Una parte sustancial de la producción historiográfica se plasma en libros colectivos como el que aquí se reseña: volúmenes cuyos capítulos recogen el trabajo de diferentes autores, que las editoriales privadas tienden a rehuir por sus menores posibilidades comerciales entre el público generalista; pero que, desde el punto de vista académico, son cruciales para seguir la marcha de la investigación que se está realizando y las fronteras donde se sitúa en cada momento la innovación científica. Muchos de esos libros colectivos son resultado de proyectos de investigación, que muestran así las aportaciones particulares de sus integrantes y el sentido de conjunto del grupo, marcado este último por quienes figuran como directores, coordinadores o editores del volumen. Otros proceden de encuentros científicos del tipo de seminarios, jornadas o talleres de congresos, en donde se han sometido a discusión un cierto número de investigaciones de temática común.
Estamos, en este caso, ante un tercer tipo de obras colectivas, las que resultan del deseo de reconocer la trayectoria investigadora de una persona especial que ha dejado honda huella, normalmente en el momento de su despedida. Un género muy antiguo, procedente del Festschrift o Liber amicorum practicado en las universidades europeas desde el siglo XVII. Su continuidad en el siglo XXI se justifica solo en la medida en que las contribuciones recogidas constituyan aportaciones de verdadera relevancia científica, como es el caso de este libro que han dirigido Jean-Claude Caron y Anne Dubet desde la Université Clermont Auvergne. La temprana muerte de un historiador tan significativo y tan prometedor como Jean-Philippe Luis ha sido el motor para reunir las aportaciones de 22 historiadoras e historiadores en un libro que se sostiene por sí solo, sin necesidad de apelar al emocionado recuerdo del compañero ausente, que recorre todas sus páginas.
Quienes han tenido que utilizar la bibliografía para su trabajo de investigación —es decir, todo aquel que ha investigado en Historia— sabe con cuánta frecuencia se encuentran escondidas en los libros de homenaje, auténticas “joyas”, textos que, por su valor intrínseco, se siguen citando como referencia muchos años después de su publicación. Así ocurrirá, sin duda, con La modernisation de l’Espagne, por lo que resulta legítima la opción editorial de no anunciar desde el título la motivación celebratoria del libro, sino presentarlo como una obra colectiva en torno a algunos grandes temas de la historia contemporánea de España.
Habrá que aludir, de entrada, a la acreditada calidad historiográfica de los trabajos que publicó el historiador e hispanista francés Jean-Philippe Luis durante su vida (1963-2020); trabajos que el libro recoge en un anexo bibliográfico elaborado por Ambre Montrocher, empezando por los dos libros señeros de 2002 (L’utopie réactionnaire. Épuration et modernisation de l’État dans l’Espagne de la fin de l’Ancien Régime, 1823-1834. Madrid: Casa de Velázquez) y de 2009 (L’ivresse de la fortune. A. M. Aguado, un génie des affaires. París: Payot). Digo que habrá que aludir al rigor y al tipo de historia que escribía Jean-Philippe Luis porque, sin duda, es este el elemento inspirador del conjunto del libro que se le ha dedicado en 2023 y de cada una de las aportaciones individuales que contiene.
Con gran acierto, los directores del volumen lo han organizado en cuatro partes, que responden a otros tantos temas por los que se interesó Luis como investigador y que ahora constituyen el objeto de las investigaciones de quienes le conocieron, colaboraron con él, o con él compartieron preguntas, ideas, debates y preocupaciones: la modernización del Estado; conflictos ideológicos y compromisos políticos; la construcción de las identidades; y el gobierno a distancia.
