Hispania. Revista Española de Historia 85 (279)
enero-abril 2025, 1293
ISSN-L: 0018-2141, eISSN: 1988-8368
https://doi.org/10.3989/hispania.2025.1293

RESEÑAS

ÁLVAREZ GARCÍA, Beatriz. 2023. Diplomacia y opinión pública en las relaciones hispano-británicas (1624-1635). Peter Lang. 388 págs. ‎ISBN: 978-3631907092.

Cristina Bravo Lozano

Universidad Autónoma de Madrid

https://orcid.org/0000-0001-9919-1270

En su aforismo CCLXXXII del Oráculo manual y arte de la prudencia (1647), Baltasar Gracián señaló “Adelántase más la imaginación que la vista, y el engaño, que entra de ordinario por el oído, viene a salir por los ojos. El que se conserva en el centro de su opinión conserva la reputación”. Esta imagen emblemática bien podría simbolizar las máximas políticas que se desgranan en el presente volumen de Beatriz Álvarez García: Diplomacia y opinión pública en las relaciones hispano-británicas (1624-1635). Editado por la afamada editorial suiza Peter Lang en su colección “Anglo-Iberian Studies”, constituye el desarrollo de la tesis doctoral de la autora, defendida en la Universidad Complutense de Madrid bajo la dirección del profesor Bernardo J. García García.

La guerra anglo-española (1625-1630) ha quedado oscurecida ante la complejidad de los enfrentamientos surgidos pocos años antes como consecuencia de la ruptura político-confesional entre protestantes y católicos en el reino de Bohemia y del fin de la tregua de los Doce Años entre la monarquía de España y las Provincias Unidas. El conflicto entre Felipe IV y Jacobo I, del que prácticamente solo había pervivido en la memoria colectiva el famoso lienzo de Francisco de Zurbarán sobre la defensa gaditana en 1625 y que colgó en el Salón de Reinos del Buen Retiro, terminó diluyéndose dentro de la guerra de los Treinta Años. Sin embargo, como se demuestra en el presente libro, sus dinámicas políticas, militares y culturales lo convierten en una atalaya privilegiada para reconstruir las prácticas de los negociados diplomáticos del siglo XVII y, sobre todo, para indagar en su activa y versátil publicística.

Estructurado en seis amplios capítulos, su autora desgrana las hostilidades anglo-españolas a través de la selección de una serie de hitos clave en los que se evidencia la intensificación de la maquinaria propagandística como arma clave en la liza. Así, se avanza cronológicamente desde el intento fallido de matrimonio del príncipe de Gales, Carlos Estuardo, con la infanta española, María de Austria, y el consecuente estallido del conflicto armado que puso fin al Spanish Match; se ahonda en el icónico —ante la patente memoria teatral y pictórica— del frustrado ataque inglés a Cádiz; se establece una interesante conexión entre ambos émulos con una pugna de terceros, es decir, la intervención de Carlos I a favor de los hugonotes en la isla de Ré y La Rochelle; y, también, se profundiza en los dilatados enfrentamientos diplomáticos por la soberanía sobre el Palatinado, tomado años atrás por las tropas católicas comandadas por Ambrogio Spinola. Pese a las divergencias de cada episodio, un elemento común a todos ellos será la evocación de cómo la proliferación de noticias se mostró como una respuesta complementaria o alternativa a los respectivos movimientos militares y a los negociados de legados y embajadores, analizándose sistemáticamente su repercusión mediática.

Mediante las reconstrucciones de sucesos, sus narraciones y testimonios generados por diversos actores, Beatriz Álvarez García se detiene en la variedad de canales, formatos y soportes en que tales nuevas se difundieron. El diálogo entre los hechos fácticos y la elaboración del relato ha posibilitado articular un estudio poliédrico de la retórica escrita del poder, la intencionalidad de los discursos de la pluma o los tipos móviles, la mediatización de la información y los filtros oficiales aplicados para su control, los mecanismos de introducción y difusión de noticias parciales o abiertamente falaces, o la vertiente iconográfica de la publicística del conflicto. De esta forma, la temática presentada en el presente volumen transita más allá de un case study bélico para adentrarse en el prolijo ámbito de una cultura escrita barroca.

Los capítulos de este volumen establecen pautas para profundizar en dinámicas que bien pudieran aplicarse a los diferentes “teatros de Marte” de la monarquía de los Austrias seicentistas. El descenso a los discursos pone ante el lector la realidad de la guerra de papel hispana en la que, en la última década, también han transitado otros modernistas españoles y franceses, como Héloïse Hermant, Charles-Édouard Levillain o Francisco Javier Álvarez García. Los arquetipos ideológicos, las réplicas y contrarréplicas, los silencios, los pies de imprenta falsificados y el uso de imágenes para reforzar contenidos políticos constituyen instrumentos en los que tanto españoles como ingleses dirimirían gran parte del lustro en que confrontasen arcabuces, mosquetes o cañones.

