Hispania. Revista Española de Historia 84 (277)
ISSN-L: 0018-2141, eISSN: 1988-8368
https://doi.org/10.3989/hispania.2024.028

Subrahmanyam, Sanjay. 2023. Imperios entrelazados. En los orígenes del mundo moderno. Barcelona: Edicions de la Universitat de Barcelona. 222 págs. ISBN: 978-84-9168-760-3.

 

El Journal of Global History se lanzó en el año 2006 con la determinación de “superar la fragmentación historiográfica” y contribuir a una “deconstrucción de las meta-narrativas occidentales” sobre la globalización, dando así carta de naturaleza a una corriente que buscaba ampliar horizontes historiográficos dejando atrás perspectivas estrechas y visiones de una historia desconectada o encerrada en visiones nacionales. No es sorprendente que ya en el año 2007, en el segundo volumen del JGH, Sanjay Subrahmanyam publicase uno de los textos que ahora se recogen en este volumen. Ese año fue, de hecho, especialmente prolífico para Subrahmanyam, que sumó a dicho artículo otro en American Historical Review y uno más en la Revue d’Histoire Moderne et Contemporaine. No es extraño, no obstante, para un autor que, según afirma Jorge Flores en la brillante presentación del volumen “escribe libros como nosotros escribimos artículos y escribe artículos como nosotros escribimos reseñas críticas” (p. 10). Esos tres textos forman el eje central de los siete que se recogen en el volumen, a los que se añade una introducción inédita por el autor y la mencionada presentación, todo ello en una cuidada traducción y con un muy útil índice onomástico, editado de forma impecable por la Universitat de Barcelona en la, a pesar de su corta existencia, prolífica e influyente colección Transferències, 1400-1800, dirigida por Joan-Lluís Palos y Joan-Pau Rubiés.

Es difícil eludir la influencia de Sanjay Subrahmanyam en los debates sobre la historia global en las últimas décadas, puesto que ha formado parte del movimiento que ha transformado de manera radical la historia de los imperios durante la temprana edad moderna, no solo por las respuestas a determinadas preguntas, sino precisamente por la elaboración de nuevas preguntas y la generación de nuevos marcos de interpretación para los investigadores. La obra de Subrahmanyam desde sus inicios ha ido evolucionando desde una perspectiva de historia económica más clásica durante los años 80, centrada en el Océano Índico, pero en la que ya incorporaba los impactos de los flujos comerciales globales en ese ámbito a través, por ejemplo, de las redes comerciales inter-imperiales. A partir de ahí, y como describe Jorge Flores, los trabajos de Subrahmanyam se hicieron mucho más poliédricos y globales, para transcender de manera decisiva las fronteras nacionales e imperiales y abrir el camino para su célebre campo de las historias conectadas, también incorporando la historia cultural, social, política y diplomática. El concepto historiográfico clave que vertebra el volumen es la conexión o, como se destaca en el título, “el entrelazamiento” de los imperios y las historias. Así lo acredita el propio autor en la introducción, en la que reflexiona sobre su método y emite sus objeciones a la historia comparada tradicional para formular su propuesta de historia conectada con base, en primer lugar, en la superación de “las fronteras espaciales tradicionales” ancladas en una visión teleológica y nacionalista sobre los procesos históricos. En segundo lugar, la historia conectada al estilo de Subrahmanyam abogaría por la flexibilidad de los parámetros espaciales y aprovechar al máximo “la complejidad derivada de la superposición de jurisdicciones en las estructuras políticas y culturales de la Edad Moderna” (p. 25). El aliento de fondo de este planteamiento proviene de una crítica al estructuralismo marxista que aún predominaba parcialmente en los años formativos de Subrahmanyam y también un reflejo de reacción ante los planteamientos tradicionales weberianos.

