Hispania. Revista Española de Historia 84 (278)
ISSN-L: 0018-2141, eISSN: 1988-8368
https://doi.org/10.3989/hispania.2024.1296

CAPRIOLI, Francesco. 2023. Uluç Ali, almirante del sultan. Carrera y familia política de un neófito musulmán en el Imperio otomano (1536-1587). Madrid: Consejo Superior de Investigaciones Científicas. 284 págs. ISBN: 978-84-00-11191-5.

 

Una de las líneas que parece tener más vitalidad en los últimos años en el panorama historiográfico es el estudio de personas y personajes representativos de su tiempo y de un sector social determinado. Estas aportaciones no se limitan a una mera biografía, sino que establecen un vínculo, muy fructífero habitualmente y desde luego así es en el caso que nos ocupa, entre el biografiado y sus circunstancias, su época, su mundo, los sistemas sociales en que se movió. En algunos casos, como es el que nos ocupa, si se trata de un personaje de relevancia, se puede llegar a conseguir una fotografía donde él y su tiempo y ambientes en que se movió queden magníficamente retratados, establecer una ligazón entre la histoire évenémentielle y el ser humano, objeto último de nuestra disciplina. Si este era el objetivo, se ha conseguido con creces. A partir de un personaje, importante sin duda, nos adentramos no solo en el peculiar mundo del Imperio Otomano del siglo XVI, sino en el no menos peculiar del Mediterráneo de la época.

Es el renegado un personaje muy tratado en la historiografía. Conocemos los diversos papeles y aspiraciones de una mejor vida que la cristiandad y, sobre todo, el islam ofrecía a los convertidos a la religión imperante y única en un territorio determinado. Incluso contamos con estudios sobre Uchalí, siendo de destacar el de Emilio Sola (Uchalí. El Calabrés Tiñoso, o el mito del corsario muladí en la frontera. 2010. Barcelona: Bellaterra). De hecho, dicha obra y la de Caprioli son absolutamente complementarias y en ningún caso redundantes.

Un primer rasgo a destacar es la diferenciación que realiza el autor entre el proceso de islamización y el de otomanización, aspecto que no deberíamos olvidar y que preside toda la obra. El primero es religioso-cultural y en el caso de Uchalí se desarrolla en Argel. El segundo es más claramente político y social: aprender el organigrama político y las reglas sociales no escritas de un estado concreto, muy diferente al de los cristianos y cualquier otra entidad política musulmana, incluidas —por supuesto— las regencias de corsarios del Norte de África donde vivió nuestro personaje primero como cautivo y después como muladí.

El autor, tras analizar el doble proceso de islamización y de otomanización, pasa a analizar el no menos importante de ascensión social. Se analizan básicamente los dos ámbitos geográficos en que se vivió este proceso y, en general, en la vida de Uluç Ali: Argel y Estambul. A menudo, cuando se analiza un proceso de ascensión social se tiende a hacerlo de abajo a arriba, construyendo un relato absolutamente vertical en el que las primeras etapas de aquel proceso se relacionan poco con las etapas posteriores. No es ese el caso que nos ocupa. Desde esa perspectiva es fundamental el concepto de ta’ifa, que el autor, en un glosario final realmente útil, traduce como corporación, grupo o partido, como también lo es el de kapi (familia, en sentido amplio y que incluye los protegidos en un grupo caracterizado tanto o más por las relaciones de patronazgo que por las familiares). La reconstrucción de la trayectoria vital de Uluç Ali deja muy claro que su éxito, y el de personajes similares, no dependía solo de las relaciones que podían trazar con los poderosos —sobre todo en Estambul— sino también en mantener vivos los lazos con los grupos sociales con que se relacionaban en el pasado. Se trazaba así no una red, sino un conjunto de redes que entrelazaban sectores sociales y ámbitos geográficos muy distintos. Todo ello expuesto, como el conjunto de la obra, con gran claridad y certero método, aunque el autor hace algún brindis a lo políticamente correcto al hablar al principio de la obra del encuentro entre diversas culturas. Pensamos que más que un encuentro fue un enfrentamiento, pues —como se deriva del propio libro— la lucha militar era no solo una lucha por el poder y los recursos en y del Mediterráneo, sino también de civilizaciones, sociedades y valores que, más que encontrarse, rivalizaban, en ocasiones encarnizadamente. Otra cuestión, y el propio libro lo recoge con gran acierto, es que, por debajo del enfrentamiento militar, político, económico y religioso, la realidad se impusiera y fuese necesario mantener los canales abiertos con el enemigo para negociar una tregua, un status quo determinado, aunque solo fuera por la falta de recursos económicos y demográficos para mantener una guerra permanente. La guerra es cara y se gana con dinero y hombres, una idea que el autor quizás no exponga de forma explícita, pero es auténticamente transversal en la obra. Si la guerra es cara y se gana con dinero, el papel social en una sociedad concreta, en este caso la de Estambul, también. Es este un aspecto donde el autor consigue gran brillantez, sobre todo a partir de mediada la obra. Riqueza y apoyo social resultan esenciales para mantener apoyos y conseguir nuevos, tanto en el caso de Uluç Ali como en el de tantos otros, ayer y hoy. En este punto el autor consigue, además, que el lector no avezado en la sociedad otomana y, singularmente en la estambulita, agrande sus conocimientos y pueda perfectamente seguir el discurso que presenta el autor. A título de ejemplo, el análisis —entre lo sociológico y lo histórico— del papel del regalo en aquella sociedad no solo es de gran interés, sino que se consigue insertar plenamente dicho elemento en la estrategia del biografiado, de manera que contribuye a que el lector capte la estrategia esencial de Uluç Alí para conseguir y mantener el poder, más desde el punto de vista social y económico que puramente político.

