INTRODUCCIÓN
⌅La sociedad de finales de la Edad Media experimentó cambios que se prolongaron a lo largo del siglo XVI. Estos cambios se ponen de manifiesto en diferentes aspectos como los gustos materiales y las consiguientes pautas de consumo ligadas a los mismos1
Se trata de cuestiones sobre las que todavía no sabemos mucho por lo que respecta al ámbito de la Corona de Castilla y al periodo cronológico propuesto, y que pretendemos abordar en este estudio sobre el caso concreto riojano. La propuesta no deja de ser un punto de partida que nos permita valorar las posibilidades que nos ofrecen determinadas fuentes documentales para abordar algunas de las cuestiones señaladas, sobre todo las que tienen que ver con los niveles de vida y pautas de consumo. Trataremos de comprobar, entre otras cuestiones, el papel que la importación de tejidos y diversos productos manufacturados adaptados a las nuevas demandas de fines de la Edad Media e inicios de la Moderna tuvo para los hombres de negocios riojanos, así como para sus convecinos y clientes. Una parte de estos productos, como veremos, procedía del área de Flandes, hacia donde los mercaderes riojanos exportaban lana riojana, camerana y soriana. Estos mismos mercaderes eran asimismo los encargados de proveer en sus tiendas a los vecinos que tenían el suficiente poder adquisitivo como para participar de esta demanda de productos nuevos y de mayor calidad.
Para el análisis propuesto se ha escogido esencialmente documentación procedente de protocolos notariales: inventarios post mortem, particiones de bienes, establecimiento de dotes y mandas testamentarias, así como documentación diversa contenida en diferentes documentos notariales4
Nuestro interés se centrará, en esta ocasión, en las mejor documentadas élites urbanas, mercaderes, hombres de negocios y de armas, en su mayoría, que complementaremos con algunos representantes acomodados del clero urbano5
| Fecha | Tipo de documento | Titulares | Localización |
|---|---|---|---|
| 1468 | Partición de bienes | Lope Sánchez de Ocio, hidalgo, y su esposa, vecinos de Santo Domingo de la Calzada | Archivo Catedral de Santo Domingo de la Calzada, La Rioja (ACSDC), Chacón-Múgica, 10/1/E |
| 1477 | Testamento | Juana García, vecina de Santo Domingo de la Calzada | ACSDC (editado por López de Silanes y Sainz Ripa 1992López de Silanes, Ciriaco y EliseoSainz Ripa. 1992. Colección diplomática calceatense. Archivo Catedral (1451-1499) y Archivo del Hospital (1431-1497). Logroño: Instituto de Estudios Riojanos., 204-209) |
| 1479 | Testamento | Juan Fernández de Munilla, deán de Calahorra | Archivo Catedral de Calahorra (ACC, editado por Sainz Ripa y Ortega López 2004Sainz Ripa, Eliseo y ÁngelOrtega López. 2004. Documentación calagurritana del siglo XV. Archivo Catedral, Logroño: Instituto de Estudios Riojanos., 415-423) |
| 1489 | Inventario de bienes muebles | Juan Jiménez de Enciso, deán de Calahorra | ACC (editado por Sainz Ripa y Ortega López 2004Sainz Ripa, Eliseo y ÁngelOrtega López. 2004. Documentación calagurritana del siglo XV. Archivo Catedral, Logroño: Instituto de Estudios Riojanos., 665-667) |
| 1492 | Inventario de bienes | Catalina Sánchez, vecina de Santo Domingo de la Calzada | ACSDC (editado por López de Silanes y Sainz Ripa 1992López de Silanes, Ciriaco y EliseoSainz Ripa. 1992. Colección diplomática calceatense. Archivo Catedral (1451-1499) y Archivo del Hospital (1431-1497). Logroño: Instituto de Estudios Riojanos., 227-230) |
| 1499 | Inventario de bienes | Pedro Jiménez de Enciso, arcediano de Logroño | Archivo Histórico Diocesano de Logroño (AHDL, editado por Sainz Ripa 1983Sainz Ripa, Eliseo. 1983. Colección Diplomática de las colegiatas de Albelda y Logroño (Tomo II: Siglo XV). Logroño: Instituto de Estudios Riojanos., 393-397) |
| c. 1500 | Inventario de bienes | María Sáenz de Áriz, viuda del doctor Alonso Martínez de Nájera, vecinos de Nájera | Archivo de la Real Chancillería de Valladolid (ARChV), Registro de ejecutorias, 1433.16 |