El autor pasa revista en su introducción a las diversas polémicas o discusiones que su trabajo y, principalmente, su propuesta metodológica, ha suscitado. Una de las características más notables de la producción intelectual de Subrahmanyam es su capacidad para crear marcos discursivos y nuevas vías de análisis con las que diversos autores y autoras han dialogado de manera más o menos crítica. Es destacable su colaboración con Serge Gruzinski como co-organizador de un seminario en la Escuela de Estudios Superiores en Ciencias Sociales de París durante varios años, donde se fraguó el concepto de historias conectadas, para posteriormente discrepar en torno a la perspectiva de “mundialización” que acuñó el autor francés. Por otro lado, su texto, contenido en este volumen, sobre el milenarismo en perspectiva global, también suscitó un acalorado debate en las páginas de la revista Annales entre quienes defendían una visión más particularista del fenómeno milenarista y el autor, que planteaba la “cross-fertilization” de los movimientos culturales y religiosos entre diversos imperios de la época moderna. Estas polémicas, lejos de reducirse a meras disputas académicas, han contribuido al dinamismo de la disciplina y la exposición sólida de nuevos argumentos sobre los temas expuestos. En este sentido, también la obra de Subrahmanyam, se simpatice o no con sus planteamientos, resulta proteica y un ejemplo de lo que es o debería ser una comunidad académica viva y dinámica.

El primer texto de los recogidos en el volumen plantea la creación del Estado da Índia portugués. No obstante, más allá del tema específico, el artículo funciona como una reflexión sobre la definición de imperio en la edad moderna, una preocupación que, por lo demás, recorre prácticamente todos los textos recogidos en el volumen. El autor aboga por una flexibilización del concepto de imperio, lejos de rígidas definiciones basadas en el control administrativo, la continuidad territorial o el poderío militar. Para Subrahmanyam, la estructura política, administrativa y económica portuguesa sería un imperio por derecho propio —aunque “escrito en el agua”— con adaptaciones locales de dominio discontinuo a través de sistemas de tributos o de los sistemas administrativos (p. 53). Los planteamientos propuestos en este capítulo abrirían, a su vez, la puerta a los debates sobre el concepto de poder y de dominación y sus múltiples implicaciones en la definición de los imperios modernos. En el segundo capítulo, Subrahmanyam realiza un ejercicio de estilo sobre las historias conectadas a través de un tema difícil de rastrear y sistematizar como son las ideas sobre el milenarismo en los imperios modernos, trascendiendo una mirada eurocéntrica —y tachada como anacrónica por el autor (p. 91)— que arrancó en la década de 1950. Para ello analiza textos y contextos de los siglos XVI en los imperios portugués, otomano y mogol y explica que los movimientos sociales y religiosos fueron tan importantes o más para las expansiones imperiales que los objetivos exclusivamente materialistas. Reaccionando a la polémica suscitada por la primera versión de este texto a la que hacíamos referencia más arriba, Subrahmanyam aboga por una historia global que no sea mera síntesis de los conocimientos asentados en historiografías de área, sino una oportunidad para “replantearse lo que se consideran hechos probados” de cada historiografía (p. 92).

El tercer y el cuarto capítulo hacen referencia a los imperios ibéricos de manera directa. En el tercero se afronta una historia comparada de los imperios mogol, otomano y Habsburgo, con la voluntad explícita de valorar por qué estas tres entidades no se han incluido “en la historia feliz de la modernidad” y se han visto como perdedores en el siglo XVIII ante el “segundo imperio británico” (p. 96). A pesar de sus múltiples diferencias, sustanciadas por ejemplo en las distintas vías de tolerancia religiosa o la diversa integración de las élites que aplicaron las tres estructuras imperiales, Subrahmanyam encuentra vías de explicación sobre su exclusión de la carrera de la modernidad, principalmente en los resultados diversos de su desintegración y la fragmentación —en el caso Habsburgo y Otomano— o no —en el caso Mogol— de sus territorios en diferentes estados. Para analizar esta divergencia en la “decadencia” de los tres imperios, Subrahmanyam aborda un arduo ejercicio comparativo de la gestión de la diversidad territorial, los diversos grados de tolerancia religiosa y las dinámicas económicas. Las conclusiones son, igualmente, complejas, puesto que obviamente no hay una causa única que simplifique la respuesta sino una panoplia de datos y explicaciones, entre ellas la confluencia de diversas narrativas, tanto contemporáneas a los hechos como más recientes, internas y externas a los propios imperios, que contribuyeron a generar una percepción de decadencia que prácticamente persiste hasta la actualidad.