El libro se abre con una primera parte titulada “La modernización del Estado” — evocando el subtítulo de la tesis de Jean-Philippe Luis—, que resume bastante bien el sentido general de la obra, su “espíritu” por decirlo de alguna manera. Los cinco ensayos reunidos en esta primera parte abordan facetas importantes de la tensión entre cambio y continuidad de la España contemporánea, con el Estado en el centro del análisis. Carmine Pinto (Università di Salerno) adopta en su texto, “Un conflit civil permanente. Révolutions, monarchies, nationalismes dans l’espace bourbonien (1794-1903)”, un ámbito geográfico de análisis tan poco convencional como el “espacio borbónico” para poner la atención sobre el papel que desempeñó la guerra en el proceso de crisis de la Monarquía y de formación de estados nacionales con una visión de largo plazo, que va desde las guerras de la Revolución francesa y del Imperio napoleónico hasta la consolidación de los estados liberales en los albores del siglo XX. José María Imízcoz (Universidad del País Vasco), en su artículo “Las elites reformistas españolas, de la monarquía jurisdiccional al Estado liberal. Nuevos modelos de análisis”, también hace una propuesta historiográfica de gran calado para el periodo “a caballo” entre el Antiguo Régimen y el Estado liberal, invitando a un cambio de paradigma que ponga en el centro las redes de relaciones entre los agentes que impulsaron el cambio.
El capítulo de Alet Valero (Université Toulouse Jean-Jaurès) propone un ejemplo significativo de la relación entre la construcción del Estado y el campo de la ciencia (médica en este caso), bajo el título: “Médicos directores de baños en España: un ambicioso proyecto estatal (1816-1834)”. Pedro Rújula (Universidad de Zaragoza) lanza la pregunta retórica “¿Solución o traición? La segunda cámara como vía de reforma del régimen constitucional de 1812” para mostrar la crítica temprana a la Constitución de Cádiz con las propuestas de parlamento bicameral que pretendían moderar el régimen y dar voz en él a sectores que habían quedado marginados del juego político. Gérard Chastagneret (Aix-Marseille Université) traza en su texto, “Des fonctionnaires en perte de sens de l’État. Du militantisme étatique à la dérive du Corps des mines en Espagne au XIXe siècle”, el arco histórico de un cuerpo de funcionarios tan especializado como los Ingenieros de Minas, que pasaron en una sola centuria de ser instrumento del intervencionismo estatal a paladines de un liberalismo económico que exigía ser laxos en el control.
La segunda parte del libro, “Conflictos ideológicos y compromisos políticos”, la forman seis capítulos igualmente situados en el centro de las que fueron las preocupaciones historiográficas de Jean-Philippe Luis. En “España 1823: la invención del «negro liberal»”, Jordi Canal (École des Hautes Études en Sciences Sociales, París) rastrea los orígenes de la calificación de “negros” para los liberales españoles —y portugueses— mostrando la relevancia de las palabras y los colores en la movilización de símbolos que acompañó a las guerras carlistas. Gonzalo Butrón (Universidad de Cádiz) estudia la situación de los combatientes constitucionales refugiados en Cádiz después del triunfo de los Cien Mil Hijos de San Luis en “Más allá de la derrota: desarme, desmovilización y represión antiliberal en 1823”, subrayando cómo, en aquella situación extrema, fue la presencia francesa la que introdujo una cierta moderación en el trato y en la represión. Emilio La Parra (Universidad de Alicante) hace un espléndido resumen y análisis de la tesis de Jean-Philippe Luis en “Estado represor y reformismo en la última etapa del reinado de Fernando VII”. Andoni Artola (Universidad del País Vasco), en el capítulo titulado “Faire fortune par le royalisme. Mobilité et réseaux du général Francisco Longa (1783-1831)”, utiliza la figura de Francisco Tomás Anchía para arrojar luz sobre los procesos de movilidad social, la construcción del Estado y la contrarrevolución al final del Antiguo Régimen. Por su parte, Alexandre Dupont (Université de Strasbourg), en “Un engagement familial transfrontalier en Pays basque. Des marchands bayonnais face aux conflits politiques de l’Espagne libérale (1833-1876)”, sigue la exitosa trayectoria comercial de la familia Détroyat en relación con los conflictos dinásticos de la España del XIX y su proximidad al bando carlista.