| 1506 | Inventario de bienes /dote de su esposa | Bachiller Juan Jiménez de la Torre/Juana de Castro, vecinos de Logroño | ARChV, Pleitos civiles, Pérez Alonso, 654.4 |
| 1520 | Inventario de bienes | Martín de Arriaga, mercader, vecino de Logroño | ARChV, Pleitos civiles, Fernando Alonso, 1282.3 |
| 1527 1529 | Testamento e inventario de bienes | Juan Ruiz de Gauna, mercader vecino de Logroño | Archivo Histórico Provincial de La Rioja, Logroño (AHPLR), Judiciales, 927.7 |
| 1529 | Inventario de bienes | Juan de Ocio, mercader vecino de Santo Domingo de la Calzada | ARChV, Pleitos civiles, Fernando Alonso (D), 85-1/86-1 |
| 1531 | Inventario y almoneda de bienes | Pedro de Zaldívar, vecino de Logroño | AHDL, Santa María de la Redonda, 1524-1532.111-199. |
| 1532 | Dote | Isabel de Porres, hija de Francisco de Porres y esposa de Bernardino de San Pedro, vecinos de Logroño | AHPLR, Protocolos notariales, Cristóbal Rodríguez, 471 |
| 1535 | Dote | Isabel de Bazán, esposa de Juan de Mendizábal, vecinos de Logroño | AHPLR, Protocolos notariales, Fco. López de Salvatierra, 476/2 |
| 1538 | Dote | María de Soria, vecina de Logroño | AHPLR, Protocolos notariales, Cristóbal Rodríguez, 474 |
| 1549 | Testamento | Isabel de Enciso, vecina de Logroño | AHPLR, Protocolos notariales, Lope de Villoslada, 478 (1) |
| 1553 | Testamento e inventario de bienes | Juan Bautista de Ocio/Mari Ortega de Ayala, vecinos de Santo Domingo | Archivo Histórico Provincial de Álava (AHPA), Ocio-Salazar, 21699 |
| 1554 | Inventario y partición de bienes | Francisca Ruiz de Olalla, viuda de Antonio de Ocio, vecinos de Treviana | AHPA, Ocio-Salazar, 33357 |
| 1556 | Inventario de bienes | Catalina López de Nuncibai, vecina de Logroño | AHPLR, Protocolos notariales, Juan de Castro, 483/1/3 |
| 1556 | Inventario de bienes | Hernán Vázquez, contador, vecino de Logroño | AHPLR, Protocolos notariales, Juan de Castro, 483/1/3 |
| 1559 | Inventario de bienes | Hernando de Carrión, vecino de Logroño | AHPLR, Protocolos notariales, Juan de Castro, 483/1/3 |
| 1559 | Inventario de bienes | Juan de Año, vecino de Logroño | AHPLR, notariales, Juan de Castro, 484/1/4 |
| 1562 | Inventario y almoneda de bienes | Baltasar de Villoslada, deán de Logroño | AHPLR, Protocolos notariales, Juan de Castro, 485/1 |
| 1567 | Inventario de bienes traídos desde Flandes a su casa de Logroño | Francisco de Soria Villoslada, mercader vecino de Logroño | AHPLR, Protocolos notariales, Pedro Cabezón Dicastillo, 521/2 |
| 1568 | Inventario de bienes | Alonso de León, vecino de Logroño | AHPLR, Protocolos notariales, Pedro de Medina, 493/2 |
| 1571 | Inventario de bienes | Francisco López de Mendoza, vecino de Logroño | AHPLR, Protocolos notariales, Bernardino Rodríguez, 503/1 |
LAS POSESIONES DE LAS ÉLITES URBANAS: ENTRE LA INVERSIÓN Y LA OSTENTACIÓN
⌅Diversos estudios ponen de manifiesto que fueron las élites urbanas europeas de fines de la Edad Media las que se interesaron en primer lugar por un consumo más diversificado y orientado al lujo y a la ostentación6
La riqueza era evidentemente un elemento que caracterizaba a estas familias, aunque los patrimonios de las mismas variaron también de forma considerable. Así se puede comprobar en el caso de las propiedades inmuebles en las que fueron invirtiendo hasta conformar patrimonios de diferente entidad, pues entre ellos también había diferencias. Por ejemplo, en relación con las propiedades rústicas tasadas, las diferencias son evidentes entre un escribano acomodado como Antón Cordero, cuyo patrimonio rústico en 1546 no alcanzaba los 250.000 maravedíes, y el doctor Alonso Martínez de Nájera, cuyas heredades tasadas poco después de su muerte —hacia 1500— estaban valoradas en cerca de 2.500.000 maravedíes10
Fuente: inventarios de bienes referenciados en tabla 1.