Para desarrollar este análisis multinivel, acertadamente la autora recurre a la documentación proveniente de la corte madrileña, desde decretos regios y consultas de los consejos, con la nutrida correspondencia diplomática, interaccionándola con toda una pléyade de fuentes publicísticas, literarias —en particular, teatrales— e iconográficas provenientes de diferentes archivos y bibliotecas españoles, ingleses, italianos, belgas y holandeses. De hecho, la selección de imágenes aporta un valor adicional al análisis ofrecido en la monografía, pues trasciende la mera ilustración para abrir un horizonte interpretativo en términos iconográficos e iconológicos. No puede obviarse cómo su efectismo, en una sociedad principalmente iletrada, contribuyó a incentivar el debate político y a aumentar su mayor impacto en la audiencia europea por el alcance de esta herramienta cultural.

Como han demostrado los estudios colectivos coordinados por Massimo Rospocher, Roger Chartier y Carmen Espejo, durante el siglo XVII la generación de “opinión” (un concepto del que añadida su vertiente “pública” se han vertido ríos de tinta en la historiografía reciente) fue una máxima de las monarquías modernas y, en particular, de los validos o privados de los soberanos del periodo. La sociedad europea se mostraría ávida de información ante las dimensiones mundiales de los conflictos que enfrentaban a las principales potencias del Viejo Mundo. Con mensajes efímeros, pero de rápida difusión, por medio de la oralidad y acompañados en gran medida de grabados de fácil entendimiento, la palabra escrita devendría en un utensilio de guerra de no menor relevancia que las armas de fuego que hegemonizaban las pugnas en el cuerpo a cuerpo de los contendientes.

Para articular su introspección en este constructo ideológico, Beatriz Álvarez García otorga un peso decisivo al hecho diplomático, que generaría una mixtura decisiva entre negociados políticos y opinión informativa. La acertada combinación analítica de la documentación oficial emanada de las embajadas, con los flujos epistolares y las consultas de los distintos consejos del Rey Planeta, posibilita, en primer lugar, el seguimiento al fenómeno de recapitulación de informaciones por los distintos representantes y agentes reales en Europa mediante todo tipo de estrategias, recursos y medios. En segundo lugar, se reconstruyen los mecanismos de difusión comunicativa de quienes eran los ojos del lejano monarca en las cortes de destino, por lo que se presuponía que fueran discursos fidedignos y detallados, dado que cuanto sucedía en aquellas determinaría la toma de decisiones políticas y, a su vez, permitiría neutralizar rumores y fake news que tratasen de confundir e influir de manera indirecta en las dinámicas del ministerio madrileño.

La relevancia de la captación de noticias reales y contrastadas llevó a los diplomáticos de Felipe IV a buscar vías alternativas para aprehender informaciones. Figuras como el pintor Pieter Paul Rubens denotan la singularidad de estos nuevos (o no tanto) actores que fueron entrando en escena hasta el final del conflicto anglo-español con el tratado de Madrid de 1630. Informantes, confidentes, agentes locales o espías puestos al servicio de la Monarquía posibilitaron el ejercicio oficial de embajadores o gobernadores que en las tierras del Norte coadyuvaron a la anticipación de los movimientos del rey Estuardo y, con ello, poner un rápido final a una pugna que distraía al monarca español y a su valido, el conde duque de Olivares, de otros frentes prioritarios en Italia, Flandes o el Sacro Imperio.

Por último, el escalafón postrero de este canal de información resitúa al lector en la villa y corte de Madrid. La esfera de los “plumas teñidas” olivaristas —magistralmente estudiada por Richard Kagan— constituía el filtro oficial de la recepción de avisos y nuevas y, a su vez, generaba un aparato de control de pulsiones internas en la población local. Como se evoca en el presente volumen, la publicística española destacó por la heterogeneidad de formas de comunicación con que ideologizar al público europeo, ganar voluntades y atraer partidarios, despertando simpatías (o generando rechazos) y, last but not least, contrarrestando la propaganda de los Estuardo y de sus acólitos de confesiones reformadas.

Si bien la autora ha podido profundizar satisfactoriamente en esta compleja estrategia de persuasión, más complicado resulta comprobar el grado de aceptación de tales productos publicísticos o si dichos mensajes permearon o generaron una respuesta activa en su audiencia. La instrumentalización de los medios —principalmente impresos, pero también manuscritos— y la circulación de noticias denota la voluntad del monarca y su privado para ganar el conflicto atrayendo a un público indiscriminado, en tanto receptor de las formas de expresión en que se recogía y transmitía la realidad política. Las relaciones o las obras teatrales —el auto sacramental de Juan Pérez de Montalbán y la comedia de Rodrigo de Herrera— auspiciadas por el rey Felipe y sus ministros trataron de despertar simpatías ante el discurso católico militante, al igual que la censura y el control de las gacetas manuscritas limitarían opiniones alternativas u opuestas y críticas con el curso de la pugna anglo-española. El hecho escrito, en todas sus vertientes, se convertía así en una acción performativa de carácter político en pro de la ideologización de la sociedad política hispana.