Otro de los puntos fuertes de la obra es el análisis, a partir de la vida del personaje central, de los centros de poder, la geografía política y la diplomacia en el Mediterráneo de la época. Desde este punto de vista se advierte una gran maestría en el análisis de la postura de Venecia o, posteriormente, de los episodios que finalmente desembocarían en la tregua de Margliani. No es cosa fácil, pues —entre otras cuestiones— se requiere un conocimiento de los personajes que el autor demuestra tener ampliamente. Del mismo modo, las referencias a los moriscos españoles en la etapa argelina de Uluç Alí son muy útiles sin eclipsar el tema central de la obra. Así, para los años 1569-1570 aproximadamente el análisis del espacio geográfico-político formado por Argel, Marruecos, Francia y Granada es breve pero muy claro y, de nuevo, a partir -al menos en parte- de las relaciones entre personajes concretos (pp. 100 y ss.). Del mismo modo, aunque a partir de mediado el libro Estambul es el espacio preferente, se recogen acertadas referencias a las regiones mediterráneas del imperio lo que permite una aproximación del lector a la estructura política del mismo y a las relaciones entre las regiones periféricas y sus autoridades con Tokapi.

Como en toda obra que se precie, por debajo de los temas principales se sumergen otros que no llamaremos secundarios, sino más bien complementarios dado que no son el objeto primordial de la obra. En este caso el tratamiento que el autor da al espionaje de la época es justo el adecuado si atendemos a la cantidad de informaciones que se nos da. Un número sustancialmente mayor habría dado lugar a otra obra y a difuminar el objetivo central del libro: el análisis de Uluç Alí como un personaje sumamente representativo de un sector social del mundo mediterráneo del siglo XVI. En el tema del espionaje el autor maneja en su justa medida obras anteriores como la ya citada de Sola o la más reciente de Noel Malcolm (Agentes del Imperio. 2016. Barcelona: Galaxia Gutemberg), de hecho, un estudio de personajes, en esta ocasión una familia, representativa de un tipo social del momento.

Un buen libro es, también, el que te plantea preguntas y te abre incógnitas y hasta proyectos. Leyendo este uno se plantea la existencia de un modelo de muladí, de un renegado exitoso. Un trabajo que, quizás mejor que nadie hoy, puede emprender el Dr. Caprioli. Desde esta perspectiva la comparación con Barbaroja es tentadora y las primeras páginas de la obra nos hacen pensar en ello. Nótese, así, como en la relazione que en 1573 hizo el senador veneciano Constantino Garzoni se enfatiza el origen humilde de Uluç Ali, como haría Carlos V con Barbaroja del que recordaba, fuese cierto o no, su calidad de modesto alfarero que se le adjudicaba en su época.

A medida que uno avanza en la lectura se da cuenta de la importancia en el ámbito que se describe de conceptos como familia, entendida desde un punto de vista amplio, movilidad social, cultura política y singularmente de como un individuo exógeno a las sociedades argelinas y de Estambul va adquiriendo conciencia de la importancia de esa cultura política y de los elementos que la constituyen. Una cultura política donde la posibilidad de ascensión social era mucho más viable para el renegado de lo que lo era, por ejemplo, en el caso hispánico. Se nos presenta así el sistema vigente en Estambul como una oligarquía relativamente abierta, meritocrático le llama el autor, sobre todo si se la compara con el caso español. Sería conveniente, en todo caso, que el autor se hubiera planteado esta dualidad que no plantea directamente y que, obviamente, el lector español sí se plantea y que el propio autor, más que nadie, tiene argumentos para contestarla.

La ligazón entre el estudio del biografiado y los grandes hechos del Mediterráneo del momento (ataque turco a Malta de 1565 y sobre todo Lepanto) se consigue sin que estos eclipsen a la persona y recordándonos cómo detrás de esos acontecimientos se encuentran hombres de muy diversa condición, víctimas en ocasiones de unas circunstancias que —como es el caso— ensalzaron a otros.

El retrato que el autor hace de dos sociedades tan distintas como la de Argel, pobre, corsaria… y Estambul resulta muy útil para el no especialista. De hecho, a medida que se finaliza la lectura, el lector no puede evitar poner en relación uno de los paisajes, el mar como escenario de un corsario renegado, y el arsenal de Estambul, con toda la importancia de ese centro para el imperio. ¿Era el mismo hombre puede preguntarse el lector? Sí, pero en medios muy distintos, desde una regencia alejada y pobre, al corazón de una gran potencia que a lo largo de la vida de Uluç Alí conoció una clara evolución. Así, estamos ante una biografía que nos ilustra de, como mínimo, dos aspectos de la administración otomana, la periférica o muy periférica como era la Argel de los inicios de la actividad de biografiado y la central. El libro recoge como esta evolución en principio positiva para Uluç Ali, en cierto modo, le hace perder contacto con sus antiguos apoyos sociales en un ambiente donde el poder económico se derivaba de la actividad marítima, no de un importante cargo en la estructura militar otomana. Este fue quizás el fin de un personaje esencial para el siglo XVI o eso podría derivarse del relato que se nos presenta al final de la obra. Y es que la tregua o la paz no es un buen negocio para todos y, como refleja el autor, la primacía que la guerra terrestre con Persia adquirió en la política otomana frente a las actuaciones marítimas en el Mediterráneo Occidental y Central jugaron en contra de nuestro personaje. Un proceso que la obra recoge con la claridad que preside el libro en su conjunto.

En definitiva, un libro con una muy sólida labor de archivo, que presenta un tema bien definido y que a partir de un personaje altamente representativo de su época y los lugares en que vivió nos ayuda a entender las diversas etapas del siglo XVI y el peculiar funcionamiento de la administración otomana, en sus vertientes militar, periférica y central.