Las diferencias económicas entre miembros de la élite quedan corroboradas asimismo por algunas informaciones complementarias que poseemos, por ejemplo, sobre la constitución de dotes en Logroño. En efecto, si la dote instituida en 1508 por Juan Ruiz de Gauna para el matrimonio de su sobrina, Catalina de Mena, con Martín de Arriaga, fue de 150.000 maravedíes en ajuar y en dineros contados, algunos años antes, en 1498, el mercader Fernando de Castro había aportado una dote de 280.000 maravedíes para el matrimonio de su hija, Juana de Castro, con el bachiller Juan Jiménez de la Torre. Ambas dotes, sin embargo, estaban por debajo de las aportadas por otras familias más ricas de la élite logroñesa en la primera mitad del siglo XVI. En efecto, en 1535, Hernando de Bazán aportó 412.500 maravedíes de dote al matrimonio de su hija, Isabel, con el hidalgo, Juan de Mendizábal12
Dos años después, en 1534, el mismo señor de Agoncillo, Francisco de Porres, entregó una dote de 1.075.000 maravedíes para el matrimonio de otra de sus hijas, Leonor, con el vecino de Pamplona, Miguel de Goñi15
Las casas y, sobre todo, los bienes que estas contienen y que se reflejan en los inventarios conservados muestran la riqueza y posición social de esas familias elitistas, así como determinadas pautas de consumo ligadas a un gusto cada vez más evidente por el lujo que comparten con otras élites europeas, aunque en el ámbito riojano esto solo sea apreciable desde finales del siglo XV18
Fuente: Archivo Histórico Provincial de La Rioja, Logroño (AHPLR), Judiciales, 927.7.
En segundo lugar, algunos años más adelante (1553), el inventario tasado de los bienes comunes adquiridos por el matrimonio conformado por Juan Bautista de Ocio y Mari Ortega de Ayala, pone nuevamente de manifiesto el papel fundamental de los tejidos adquiridos para mantelería, ropa de cama, decoración de suelo y paredes, así como vestidos, que suponían 37.755 maravedíes21
Ya en la segunda mitad del siglo XVI (1562Casado Alonso, Hilario. 2007. “Comercio textil, crédito al consumo y ventas al fiado en las ferias de Medina del Campo en la primera mitad del siglo XVI”. En Historia de la propiedad. Crédito y garantía, editado por Salustianode Dios, JavierInfante, RicardoRobledo y EugeniaTorijano, 129-159. Madrid: Fundación Registral.), el inventario y posterior almoneda de bienes muebles del deán logroñés, Baltasar de Villoslada, confirma el peso fundamental de la valoración monetaria de los textiles de su casa (un 54,8 % del valor global de venta), destacando la ropa de cama (37,2 %), seguida a bastante distancia de la mantelería y el vestido (con un 6,8 % cada uno) y de los tejidos de decoración de suelos y paredes (3,9 %). La plata ocupaba el 19,1 %, los muebles el 13,1 % y el menaje el 7,5 %, mientras otros objetos, entre los que se incluían libros y armas, solo alcanzaban el 5,3 % del total.
La jerarquía de los sectores elitistas también se reflejaba en el tamaño y la distribución de sus casas, algunas de las cuales fueron construidas por la élite en la primera mitad del siglo XVI, tal y como sucedió en el caso de la vivienda del contador, Juan de Enciso, situada anexa al convento de Madre de Dios que él mismo fundara en Logroño22
De la misma forma, son frecuentes en los inventarios materiales de obras y de construcción que se debían de almacenar para la reparación y el mantenimiento de las viviendas, y que en el caso del mercader Juan de Ocio se tasaban en 27.754 maravedíes. Los inventarios especifican algunos de estos objetos. En efecto, en 1506, en la casa de Logroño del bachiller Juan Jiménez de la Torre se inventariaban 350 ladrillos, 2.000 tablas de roble “de las de Lumbreras”, 40 tablas de pino, 66 maderas de roble y haya, así como 107 cabrios de marco de haya25
En cualquier caso, antes de centrarnos en el contenido de las diferentes estancias de las viviendas, conviene fijarse en las bodegas (tabla 4), reseñadas en la práctica totalidad de los inventarios estudiados, y que contenían desde los más voluminosos tinos y cubos, hasta cubas y cubillas con diferentes volúmenes de cabida, así como instrumentos para la medición y venta de vino (cántaras, cocinas, tazas, gamellas, envasadores, etc.)28
Fuente: inventarios de bienes referenciados en tabla 1.