La tercera parte del libro reúne otras seis aportaciones en torno a “La construcción de las identidades”. Stéphane Michonneau (Université de Lille) muestra, en “Les ruines des sièges de Saragosse, des monuments pour la postérité”, el origen de una tradición de evocación del pasado a través de las ruinas que se desarrollaría con intensidad en el siglo XX, tanto en España como en Francia y otros países de Europa. Pierre-Marie Delpu (Madrid Institute for Advanced Study / Maison Méditerranéenne des Sciences de l’Homme, Aix-en-Provence) se aproxima a la cuestión de la memoria desde la figura del mártir político, en “Martyrs politiques et communautés d’appartenance (Espagne, milieu du XIXe siècle)”, donde pone el foco sobre las raíces religiosas de la política moderna. En el capítulo titulado “La confrontation à soi dans les écrits intimes. Les carnets de voyage de María de las Nieves de Braganza (années 1870-années 1920)”, Guilhem Chauvet (Université Paris Nanterre) examina el papel de la escritura en la conformación de identidades —tanto confesionales como nacionales, políticas y de género— a través de los relatos de viajes de una pareja de príncipes carlistas. Natividad Planas (Université Clermont Auvergne) señala en su texto, “Une histoire d’archives: le Maghreb dans la construction du récit national espagnol (années 1840-1970)”, cómo la afirmación de las relaciones históricas con el norte de África desempeñó un papel crucial en la justificación de las ambiciones colonialistas y la construcción de la identidad nacional española entre mediados del siglo XIX y mediados del XX, en agudo contraste con los discursos franceses sobre el mismo tema. Rose Duroux (Université Clermont Auvergne) sigue la pista de las deportadas españolas “perdidas” entre el colectivo francés de las prisioneras del campo de Ravensbrück y las dificultades de su vuelta a la vida “normal” después de la liberación, bajo el título “Le retour des déportées espagnoles de Ravensbrück. L’aide suisse et suédoise”. Completa esta tercera parte la aportación de Vincent Flauraud (Université Clermont Auvergne) titulada “L’exil madrilène de militants ruraux catholiques argentins après le coup d’État de 1976. Entre identité hispanique et réseaux religieux transnationaux”, que muestra cómo, después de la muerte de Franco, España dejó de ser un país a evitar por los exiliados que huían de regímenes dictatoriales en América Latina, e incluso se convirtió en destino preferente para algunos de estos colectivos.
La ineludible dimensión colonial de la historia de España se aborda en la cuarta parte del libro, titulada “El gobierno a distancia”. Se abre con el artículo de Xavier Huetz de Lemps (Université Côte d’Azur), “Du gouvernement des morts dans l’empire espagnol (fin XVIIIe-fin XIXe siècle)”, que llama la atención sobre el cambio de régimen funerario impuesto en el Imperio español por las reformas borbónicas y las imprevisibles reacciones que provocó, por cuanto afectaba a costumbres y convicciones tan arraigadas como dispares, al tiempo que ponía de manifiesto la voluntad de otorgar a la Iglesia católica un papel nuevo —y menos influyente— en la vida social. François Godicheau (Université de Toulouse) cuenta, en “L’administration comme modernité et comme solution contre la politisation: le général José de la Concha à Cuba (1850-1852)”, cómo tuvo lugar en Cuba el cambio del sistema jurisdiccional del Antiguo Régimen al sistema administrativo decimonónico, erigiendo a la isla, una vez más, en un espacio de experimentación de soluciones para los gobiernos españoles. Arnaud Pierre (Université Clermont Auvergne) complementa esa visión en su artículo, “Les élites titrées cubaines sous Isabelle II. Un maintien de l’Ancien Régime?”, haciendo el balance entre los elementos de modernización presentes en la Cuba de Isabel II y aquellos otros que podríamos llamar de “pervivencia del Antiguo Régimen”, como el mantenimiento de la gran propiedad esclavista, la posibilidad de fundar mayorazgos o el poder social de la aristocracia.