El cuarto texto del volumen es, probablemente, el que más influencia ha podido tener entre los lectores ibéricos recientes de Subrahmanyam. En “Sostener el peso de todo el mundo” trata de responder a la aparentemente sencilla pregunta “¿se pasa sin mayores dificultades de una «monarquía compuesta» a un «imperio compuesto»?” (p. 122). Para ello, el auto comienza emitiendo una crítica hacia la “incomunicación historiográfica” de los estudiosos de los imperios ibéricos, más preocupados por los contrastes que por las conexiones. Es importante subrayar, en todo caso, que, en los estudios sobre la península ibérica, y especialmente en la historia política, institucional y la historia del derecho, no habría existido esa incomunicación que apreciaba Subrahmanyam en los trabajos sobre los imperios. Como muestra se puede destacar la larga y sostenida influencia de los estudios A. M. Hespanha entre los historiadores e historiadoras españoles y dedicados a la historia de la Monarquía Hispánica. En todo caso, publicado el artículo en 2007, los historiadores del mundo ibérico han tenido tiempo de corregir esta falta, puesto que en los últimos años han proliferado los estudios conjuntos sobre los imperios ibéricos. Entre los más notables, podemos destacar, el volumen The Iberian World, 1450-1820, editado por Pedro Cardim, Fernando Bouza y Antonio Feros en 2019; la obra de Federico Palomo, Angela Barreto Xavier y Robert Schumpt, Monarquias ibéricas en perspectiva comparada (seculos XVI-XVIII) editada en 2017; o la realizada por Bartolomé Yun, Iberian World Empires and the globalization of Europe, 1415-1668, de 2019). Uno de los principales argumentos del texto sostiene que, no solo durante la unión ibérica, pero también antes y después las monarquías portuguesa y castellana tuvieron mucho más en común, por ejemplo, las soluciones institucionales, la gestión de los asientos comerciales, etc., de lo que se habría pensado previamente.

La idea central del quinto artículo recogido en la colección —y que es central en la historiografía de Subrahmanyam en general— es un alegato contra el eurocentrismo y la teleología. Los historiadores modernos tendrían más información que los actores de la época, pero al mismo tiempo les faltarían datos esenciales del contexto. Así, a menudo los análisis históricos no afinan en las causas reales de los procesos estudiados a raíz de lo que el autor llama “un equilibrio de la ignorancia”; ante esta constatación, el historiador debe ser suficientemente humilde para reconocer sus propias limitaciones y, a menudo y a la manera de Natalie Zemon Davis, escribir la historia “en subjuntivo” (o, podríamos añadir, en condicional). El sexto de los textos es seguramente uno de los más conocidos del autor. Se trata de una reflexión crítica sobre los planteamientos de Zvetan Todorov sobre la imposibilidad de la comunicación entre conquistadores y conquistados durante la conquista de México en el siglo XVI. El argumento de Subrahmanyam —aunque con matices que eviten plantear una visión excesivamente relativista que niegue la violencia de la colonización (p. 178)— es que los imperios no “navegan el mar tenebroso de la inconmensurabilidad” (p. 187) gracias a una serie de mecanismos culturales (mestizajes, hibridaciones), acciones individuales (intermediarios culturales) y adaptaciones diversas (como la descrita sobre el significado de la guerra), que permiten comunicaciones más o menos fluidas entre diferentes entidades culturales. El último texto es un trabajo de historia cultural y una llamada de atención, de nuevo, sobre cierto eurocentrismo en el análisis de los encuentros culturales durante la edad moderna. El texto explora la visión que desde India se emitía sobre los francos —es decir, los europeos— del siglo XVI y permite descubrir las múltiples capas que se esconden bajo el concepto de barbarie y también sobre la retórica del asombro que, reconocible para los europeos descubriendo el resto del mundo en la edad moderna, existió también en el camino inverso.

La obra de Subrahmanyam —y las múltiples polémicas y debates que ha suscitado— nos previene frente a los planteamientos teleológicos que tradicionalmente han recorrido los principales debates sobre el proceso de la modernización. Para ello, a través de las historias conectadas propone, en palabras de Flores, “superar realmente las configuraciones nacionales y las barreras continentales en el análisis histórico” (p. 13) con las que construir un mundo más complejo, alejado de compartimentos estancos y con múltiples conexiones. Con la publicación de algunos de los textos más influyentes de Subrahmanyam el mercado editorial en español cubre una carencia que era necesario subsanar y que sigue la senda marcada por Portugal en 2012 e Italia en 2014. Los lectores de este volumen en castellano, independientemente de su tema concreto de estudio, podrán acercarse a una forma de pensamiento historiográfico que permite repensar nuestros marcos analíticos tradicionales, mover los límites de nuestros objetos de estudios y corregir determinadas visiones que sugieren un excepcionalismo —ya sea triunfalista o su opuesto— ibérico o castellano dentro de la historia de los imperios de la edad moderna.