Ahora bien, eran los objetos de decoración y el mayor número de muebles lo que diferenciaba en gran medida a las casas de una élite que consumía cada vez más este tipo de productos que realzaban sus viviendas. En efecto, desde fines del siglo XV, en las cámaras, recámaras o salas de las casas de Juan Jiménez de Enciso, Lope Sánchez de Ocio, Juan Jiménez de la Torre, Juan Ruiz de Gauna, Martín de Arriaga, Alonso Martínez de Nájera, Pedro de Zaldívar, Juan Bautista de Ocio, Hernán Vázquez o Francisca Ruiz de Olalla, se inventariaban paños de pared y de suelo de diferentes tamaños, colores y decoraciones. Estos podían ser de verduras, figuras o un salvaje, tal y como se señala en la casa de Juan Ruiz de Gauna. De la misma forma se inventariaban delante ventanas y antepuertas con decoraciones de figuras, verduras, ondas y cuadros. Los inventarios contenían asimismo reposteros decorados, con verduras, escudos de armas, letras, arboledas, animales, y en algunos con denominación de origen (Salamanca). Eran asimismo abundantes los guadamecíes, paramentos blancos y de colores (rojos, verdes y amarillos), y de materiales como el lienzo o la sarga, las sobremesas de colores y decoradas con verduras, los receles, las alfombras (algunas de Salamanca y Toro) y los bancales (algunos de Salamanca y también de Flandes decorados con pelícanos). Desde finales del siglo XV ya se registran objetos domésticos procedentes de Flandes en los inventarios de Lope Sánchez de Ocio, del deán calagurritano Juan Jiménez de Enciso, o de la vecina calceatense, Juana García. En el primero de los casos ollas, candelabros, colchas y telas para poyos. En el segundo de los casos, muebles: arcas y arca mesas. En el tercero de los casos, paños (de Reims), vestidos o una gorguera procedente de Yprés. Su consumo, constatado ya desde el siglo XIV en otros ámbitos territoriales, no hizo sino incrementarse a lo largo de los siglos XV y XVI29
De la misma forma se registraban espejos, cubiertas de silla de materiales como el terciopelo, o pinturas, como las cuatro que poseía Lope Sánchez de Ocio en su casa de Santo Domingo de la Calzada, según su inventario de 1468, lo que pone de manifiesto que las élites riojanas también participaban del gusto por poseer ciertos objetos artísticos30
El colorido era nota distintiva de los objetos decorativos de estas casas, tal y como se pone de manifiesto en la vivienda de la villa de Treviana de Francisca Ruiz de Olalla, viuda de Antonio de Ocio, según el inventario de 1554. En su casa se inventariaban, entre otros bienes, una alfombra grande azul y anaranjada, y otra azul y blanca, una sobremesa amarilla, roja y azul, y otra amarilla y roja. Se señalaba además un tablero amarillo y rojo, junto a un repostero con un escudo de bandas amarillas, azules y rojas. Todo ello valorado en 5.651 maravedíes34
Entre los muebles de las familias más acomodadas sobresalían las arcas (algunas ensayaladas o cubiertas con paños de colores), de diversos tamaños y confeccionadas con diversos materiales: pino, roble, castaño, nogal, haya, siendo muy frecuentes en Logroño las de Castroviejo, y en menor medida las de Castrojeriz. Esta cultura del mueble se completaba con un gran número de cofres grandes y pequeños, lisos o barrados, como los tres de procedencia flamenca que Isabel de Enciso legó a sus hijas en su testamento redactado en 154935
En efecto, entre las posesiones de esas familias se encontraban diversos pares y tablas de manteles (alemaniscos, de grano de cebada, etc.), mantelejos y paños de mesa, de materiales como la estopa, lino, lienzo, estopilla y cáñamo. Los más finos también podían tener denominación de origen, de Venecia, como los que poseía Francisco de Soria Villoslada, aunque destacaban, sobre todo, los de Flandes, como los cinco pares de manteles de lienzo alemanisco y 12 paños de mesa de Flandes que poseía en su casa de Logroño, el bachiller Juan Jiménez de la Torre. De los Países Bajos procedía también una parte de la ropa de cama de la casa del referido bachiller, concretamente una manta y dos almohadas de Flandes, y cuatro almohadas de Holanda, según el inventario de sus casas de Logroño y Lagunilla efectuado en 1506.