Hay tres capítulos del libro que no tratan propiamente sobre España, pero que, cada uno a su manera, aportan planteamientos históricos relacionados con los enfoques que practicaron Jean-Philippe Luis y sus colaboradores. Así, en la primera parte, figura un trabajo de Pierre Bourdin (Université Clermont Auvergne) sobre “Les Conventionnels des cent derniers jours”; y en la cuarta parte, el de Karine Rance (Université Clermont Auvergne), Aurélia Vasile (CNRS-Maison des Sciences de l’Homme de Clermont-Ferrand), Léo-Paul Aubry (Université Clermont Auvergne) y Morgane Astier (Service historique de la Défense), titulado “Prototypes d’analyse d’un réseau de correspondance européen: Fauche-Borel, libraire suisse et espion au service de la contre-révolution française”; y el de Stève Bessac-Vaure (Université Clermont Auvergne), “Le Maroc à l’époque coloniale: conservatoire ou laboratoire des pratiques de maintien de l’ordre ?”.
Pueden parecer temas muy dispares los que se tratan en los capítulos de este libro, pero no lo son tanto. De hecho, avanzar en la investigación histórica requiere concentrarse sobre objetos muy concretos para poder profundizar en el análisis. El lector especializado sabrá conectarlos en una visión global, y sabrá leer en cada uno de ellos la plasmación de cuestiones generales que preocupan a la historiografía; mientras que el lector no especializado requerirá de versiones divulgativas que extraigan de estos trabajos concretos sobre objetos dispares lo esencial para componer una visión de conjunto actualizada con los resultados de la investigación y no basada en estereotipos convencionales. En todo caso, poner el foco sobre objetos de estudio aparentemente menores y dispares resulta necesario y valioso.
Por encima de la aparente diversidad de los temas tratados, el libro tiene, al menos, dos hilos conductores: por un lado, la mayor parte de sus capítulos se centran sobre las dinámicas del cambio político en la España del siglo XIX y la primera mitad del XX, de manera que podría ser este el “tema” del libro, al cual alude su título. Por otro lado, hay un estilo común que se aprecia por encima de la diversidad de trayectorias y formaciones de los autores y autoras que han contribuido a esta obra colectiva: ese estilo que, partiendo del paradigma de la complejidad —la idea de que la historia es necesariamente compleja y no se puede explicar prescindiendo de los muchos matices que requiere un relato ajustado a la realidad—, aspira a desmontar simplificaciones abusivas y, tal vez, interesadas.
Tratándose de hispanistas, esta apuesta por asumir la complejidad de la Historia, de la que Jean-Philippe Luis fue un exponente destacado, significa superar los estereotipos que en otro tiempo dominaron la escena sobre la historia y la cultura de España y del mundo hispano. Resulta de esas visiones, pues, una visión de la historia española más normalizada, en el sentido de estar más claramente inserta en la historia de Europa, del mundo mediterráneo y del mundo atlántico, participando de tendencias globales con el mismo grado de especificidad que se podría atribuir a otros países, como la propia Francia. Pero, al mismo tiempo, una historia rica y compleja, llena de matices, de equilibrios cambiantes, de paradojas y de evoluciones imprevisibles, que no se puede liquidar con un relato lineal del tipo del que frecuentemente demandan a su servicio las corrientes políticas que pretenden apropiarse del discurso histórico como herramienta para sus propios fines.
En la medida en que estas cuestiones son compartidas por cuantas personas trabajan en la investigación de la historia contemporánea de España, la frontera entre los y las hispanistas, por un lado, y las historiadoras y los historiadores españoles, por otro, queda borrada. La modernisation de l’Espagne muestra que hace ya tiempo que el hispanismo —particularmente el hispanismo historiográfico francés, muy presente en el libro— participa de las mismas tendencias, las mismas preocupaciones y las mismas contiendas que el conjunto de la profesión histórica, con independencia de la nacionalidad de los autores y las autoras o del país donde se encuentren las instituciones en las que desarrollan su trabajo.