inversión española en las décadas de 1980 y 1990 se dirigió “casi exclusivamente” a América Latina. Por otro lado, la documentación de archivos y centros de documentación no siempre se utiliza de manera correcta o suficiente para sustentar la información aportada. A veces se proporcionan cifras sin mencionar la fuente, o se brindan indicaciones que no permiten localizar el material (no basta nombrar el Archivo General de la Administración sin detalles adicionales de clasificación; no parece que exista en España ningún “Archivo de la Empresa Pública de Gestión de Archivos”; ni son necesariamente evidentes las sigas AGME o EPGASA). Se sugiere proporcionar información suficiente sobre las fuentes utilizadas para respaldar los datos y facilitar su consulta a otros investigadores. La estructura tampoco está bien resuelta: hay demasiadas idas y vueltas, argumentos que se repiten una y otra vez, y capítulos que, como los dedicados a ETA y a la diplomacia pública, están poco integrados en el resto del relato. Finalmente, el trabajo ganaría calidad si se evitasen los juicios de valor y se adoptase un tono más neutro y menos apasionado. Los enfoques objetivos fortalecen la imparcialidad de la investigación y la credibilidad de las afirmaciones presentadas.
La lectura deja al lector con varios interrogantes, que no han recibido atención adecuada o no se han considerado en absoluto. A título ilustrativo, la información sobre la remodelación urbana llevada a cabo en Barcelona, Sevilla y Madrid resulta muy incompleta ¿Cuál fue, en términos relativos y absolutos, la inversión en infraestructuras? ¿Qué negocios surgieron o crecieron al calor del 92? ¿Por qué se optó por unas u otras tecnologías en el AVE o los satélites Hispasat? También sería deseable ampliar el análisis de la financiación, pública y privada, y los sobrecostes, que se examinan de manera apresurada a partir de vagas referencias a fuentes secundarias. Podrían incluirse también, aunque fuera someramente, temas no tratados como el fenómeno de los voluntarios en los Juegos Olímpicos de Barcelona, o los programas de cooperación interuniversitaria animados por la cumbre iberoamericana de 1992, o la percepción actual de aquel año dorado. Desde aquí, animamos al autor a intentar responder a estas cuestiones en próximos trabajos. De esta manera, conseguiría cumplir plenamente su objetivo, que ya ha iniciado de manera muy meritoria, de abordar el estudio de 1992 desde una perspectiva global, internacional y multidisciplinar.