En cualquier caso, sobresalía igualmente la mayor abundancia de sábanas, almohadas, cozneos, fundas, lenzuelos y almucelas, de lino y de lienzo en general (a veces vizcaíno), pero también de seda en algún caso. Por ejemplo, entre las cuatro colchas inventariadas en la casa de la viuda del bachiller Alonso Martínez de Nájera hacia 1500, una era de Holanda y otra de seda morisca, mientras en la casa del logroñés, Juan de Año, se inventariaban en 1559 tres almohadas labradas de seda negra y una de seda colorada37
El desarrollo del comercio textil, bien constatado en los reinos hispánicos peninsulares desde la Baja Edad Media, permitía poner a disposición de las familias elitistas riojanas los tejidos de moda y de mayor calidad43
Los objetos corrientes de cocina, menaje y uso doméstico no diferían mucho, por el contrario, de los que estaban presentes en las casas de otros miembros menos acomodados de la sociedad; si bien, solían ser de mayor calidad, incluyéndose, junto a la madera y la cerámica, materiales como el estaño, el peltre, la plata o la cerámica fina con denominación de origen (platos y platillos de Málaga-Màlica), que en realidad eran platos realizados por artesanos valencianos de Manises, que siguiendo la tradición de los ceramistas nazaríes del reino de Granada, se habían especializado de la realización de ese tipo de cerámica dorada, siendo conocidos como maestros de la obra de Màlica46
EL LUJO Y LA DISTINCIÓN PERSONAL
⌅La distinción y la exclusividad de los bienes de estos representantes de la élite, se ponía de manifiesto de forma personal en la posesión de joyas y ropajes diversos, que les distinguían del resto de los vecinos de las ciudades y villas. En relación con la plata, oro y joyas, su volumen y valor es variado en el caso de las familias documentadas de Logroño, Santo Domingo de la Calzada y Treviana, pues desconocemos el inventario completo de los bienes muebles de la viuda del doctor Alonso Martínez de Nájera, la hidalga María Sáenz de Áriz, cuyo nivel de fortuna era importante a fines de la Edad Media. En los inventarios conservados se señalan jarros, tazones, copas y copas imperiales, saleros, azucareros, pimenteros, platos, escudillas, porcelanas, calderitas para agua bendita, candeleros, avellanas de Indias y cucharas de plata (14 poseía el mercader Juan Ruiz de Gauna en 1529). También se señalan cintas de plata y oro, sortijas (algunas con piedras preciosas, tales como rubíes, turquesas o el pequeño diamante que poseía Juan Ruiz de Gauna), además de perlas, cadenas, anillos y collares de oro, joyeles, botones, estampas y puntas de oro, crucifijos de oro, rosarios de oro, cristal y azabache, corales o alguna cuenta de Calcedonia. La tasación de las joyas contenidas en los bienes gananciales de Juan Bautista de Ocio y Mari Ortega de Ayala en 1553, por ejemplo, llegaba a unos 8.000 maravedíes, mientras que las joyas vendidas en la almoneda de los bienes de Pedro de Zaldívar, alcanzaron un valor de 5.117,5 maravedíes. Resulta interesante comprobar asimismo que las joyas vendidas en esa almoneda de bienes de segunda mano efectuada en 1531, fueron adquiridas por la esposa del rico mercader Juan de Sesma, lo que pone de manifiesto que no solo los sectores menos pudientes de la sociedad urbana riojana participaron del mercado de productos de segunda mano, sobre todo en lo relacionado con los productos de lujo48
Desde luego la cantidad de oro y plata variaba de acuerdo con la riqueza acumulada, que era reseñable en algunos ejemplos documentados en la segunda mitad del siglo XVI. Son los casos de la plata inventariada en la casa del contador Hernán Vázquez49
La mayor variedad, calidad y volumen de prendas se ponía asimismo de manifiesto en las vestimentas, tanto masculinas, donde sobresalían las prendas de Francisco de Soria Villoslada contenidas en sus cofres números 5, 6, 7 y 8, como los ropajes y aderezos femeninos. En los cofres números 5 y 6 del citado mercader, por ejemplo, se inventariaban, entre otras prendas, un sayo de bayeta forrado en tafetán negro, unas calzas de gamuza verde al nuevo modo guarnecidas de terciopelo verde, un jubón de telilla de seda y plata falsa, unas calzas de terciopelo negro con trencillas y medias de paño o un jubón de raso colorado picado con pasamanos de oro. Se señalaba asimismo una ropa de paño azul con pasamanos amarillos y negros, una gorra de terciopelo con plumas blancas, un capote de damasco negro guarnecido de terciopelo, una casaca de terciopelo negro toda picada y guarnecida, o dos pares de zapatos de terciopelo negro. Entre los colores de las prendas de vestir se sigue apreciando el verde, el rojo y el azul, aunque gana el negro como símbolo de distinción, de acuerdo con las pautas de la moda europea más refinada que hundían sus raíces en los siglos bajomedievales51
Si nos atenemos a la cantidad de algunas prendas, esta también era considerable. Así, en los cofres del mercader Francisco de Soria Villoslada se registraban 18 jubones, 14 pares de calzas, 9 sayos, 13 camisas, 6 capas, 7 pares de zapatos, 6 sombreros o 5 gorras, entre otros ropajes, calzado y prendas para cubrir la cabeza52
Como en otras latitudes, los cambios y gustos en la moda también se ponían de relieve en las vestimentas femeninas54
También se inventariaban diferentes briales (de Ruan o de grana) entre los bienes contenidos en la casa de Martín de Arriaga, y que debían de pertenecer a su segunda esposa, Juana de la Torre. Se señalaban asimismo mantos, capas (una lombarda) y una loba de chamelote según el inventario de 1506. El calzado estaba representado por unos marroquines y unos coloridos borceguíes anaranjados56
Fuente: AHPLR, Judiciales, 927.7.
La variedad en el consumo de textiles, constatada en otros territorios peninsulares desde fines de la Edad Media59
Los inventarios conservados ponen de manifiesto asimismo un evidente consumo de armas como muestra de distinción y estatus, pero también como medio de vida en el caso de algunos miembros de la pequeña nobleza. Desde luego las armas constituían una parte integrante del patrimonio mueble de la mayoría de los miembros de la élite, incluidos los mercaderes y hombres de negocios documentados en la primera mitad del siglo XVI61
Ahora bien, entre todos destacaba especialmente el mercader Francisco de Soria Villoslada, tal y como se señala en 1567 entre los bienes almacenados en los diferentes cofres que fueron transportados ese año desde Flandes, donde residía, hasta su casa principal de Logroño. En el cofre número 10 se guardaban una espada daga con su talabarte de terciopelo negro con guarnición plateada y otra espada dorada con vaina de terciopelo negro, mientras en el cofre 11 se almacenaban dos guarniciones de espadas doradas, cinco conteras de espadas doradas, tres pomos de espada de hilo de oro, dos dagas y un broquel grande de Inglaterra. Pero destacaban, sobre todo, las armas defensivas contenidas en los cofres 14 y 15, que incluían piezas para justa y para guerra de pie y a caballo. Concretamente se inventariaban, entre otras, una gola, un peto y espaldar con sus leoncillas para quitar y poner, unas escarcelas largas de justa, una celada de justa, un par de brazales, un par de guanteletes con dedos, un guantelete grande de justa, dos testeras de caballos, dos sillas de armas, la una a la manera española de justa y la otra de guerra. Y el inventario continuaba con una celada borgoñona para la guerra y torneo de a pie, un par de guardabrazos para la guerra y combate de pie, una gola, peto y espaldar a prueba de arcabuz, además de cuatro cascos. Estas armas y otras más que se enumeran en los dos cofres señalados, se encontraban guarnecidas de cuero y clavazón dorada, y guardadas en sus respectivas fundas de paño verde. Por fin, las armas de fuego se almacenaban en la sala superior de su casa de Logroño, señalándose concretamente 4 arcabuces grandes en sus fundas y cada uno con su frasco y llave, además de otros 3 arcabucejos también en sus fundas con sus frascos y llaves62
La posesión de libros en los inventarios refleja, por fin, el peso creciente que el interés por la cultura y la educación tenía para las familias de la élite, pues una buena preparación intelectual podía favorecer un mejor posicionamiento en la jerarquía económica y social de las ciudades y de las villas63
Tampoco estaban ausentes las obras de Erasmo de Rotterdam, como el Quirion (Enchiridion Militis Christiani) que poseía el clérigo Diego de la Haya65
Las nueve cartas geográficas inventariadas asimismo en su casa de Logroño, debían estar relacionadas, por lo demás, con sus actividades profesionales de gestión como factor y hombre de negocios a nivel internacional que viajaba con frecuencia por Europa con objetivos comerciales. Me refiero concretamente a la carta general “que es la description de Europa”, la carta náutica o de marear de Europa y la carta mapamundi, junto a las cartas particulares de Inglaterra, Italia, Francia, España, Alemania y Flandes, todas ellas reseñadas en el inventario de 1567.
A MODO DE CONCLUSIÓN
⌅La riqueza y el nivel de vida de las familias elitistas de las ciudades y villas riojanas quedan puestas de manifiesto a través de los inventarios de bienes muebles y raíces conservados en diversos protocolos notariales. Aunque con niveles de fortuna variados, las actividades y negocios de estas familias les permitieron conformar un patrimonio inmueble que es posible constatar a través de las posesiones (viviendas, bodegas, tierras, tiendas, mesones, molinos, etc.) que fueron acumulando en la transición entre la Edad Media y la Moderna. Los objetos contenidos en sus inventarios son, además, fiel reflejo de sus gustos por un refinamiento material y por el consumo de productos de lujo cada vez más diversificados.
En efecto, los inventarios estudiados han permitido acercarnos a la cultura material, a ciertas pautas de consumo y a los niveles de vida de varias familias de las élites sociales de las ciudades y villas riojanas entre los siglos XV y XVI. Bien es cierto que se trata de documentación desigualmente repartida entre ambas centurias, lo que, por el momento, no permite ir muy lejos en relación con los orígenes de los cambios en las pautas del consumo entre los sectores sociales más acomodados de las ciudades y villas riojanas. Es cierto que los cambios son ya evidentes en la documentación analizada, en una época de importante crecimiento económico y demográfico. Ahora bien, como sucede en general con la documentación notarial castellana, su carácter tardío impide poder constatar de forma fehaciente los inicios del cambio, tal y como ocurre en territorios de la Corona de Aragón o en otras áreas europeas desde, por lo menos, la centuria del trescientos.
Es únicamente a partir de la documentación conservada en la segunda mitad del siglo XV, cuando se pueden constatar los gustos más refinados de las élites riojanas en sus viviendas, tal y como se desprende de la partición de bienes realizada por Lope Sánchez de Ocio y su esposa en 1468. Y la información no hace sino crecer a partir de los primeros años del siglo XVI y a lo largo de esta centuria, momento en el que los inventarios crecen de forma clara en cantidad y calidad de sus objetos. El número y calidad de muebles, ropa de cama, mantelería, objetos decorativos o prendas de vestir es bastante más abundante en estos últimos inventarios a medida que avanza el siglo XVI. Así sucede también en el caso de objetos procedentes de Flandes, de algunas joyas y plata, además de armas, libros u obras de arte que eran facilitados por los mercaderes riojanos y sus redes comerciales, y que asimismo se podían adquirir en las ferias, mercados, tiendas o almonedas de bienes de segunda mano de las ciudades y villas riojanas.
En definitiva, los inventarios analizados ponen de manifiesto un gusto creciente de las élites riojanas por un consumo de productos más refinados y abundantes con los que decorar y hacer más cómodas y elegantes sus viviendas. Se trata de un incremento del consumo vinculado a las nuevas modas, pero también a unas mayores posibilidades económicas y de acceso a los mercados de esos productos especiales, en consonancia con lo observado en otras áreas europeas. Se advierte asimismo el destacado peso de los productos textiles, tanto en número como en variedad, y que se plasma en una cada vez más abundante y lujosa mantelería, ropa de cama, decoración de las viviendas, ropajes y vestidos, tal y como se desprende de la tabla 6. Estos productos textiles compartían espacio con otros objetos procedentes asimismo de mercados nacionales y extranjeros desde fines del siglo XV. Sobre todo, de Flandes, siguiendo un modelo de consumo compartido otras áreas peninsulares y europeas, aunque en el caso riojano quede reflejado en la documentación de forma algo más tardía.